Sábado 15 de mayo de 2021

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Ordenación diaconal de Leandro Emanuel Farías

Homilía de monseñor Hugo Nocolás Barbaro, obispo de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña, en la ordenación diaconal de Leandro Emanuel Farías (Parroquia San Miguel Arcángel, Las Breñas, 21 de noviembre de 2020)

Misa y Lecturas de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo.

Tenemos la alegría grande de tener hoy en Las Breñas la ordenación diaconal de un hijo de este pueblo. Se da una feliz coincidencia: celebramos ya en su Víspera la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo.

Consideremos un momento el significado de esta gran fiesta de la Iglesia. Para explicarla brevemente hace falta partir de una realidad: no hemos sido arrojados en el mundo para la angustia y el sinsentido; Dios nos creó por amor, para compartir con nosotros su inmensa y eterna felicidad. Fue el pecado el que dificultó ese proyecto espectacular. Nos dejó dañados, con tendencia a equivocarnos, a obrar mal, muchas veces por el descontrol de las pasiones. Y por este camino, estos hijos de Dios que somos nosotros, pensados por el Creador para una plenitud de amor, podemos acabar absolutamente corrompidos tras una vida de errores y de pecados. Y peor aún, somos capaces de envenenar con la propia confusión y corrupción a la familia y a la sociedad. ¿Puede haber felicidad en una situación así de fracaso humano?

 A pesar de esa negación expresa de Dios, este Padre nuestro nunca abandona a sus hijos. Y por eso hizo algo impresionante: el Hijo de Dios habitó entre nosotros, Jesucristo que es Dios y Hombre verdadero. ¿Qué hizo además de enseñarnos el buen camino y tantos milagros?: compensar la injusticia y ofensa de los pecados de todos los hombres de todos los tiempos, de los nuestros, con una muestra de amor hasta el extremo: morir en la Cruz. Tiene derecho entonces a que lo llamemos Rey, a querer reinar en nuestras vidas porque nos compró con el precio del mayor de los sufrimientos y eterno porque es Dios. Si dejamos actuar a Cristo en nosotros, Él ordenará nuestra cabeza para poder conocer a Dios, el sentido de nuestra vida, dónde poder encontrar la felicidad, nuestro papel en este mundo. Nuestro Rey, Jesucristo, respeta nuestra libertad, pero si nosotros se lo permitimos no deja de ayudarnos a descubrir el camino del bien, del amor y de la felicidad acá en la tierra aunque haya dolor, y eternamente en el Cielo. Quiere que lo ayudemos a reinar en las familias y en el mundo, que seamos protagonistas de la construcción de un mundo de amor y de paz. Nos conviene que reine Cristo.

Pongo un ejemplo de la acción de Cristo Rey en las almas. Hace poco más de un mes fue beatificado un chico que murió con 15 años en 2006. Era un muchacho normal, deportista, con amigos, alegre y divertido. ¿Qué hizo?: a los 7-8 años descubrió el valor de la Eucaristía y no se perdía la Misa diaria; hablaba cada día con Jesús delante del Sagrario y recibía luces que lo orientaban e la vida; rezaba el Rosario a la Virgen Santísima. Tenía la normalidad de un chico de su edad, solo llamaba la atención por la vida llena de buenos valores que llevaba, y los demás lo notaban en su modo de pensar y en su comportamiento; no aflojaba cuando algunas veces sus compañeros se le burlaban de él por no mezclarse en lo que consideraba que era una ofensa a Dios. Era un chico humanamente lleno de cosas positivas, muy bueno y muy solidario. Dejó reinar a Cristo en su vida, buscó que reine en la de otros, sus padres, sus compañeros y amigos, quería que todo el mundo descubriera el tesoro de la Eucaristía, y ahora participa del Reino eterno de Dios.

¡Queremos que Cristo reine! ¡Qué distinta sería la familia, que distinto el mundo! Es enorme en todas partes la ignorancia de Dios, ¡cuántos no lo dejan reinar! Qué pena da ahora el desprecio que supone el debate para legalizar el aborto al gran regalo de Dios que es la vida, tenemos que rezar mucho más. Percibimos mucho egoísmo en la sociedad, genta gobernada por el desorden de sus pasiones, mucha injusticia, mucha falta de amor. Así ninguno puede ser felices ni sembrar felicidad, más bien corrompen su entorno.

La lectura del Profeta Ezequiel nos muestra a Dios como el pastor que busca a las ovejas, en ellas estamos representados todos nosotros. Cuántas veces en momentos de oración y silencio escuchamos la voz del Buen Pastor que nos orienta y nos llena de paz. Comprobamos la paciencia de Dios que se ocupa de cada uno, que espera con paciencia y concede la conversión al descarriado. ¡Cuántas heridas fruto de los propios pecados o por durísimos sufrimientos sana Dios, basta acercarse a Él!

¡Qué fuerza tiene lo que cantamos en el Salmo! El Señor es mi Pastor nada me puede faltar; Él nos guía por el buen camino, repara nuestras fuerzas, nos acompaña a lo largo de la vida, también por los caminos difíciles. Nos prepara una mesa y nos alimenta, ahora con el milagro de esta mesa de la Eucaristía que estamos viviendo. Y habitaré en la Casa del Señor por muy largo tiempo, para toda la eternidad en Dios que nos espera.

Emanuel, el trabajo es enorme; Dios te llama a colaborar en su tarea de Buen Pastor para que Cristo reine en la vida de tantas personas, en las familias, en la sociedad. Se apoyó en tus padres para preparar tu corazón, tu papá nos acompaña ahora con mucha alegría desde el Cielo. La parroquia y tanta gente contribuyó a tu formación, y el buen terreno facilitó que percibieras la luz de la vocación sacerdotal, ese impulso misterioso que te empujó a decir: el lugar en el que Dios me quiere es sirviendo como sacerdote, haciendo presente a Cristo con la Palabra y con los Sacramentos, con el servicio entregado. La vocación es una fuerza arrolladora, como la de esos ríos potentes de montaña, difícil de entender por quienes no la experimentaron. Todos se dan cuenta que lo tuyo es una llamada de Dios, y que tenemos que rezar por tu fidelidad, es decir para que sepas ajustar todos los momentos y circunstancias de tu vida a esa luz de Dios que no se apaga.

El Evangelio de hoy nos muestra a Cristo Rey presidiendo el juicio universal, dando la entrada al Cielo a muchos y rechazando a otros que no están preparados para entrar. ¿Qué dice Jesús? Vengan benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo. ¿Ven?, el proyecto de amor de Dios del que hablaba al principio, preparado desde el comienzo del mundo para nosotros. ¿Y en que se fija Jesucristo para dejarlos entrar? porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, era forastero y me alojaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo y me visitaron; preso y me vinieron a ver

Y estos que reciben la bienvenida al Cielo le preguntan, pero, ¿cuándo te vimos a vos, Rey del Universo, padeciendo todas esas necesidades? Y Cristo les responde, esto es textual: Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanas, lo hicieron conmigo.

Hay a nuestro alrededor muchas necesidades materiales en la gente que reclaman nuestra caridad solidaria, no podemos ignorarla, tenemos que estar atentos porque nos jugamos el Cielo. Todos debemos servir, ser en cierto modo diáconos, que significa ser servidor de los demás, esto es grandeza de corazón.

Hay otro ámbito de carencias, además de las materiales, que afectan en lo más profundo a la gente: el hambre y la sed de Dios que reclama que nos ocupemos con la palabra y con el testimonio. Muchos andan como forasteros por la vida, perdidos; tenemos que orientarlos para que puedan ser felices y encuentren a Dios. Otros están desnudos de la Gracia de Dios, enfermos del alma, presos del pecado, exigen nuestra oración, nuestra cercanía, consejo y ayuda, no podemos quedarnos indiferentes.

Con todos cuenta el Señor para esta enorme tarea, cada uno en su lugar. El lugar en que te quiere el Señor a vos Emanuel es en el diaconado con miras al sacerdocio, fomentando lo propio del diaconado, el servicio generoso.

Roguemos al Señor que lleguen muchas vocaciones, Cristo necesita más ministros suyos para que su Palabra, sus enseñanzas, y la Gracia de los Sacramentos lleguen a todos. Que Dios encienda esa luz en muchos corazones jóvenes, y que experimenten la alegría de dejarse llevar por esa fuerza de arrolladora. ¡Queremos que Cristo reine!

Aunque no lo celebramos litúrgicamente, hoy sábado 21 de noviembre es el día de la Presentación de la Santísima Virgen María. Los papás de Nuestra Señora cumplieron con el piadoso rito de presentar a la Niña en el Templo, como un gesto de que Ella era de Dios, se la ofrecieron y la pusieron a su servicio. A Nuestra Madre del Cielo te encomendamos especialmente Emanuel, para que seas muy fiel a los compromisos que ahora harás frente a la comunidad de entrega humilde y por completo, de servicio a Dios en las almas. Que así sea.

Mons. Hugo Nicolás Barbaro, obispo de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña