Viernes 2 de diciembre de 2022

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Día del Diácono

Saludo de monseñor Marcelo Julián Margni, obispo de Avellaneda-Lanús, con motivo del Día del Diácono (Avellaneda, 10 de agosto de 2022, fiesta de san Lorenzo, diácono y mártir)

Queridos hermanos diáconos:

Celebramos hoy la fiesta de san Lorenzo, diácono y mártir, y con ella la Iglesia quiere celebrar también el día del diácono. Esta tarde nos encontraremos para celebrar juntos la eucaristía —como lo venían haciendo cada año, ahora por primera vez conmigo—, y tendré allí la oportunidad de saludarlos en persona y compartirles algunas novedades en relación al ministerio diaconal en nuestra Diócesis. Pero no quería dejar de hacerles llegar mi saludo y mi palabra de gratitud desde bien temprano. Sé bien que es toda nuestra Iglesia diocesana la que les agradece junto conmigo. ¡Gracias por el valioso testimonio de entrega generosa que bridan, en medio de nuestras comunida des, con «la diaconía de la liturgia, de la palabra y de la caridad» (Conc. Vaticano II, Const. Lumen gentium, 29)!

Quisiera tener presentes a aquellos diáconos que, por razón de edad o de salud, aún continúan con las restricciones propias de estos tiempos de pandemia. Sé que algunos de ustedes siguen conectados con sus parroquias y comunidades, con otros hermanos diáconos y con la Diócesis de distintas maneras. Especialmente por medio de su oración, pero también de otras maneras, siguen sirviendo, «diaconando», a esta Iglesia. ¡Gracias, entonces, por el ministerio que realizan también ahora, tal vez de un modo que no se habían propuesto ni buscado, pero que sigue siendo fecundo y profundamente evangélico!

Saludo también, naturalmente, a quienes han podido retomar su actividad pastoral en las comunidades. Son tiempos sin duda desafiantes y más que nunca es necesaria la presencia de una Iglesia que asuma toda ella un «rostro diaconal», que en verdad siga los pasos del Cristo servidor. A ustedes, que han sido llamados de modo especial a reflejar ese rostro, ¡gracias por el servicio perseverante, principalmente en medio de los pobres y los enfermos!

Saludo finalmente a Emanuel, diácono de la comunidad de los Servi Trinitatis, y a Alan (Rolo) y Felipe, diáconos de nuestro seminario diocesano, que están ejerciendo su ministerio diaconal en camino al presbiterado. Ustedes saben bien que este no es un «escalón» transitorio, sino un camino que los llama a identificarse en verdad, para toda la vida y con toda su vida, con Cristo siervo. De corazón les deseo que el servicio que están viviendo les ayude a dejarse modelar más íntimamente por los sentimientos de Jesús y que encuentren en el servicio humilde, despojado de honores y privilegios, esa alegría que nada ni nadie nos puede arrebatar.

Mis queridos hermanos diáconos: les agradezco de corazón el testimonio de su vocación y su servicio, sin el cual nuestra Iglesia se vería ciertamente empobrecida. Permítanme hacerles llegar también mi saludo y mi agradecimiento a sus esposas y sus familias, que los sostienen y acompañan en su ministerio.

El llamado al que ustedes un día respondieron nos recuerda una dimensión esencial de toda vocación cristiana: a todos, a todas, el Señor Jesús nos pide dejarnos ha- bitar por su corazón grande, que ama y sirve, como una única respuesta de toda la vida, de cada día, a la llamada del Padre que ha querido hacernos colaboradores su- yos en la creación de un mundo nuevo, más justo y fraterno.

¡Feliz día del diácono!

Reciban mi abrazo y mi bendición.

Mons. Marcelo Julián Margni, obispo de Avellaneda-Lanús