Viernes 28 de febrero de 2025

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La tempestad calmada, la pesca milagrosa, la cátedra.

Homilía de monseñor Ernesto Giobando SJ, en el inicio de su ministerio episcopal como obispo de Mar del Plata (22 de febrero de 2025)

Hace un poco más de un año, precisamente trece meses, llegué a esta diócesis de Mar del Plata como Administrador Apostólico por pedido de la Santa Sede, y hoy, en la fiesta de la Cátedra de San Pedro asumo como Obispo y Pastor de esta iglesia particular. Los invito, como dije en mis primeras homilías en esta iglesia Catedral, a que contemplemos los dos relieves del altar mayor: a la derecha de ustedes podemos ver la escena de la tempestad calmada, confiemos que aún en medio de las tormentas el Señor siempre está, y que de toda crisis salimos mejores o peores, pero no iguales. ¡Cuántas veces pasamos por tiempos de tormentas o tempestades! Vivimos en un puerto donde los pescadores saben los peligros y las dificultades de adentrarse en un mar que impone respeto. Superamos las tempestades confiando en el Señor, aún a pesar de nuestra poca fe.

El otro relieve, a la izquierda, es el de la pesca milagrosa. Durante todo este año pensé y recé frente a este mar inmenso (en un lugar que me tenía reservado el Señor), escrutaba el horizonte y miraba las orillas, esperando que el Señor me dijera y nos dijera como rebaño suyo y como Pueblo de Dios: "Naveguen mar adentro y echen las redes". Así lo hicieron en aquella mañana, en el mar de Tiberíades, confiando en su palabra, subieron a la barca de Pedro y echaron las redes y fue tal la cantidad de peces que sacaron, que pidieron ayuda a otras barcas. Pedro se postra a los pies del Señor y reconoce que es un pecador, pero allí escucha las palabras que marcarán para siempre su misión: "serás pescador de hombres". Así hoy también queremos ir mar adentro, echar nuevamente las redes y pescar a muchos, a quienes tienen deseos de creer y hacer de este mundo una casa común, un mundo más justo y solidario.

Quisiera compartir con ustedes lo que nos acaban de anunciar en la Bula del Papa Francisco:

"Con el corazón encendido por la nostalgia de nuestra patria celestial, elevamos nuestra mirada a la ciudad feliz, ese puerto bendito donde son acogidas las almas de los discípulos de Cristo. Esta ciudad, aunque ahora solo una sombra de aquella que desciende del cielo, se manifestará en toda su plenitud en la gloria celestial".

Precisamente aquí, en la Ciudad Feliz, estamos en la Catedral de los Santos Pedro y Cecilia. En el evangelio de hoy escuchamos la pregunta de Jesús a los apóstoles: "Y para ustedes ¿Quién soy yo?". Si me permiten quisiera compartir con todos ustedes, a partir de hoy, el nuevo rebaño que debo apacentar, quién es Jesús para mí. Es mi Amigo que hace 50 años, en el Año Santo de 1975, me llamó en las orillas de mi Santa Fe natal. Nos acompaña este cuadro de Nuestra Señora de los Milagros, reproducción pintada por mi madrina y que me regalara el día en que me ordenaron sacerdote jesuita, allá por 1990, en el día de los Santos Mártires Rioplatenses. Delante de ese cuadro, les decía, mis padres me consagraron al poco tiempo de nacer y delante del cual recibí la vocación, por eso Ella me acompaña todos los días y a Ella confío mi ministerio y a todos ustedes.

Jesús es mi Amigo y es nuestro Salvador y poder anunciarlo, predicando su Evangelio a todas las naciones y pueblos, es la tarea más hermosa que me haya podido tocar. Poder hablar de Él, poder perdonar por Él, poder celebrar la Eucaristía con Él, es la mayor riqueza y el mayor consuelo, no soy digno de semejante regalo, pero aquí estoy, aquí estamos para cumplir su santísima voluntad.

La Cátedra de Pedro es la silla donde se sienta el Papa y en comunión con él es la silla donde se sienta el Obispo, precisamente ubicada aquí debajo de estos dos relieves. La barca y la cátedra de Pedro no serían más que unas cuantas maderas si el Señor no estuviera junto a Pedro y junto a nosotros. Subamos a esa barca "cum Petro et sub Petro", con Pedro y bajo Pedro. Nadie está obligado a subir, pero los que quieran hacerlo, una vez arriba hay que remar juntos, trabajar juntos, rezar juntos, confiar juntos, sufrir y alegrarnos juntos y que podamos dar una mano al que se hunde, como la escultura que vemos cuando llegamos a Mar del Plata (en la rotonda de Luro y Champagnat).

La cátedra no es sólo el sillón del Obispo, sino el lugar donde poder presidir y enseñar, junto a esa Piedra donde se construye la Iglesia, no con poder sino con servicio, no con violencia sino con mansedumbre. Trabajando junto al clero diocesano, que como dice San Pedro en la primera lectura de hoy: "Apacienten el rebaño de Dios que les ha sido confiado...".

La Iglesia, hoy pastoreada por el Papa Francisco, me confía el timón de esta comunidad, en una barca que no es mía, ni las redes son mías, ni esta cátedra es mía. Como los talentos confiados, como las ovejas de este rebaño, como los sacerdotes, diáconos y seminaristas, como las consagradas y consagrados, como los docentes, alumnos y familias de nuestros colegios, como las parroquias y movimientos: no son míos, no los puedo poseer y manejar a mi arbitrio, no son míos, yo soy de ustedes y juntos somos servidores de Dios.

Y somos, también, herederos de una larga lista de testigos: los primeros jesuitas que llegaron a estas tierras, los padres Cardriel, Falkner, Strobel, Rejón, Querini; los párrocos y religiosos que nos precedieron, San Luis Orione que vivió en esta ciudad cuatro años y fundó la Parroquia y Colegio Sagrada Familia del Puerto; las Hermanas y Consagradas, la Beata Sor Crescencia Pérez que sirvió en el antiguo Hospital y Asilo Marítimo donde contrajo tuberculosis que luego la llevó a la muerte en Chile; los Obispos que apacentaron este rebaño, testigos del amor de Jesucristo, entre ellos Eduardo Francisco Pironio, hoy Beato y Profeta de la Esperanza, que hace 50 años celebraba el Año Santo en esta Catedral bajo el manto de Nuestra Señora de la Reconciliación. La innumerable nube de testigos varones y mujeres que sirvieron en silencio, los santos de la puerta de al lado. Encomiendo también mi ministerio al Obispo Mártir San Oscar Arnulfo Romero, que en un día como hoy, asumió como Arzobispo de San Salvador. Junto a él y al Beato Obispo Enrique Angelelli y a tantos otros testigos renovamos la opción evangélica por los más pobres y excluidos.

Roguemos juntos para que este Año Santo sea el Jubileo de la Esperanza, una esperanza que no defrauda, y si me permiten decirles qué expectativa tengo como Obispo de Mar del Plata, no es otra que aquella que aprendí en mi familia, de mis amigos, en la Compañía de Jesús, de tanta gente que el Señor puso en el camino, nos dice el Papa Francisco:

"Para ser evangelizadores de alma también hace falta desarrollar el gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente, hasta el punto de descubrir que eso es fuente de un gozo superior. La misión es una pasión por Jesús, pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo. Cuando nos detenemos ante Jesús crucificado, reconocemos todo su amor que nos dignifica y nos sostiene, pero allí mismo, si no somos ciegos, empezamos a percibir que esa mirada de Jesús se amplía y se dirige llena de cariño y de ardor hacia todo su pueblo. Así redescubrimos que Él nos quiere tomar como instrumentos para llegar cada vez más cerca de su pueblo amado. Nos toma de en medio del pueblo y nos envía al pueblo, de tal modo que nuestra identidad no se entiende sin esta pertenencia... Cautivados por ese modelo, deseamos integrarnos a fondo en la sociedad, compartimos la vida con todos, escuchamos sus inquietudes, colaboramos material y espiritualmente con ellos en sus necesidades, nos alegramos con los que están alegres, lloramos con los que lloran y nos comprometemos en la construcción de un mundo nuevo, codo a codo con los demás. Pero no por obligación, no como un peso que nos desgasta, sino como una opción personal que nos llena de alegría y nos otorga identidad. A veces sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura. Cuando lo hacemos, la vida siempre se nos complica maravillosamente y vivimos la intensa experiencia de ser pueblo, la experiencia de pertenecer a un pueblo" (Papa Francisco, EG 269-270).

Que María Santísima nos lleve de su mano, que San Pedro y Santa Cecilia intercedan por nosotros, que San Ignacio de Loyola, Santa Mama Antula y el Santo Cura Brochero nos ayuden a fomentar los Ejercicios Espirituales y que juntos podamos peregrinar con una renovada esperanza. Que así sea.

Agradecimientos
Al Papa Francisco por su confianza y cercanía, rezamos por su salud y sus intenciones.

A quienes hoy nos acompañan desde el Gobierno y desde las fuerzas de seguridad y fuerzas armadas, gracias por la presencia de tantos funcionarios, dirigentes sindicales, empresarios, trabajadores, jubilados...son muchos y eso es un signo de esperanza, pongamos el hombro juntos por nuestra querida Argentina.

A mis Hermanos Obispos, al Colegio de Consultores, a los Sacerdotes y Diáconos que me acompañaron desde la primera hora, como a las Consagradas/os que abrieron sus puertas a mi llegada a Mar del Plata y al Santo Pueblo de Dios que peregrina en esta Diócesis, gracias por sus oraciones. A los chicos y chicas del Hogar de Cristo, me dieron desde el primer día un abrazo de bienvenida. A los que trabajan y sirven a la Iglesia local desde la Curia, personas que aman esta Iglesia de Mar del Plata, sea quien sea su Obispo, como así también desde las distintas asociaciones, movimientos y organismos de la Iglesia local.

Por los fieles de la Catedral, especialmente al equipo de sacristía, gracias pos sus sonrisas desde la primera hora, se los diré siempre. Lo mismo a los jóvenes, gracias por su cercanía, cariño y compromiso cristiano y las ganas de hacer lío. Gracias a todos los que organizaron esta celebración y el ágape posterior.

Gracias a mi familia, hermanos jesuitas y amigos, gracias por la incondicionalidad del amor que Jesús nos regala, gracias por estar hoy presentes y también a los que no pudieron venir y los que nos acompañan desde el cielo.

Gracias al Consejo de la Asociación Santa Mama Antula, gracias por llevar adelante su carisma y los colegios, gracias a las Hermanas y Laicas Consagradas de la Santa Casa por su compromiso y fidelidad y los laicos comprometidos. Las puertas están abiertas para quienes sienten el llamado a vivir el carisma de la primera santa argentina, cuyo cuadro y reliquia están en esta catedral y a quien le debo gracias infinitas.

Muchas gracias por la presencia de todos ustedes, aquí estoy para acompañarlos y estar a su servicio. Todo sea para la mayor gloria de Dios y el bien de las almas. Amén, así sea.

Mons. Ernesto Giobando SJ, obispo de Mar del Plata