Martes 28 de marzo de 2023

Mons. Ñáñez aclaró que no puede haber auténtico perdón y reconciliación sin justicia y sin reparación

  • 10 de mayo, 2017
  • Pilar (Buenos Aires)
En el marco de la Asamblea Plenaria del Episcopado, los obispos escucharon testimonios de personas que vivieron las desapariciones y muertes de la década del 70. En la homilía de la misa de cierre de la Asamblea, el arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos José Ñáñez, reflexionó sobre lo ocurrido.
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Monseñor Carlos José Ñáñez, arzobispo de Córdoba, presidió la misa de clausura de la Asamblea Plenaria del Episcopado, que se llevó a cabo del 2 al 6 de mayo en la casa de ejercicios El Cenáculo (La Montonera) en Pilar.

En su homilía, el arzobispo compartió algunas apreciaciones sobre las jornadas compartidas con el resto de los obispos, e hizo hincapié en los testimonios de quienes vivieron las desapariciones y las muertes en la década del 70.

"La semana que ha concluido, los obispos de la Argentina hemos tenido una de las dos asambleas que año a año realizamos. Nos hemos reunido en Pilar, provincia de Buenos Aires. En el marco de esa Asamblea y teniendo presente lo que el papa Francisco nos habla acerca de la cultura del encuentro, nosotros hemos querido escuchar a personas que vivieron la tragedia de las desapariciones y de las muertes en la década del 70. Y escuchar a esas personas que viven el drama del duelo subsiguiente a esos hechos. Ha sido una escucha atenta y respetuosa de parte de los obispos, y quienes fueron invitados hablaron con entera libertad y respetuosamente", expresó el prelado.

Monseñor Ñáñez brindó detalles sobre la conversación posterior a los testimonios: "La inmensa mayoría del episcopado argentino cuando estos acontecimientos sucedieron, no éramos obispos. Algunos éramos sacerdotes, otros eran seminaristas, otros incluso eran adolescentes. El grupo en el cual yo estaba, había un obispo que dijo: cuando estas cosas sucedieron yo estaba en sexto grado, tenía doce años. Cuál era la intención de este escuchar y escucharnos, buscar comprender mejor lo que sucedió, y buscar que esa experiencia pudiera servirnos a nosotros, y a lo mejor servir a nuestros conciudadanos y a la sociedad. Hicimos esta reflexión en un espíritu verdaderamente fraternal, poniendo todo en las manos de Dios, confiando en su Gracia y pidiendo que nos muestre sus tiempos y sus caminos", explicó.

"Ahora la preocupación por esos temas era y es una preocupación estrictamente pastoral y no tenía nada que ver con ningún tipo de especulación de ninguna otra clase. Y una convicción bien arraigada es que no puede haber auténtico perdón y reconciliación sin justicia y sin reparación. Esto clarito. Ponemos todo eso en las manos de Dios, pero es oportuno me parece hacer estas consideraciones", concluyó.+