Sábado 23 de octubre de 2021

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Martires: Un grito de esperanza y compromiso valiente

Homilía de monseñor Dante Gustavo Braida, obispo de La Rioja, en fiesta de los Beatos Mártires riojanos (Capilla San Martín de Porres -Parroquia Señor del Milagro- 17 de julio de 2021)

Ap 12,10-12

“Los elegí para que vayan y den frutos…
y frutos duraderos” (cf Jn 15, 15-21)

Queridos hermanos y hermanas:

1. Con alegría y mucha esperanza recordamos y celebramos hoy la FIESTA DE NUESTROS QUERIDOS BEATOS MÁRTIRES: Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville, Wenceslao Pedernera y Enrique Angelelli. Estamos unidos a tantas comunidades que hoy también los celebran y buscan seguir las
huellas que ellos nos dejaron como guía segura para vivir el Evangelio en esta tierra riojana, argentina y latinoamericana. Huellas de una espiritualidad centrada en Jesucristo y encarnada en la realidad concreta de cada comunidad, huellas de búsqueda de un mundo más justo, inclusivo y fraterno, huellas de valentía para alentar nueva iniciativas que ayuden a las personas a crecer y salir de situaciones de pobreza indignantes, huellas de esperanza, de esa esperanza que brota de la fe en Aquél que venció todo mal desde el amor profundo a su Padre y a su Pueblo.

2. El texto del Apocalipsis que escuchamos se nos presenta como un grito de esperanza porque llegó la salvación para todos aquellos que estaban atormentados por el espíritu del mal que los acusaba injustamente día y noche… Y esa salvación llegó por Cristo que derramó su sangre por amor. Muchos, como nuestros Mártires, participaron de esa salvación dando testimonio de Cristo hasta dar la vida también movidos por su amor.

3. Hoy para nosotros la vida de nuestros mártires son un GRITO DE ESPERANZA, que nos anima a poner los ‘ojos fijos en Jesús’ y el oído atento a su palabra dejándonos llenar por su amor oblativo y a entregar la vida en el día a día para llevar su amor y cercanía a todos, pero muy especialmente a quienes más lo necesitan, están alejados, solos y desamparados. A todos los que habitan en diferentes periferias geográficas o existenciales y necesitan ser acompañados con una cercanía solidaria propia de quien no vive para sí sino para amar y servir dando la vida a cada instante. Estamos celebrando hoy en esta Capilla San Martín de Porres, en una zona que en tiempos del Beato Angelelli era el lugar donde terminaba la ciudad, cerca había un basural. Aquí cerca está un algarrobo donde celebró la misa de noche buena en 1971. A tres cuadras de aquí vivían las hermanas del Divino Maestro a quienes les había encomendado la misión de acompañar esta zona.

4. Ahí enfrente hoy está la plaza Angelelli circundada por la avenida que lleva su mismo nombre. Signos visibles que hoy nos hablan de la vida y entrega generosa de nuestro beato en las periferias de su tiempo. La pandemia nos ha puesto de manifiesto la realidad de muchas necesidades de hermanos y hermanas que necesitan ser acompañados y alentados en sus vidas. Por eso en la primer línea pastoral nos proponemos en este nuestro tiempo: “Acrecentar la actitud misionera de una Iglesia en salida para llegar, con el consuelo y la esperanza del Evangelio, a personas alejadas o en situación de riesgo y vulnerabilidad por el efecto de la pandemia y otras causas preexistentes, a los más pobres, débiles y sufrientes. Se trata de una mayor cercanía y proximidad promoviendo la cultura del cuidado, haciéndonos cargo los unos de los otros y también del cuidado de la creación, erradicando la cultura de la indiferencia, la exclusión y la confrontación.”

5. Queridos hermanos y hermanas, es para nosotros hoy este mandato misionero de Jesús que nos invita a sr parte de una Iglesia cercana y comprometida con cada realidad de fragilidad humana y allí entregar la vida como nuestros mártires encarnando:

  • Una escucha atenta
  • Un consuelo necesario
  • Un servicio oportuno
  • Una ayuda concreta
  • Un trabajo solidario

En este sentido nos dice nuestro Mons Angelelli: “Tenemos que ir modelando una Iglesia diocesana, donde todos nos sintamos fuertemente corresponsables de la misión salvadora traída por Cristo al hombre de nuestro pueblo, sin atadura ninguna y servidora de todos; profética y santificadora, y a la vez identificada con este pueblo.. servidora de los pobres y a la vez realizadora de la fraternidad con todo hombre que pise el suelo riojano; convertida y a la vez hermana del débil que ha pecado y busca reencontrarse con el Señor; abierta a todos y a la vez fiel a su origen divino, a su naturaleza y a su misión…” (Carta Pastoral, 6 de abril de 1969. En la Pascua del Señor)

6. Un mundo más justo es posible, pero necesita de tu compromiso de mi compromiso. Es posible porque Jesucristo abrió definitivamente el camino y nos invita a participar de él como amigos suyos, como sus elegidos y enviados, como quien nos ama entrañablemente y nos mande vivir el amor mutuo como signo claro e inconfundible de su presencia. Quién ha sufrido persecución y sufrimiento por transitar este camino liberador y nos prepara para sufrir con Él. Estos días pasado tuve el gozo de escuchar nuevamente a Coca Cornejo, la esposa del beato Wenceslao Pedernera que con sus ochenta años tiene un recuerdo vivo del camino de santidad que recorrieron con él desde el noviazgo y el compromiso matrimonial, desde la educación de sus hijas y la responsabilidad laboral, desde asumir con decisión el Evangelio como orientador de sus vidas para luego tomar decisiones como ala de dejar la tierra mendocina en la que tenían ya muchas seguridades en vivienda y trabajo para venir a compartirla vida y la fe y la construcción de unas sociedad más justa en territorio riojano. También ellos fueron incomprendidos y amedrentados… pero el amor y la entrega evangélica fue más fuerte.

7. La santidad es un camino propuesto para todos hoy también. Los invito a responder juntos como lo hicieron nuestros beatos, dejando que el amor de Cristo nos ayude a desprendernos de nuestras seguridades para salir al encuentro de los demás con un corazón sencillo, sensible y de generosa entrega que se anima a ‘priemerear’ con la cercanía concreta, alentando nuevas iniciativas pastorales y sociales, alentando nuevos espacios de participación y trabajo en redes. Nuestros queridos beatos, animados por el Espíritu de Cristo muerto y resucitado, se jugaron por un mundo nuevo y mejor. Ellos hoy gozan del cielo luego de haberse embarrado en esta tierra con el corazón encendido del amor de Dios y del amor al pueblo. Que ellos nos alienten con su intercesión a seguir juntos el camino de la santidad que Dios nos propone hoy.

Así sea.

Mons. Dante Gustavo Braida, obispo de La Rioja