Martes 28 de septiembre de 2021

Mons. Frassia: Estar cerca de Dios es estar cerca de la gente

  • 18 de julio, 2019
  • Avellaneda (Buenos Aires) (AICA)
El obispo de Avellaneda-Lanús, Mons. Rubén Frassia, participó sus reflexiones sobre la conocida parábola del Buen Samaritano, con la que Jesús explicó quién es el prójimo, al que hay que amar como a uno mismo. El prelado lo resumió diciendo que quien está cerca de Dios está cerca de la gente, y quien está lejos de Dios está lejos de la gente.
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El obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia, participó a su comunidad diocesana sus reflexiones sobre la conocida parábola del Buen Samaritano, con la que Jesús explicó quién es el prójimo, al que hay que amar como a uno mismo. El prelado lo resumió diciendo que quien está cerca de Dios está cerca de la gente, y quien está lejos de Dios está lejos de la gente.

"¡Qué cosa simple, pero qué cosa concreta es el amor de Dios en el amor al hermano!", expresó monseñor Frassia. "Esto es simple y esencial a toda persona, donde uno tiene que aprender a amar al Señor, nuestro Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerza, con todo el espíritu y a nuestro prójimo como a uno mismo. Esto hay que vivirlo, aplicarlo, encarnarlo y concretarlo".



"En el ejemplo que dio Jesús el único que respondió fue el samaritano, un extranjero; no fue el sacerdote, ni el levita, fue un samaritano quien respondió en serio, amó en serio, se decidió a vivir en serio. "Obras son amores y no buenas razones", como decía Santa Teresa de Jesús.

"Hay que obrar y las obras son para el que está cerca, para el que está lejos, para quien es amigo nuestro y también para los que no conocemos o que son adversarios nuestros. El amor no tiene límites, no tiene fronteras y siempre tiene que ser concreto y universal", sentenció el obispo.

Por último monseñor Frassia manifestó que hay que obrar con mucha alegría, porque el único que va a reconocer todo es Dios y si uno obra en nombre de Dios quedará anotado en el Libro de la Vida, no importa que los hombres paguen o no paguen, reconozcan o no reconozcan; el que paga es Dios y pagó a muy buen precio, con su propia vida.+