Mons. Martorell dice que la gracia y el amor de Dios llegan al hombre que abre su corazón
- 17 de junio, 2015
- Puerto Iguazú (Misiones) (AICA)
El obispo de Puerto Iguazú, monseñor Marcelo Martorell, ofreció una reflexión sobre las parábolas de la semilla que cae en tierra y del grano de mostaza. El prelado consideró que estas parábolas son un reclamo a la humildad y al reconocimiento de que las obras del Reino de Dios no son fruto del poder humano, sino de la gracia y del amor de Dios.
Monseñor Martorell expresó que Dios, para salvar a los hombres, deja de lado a los fuertes y poderosos y se sirve de los más pequeños y humildes, y Jesús pone esto de manifiesto en la explicación del grano de mostaza.
"Jesús da a entender que la verdadera grandeza está escondida en la humildad y el servicio, que la grandeza reside en el corazón humilde, aun de los poderosos. La parábola del grano de mostaza es un reclamo a la humildad y al reconocimiento de que las obras del Reino de Dios no son fruto del poder humano, sino de la gracia y del amor de Dios que el hombre permite obrar en su corazón", sostuvo el prelado.
Monseñor Martorell consideró que Dios es el que esparce la semilla en un corazón que necesita creer, y aunque sea diminuta, crecerá y se convertirá en un árbol en donde se posarán las aves y se cobijarán los hombres. "El hombre debe en su vida buscar a Dios y esperar en Él, pues solamente Él puede llevarnos a vivir una vida digna, más humana y más feliz", observó.
"Hoy los hombres dejamos a Dios de lado y queremos ocupar su lugar... ¿cuántas veces pasó esto en la historia? ¿Cuánto duró el poder de los poderosos sin Dios? Sin Dios la vida carece de sentido, el corazón del hombre se cierra a los verdaderos reclamos de la vida. El hombre termina lleno de un falso orgullo fundado en las cosas perecederas, sin entender por qué a pesar de tanto esfuerzo viene como cosecha al fracaso y a la destrucción de la sociedad y de él mismo", consideró el obispo.
Monseñor Martorell convocó a esforzarse en el trabajo de cada día, confiando en que Dios llevará a buen término dicho esfuerzo y que Él, con su gracia, ayudará a lograr el fin que anhelan.
"En los corazones pequeños, pero llenos de fe y de esperanza, se esconden los grandes valores de la gracia y del amor de Dios. Pidamos a la Virgen Madre que nos haga tener un corazón semejante al de ella, humilde y pequeño, en el cual Dios escondió la grandeza de la salvación del hombre", concluyó el prelado.+
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