Miércoles 19 de junio de 2024

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"Tender puentes de diálogo por el bien del pueblo"

Homilía de monseñor Dante Braida, obispo de La Rioja, pronunciada en el tedeum 9 de Julio (Iglesia catedral y santuario San Nicolás de Bari, La Rioja, 9 de julio de 2022)

Textos bíblicos: Gal 5, 16-25; Lc 10,25-37

Con profundo agradecimiento a Dios por el don de la Independencia venimos a celebrar este Te Deum como lo han hecho nuestros Próceres en Tucumán hace 206 años luego de arduos meses de diálogo y debates. En sus corazones brotaba el deseo de constituir una nación libre y soberana que luego se plasmaría en el Acta de la Independencia rubricada también por nuestro representante el sacerdote riojano Pedro Ignacio de Castro Barros.

1. En la mayoría de nuestros próceres de aquel momento el Evangelio era su fuente inspiradora que, junto un gran amor a su tierra, le permitió concretar sus anhelos de libertad e independencia. Ese mismo Evangelio que recién escuchamos en el que Jesús nos brinda esta hermosa parábola conocida como ‘del Buen Samaritano’ que tiene un fuerte sentido social y expresa con claridad cómo se comporta un verdadero prójimo ante quién está necesitado y tirado en el camino de la vida.

Ver, conmoverse, detenerse, dejar el propio proyecto para asistir al necesitado, compartir la tarea de ayuda con otros y comprometerse por largo tiempo es una clave esencial para construir una sociedad justa e inclusiva. El papa Francisco comentando esta parábola dice: “Hoy, y cada vez más, hay heridos. La inclusión o la exclusión de la persona que sufre al costado del camino define todos los proyectos económicos, políticos, sociales y religiosos... Seamos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas… Hoy estamos ante la gran oportunidad de manifestar nuestra esencia fraterna, de ser otros buenos samaritanos que carguen sobre sí el dolor de los fracasos, en vez de acentuar odios y resentimientos. La propuesta es la de hacerse presentes ante el que necesita ayuda, sin importar si es parte del propio círculo de pertenencia.” (Fratelli Tutti 69.77.81)

2. Como país estamos pasando un delicado momento, el incremento de la inflación deja a cada paso personas debajo de la línea de pobreza por los salarios que pierden valor. La complejidad de la situación no hace vislumbrar una salida fácil. La realidad impone la necesidad de aunar esfuerzos y un abordaje multisectorial que lleve a asumir corresponsablemente los cambios necesarios. No podemos permitirnos llegar a extremos como hace dos décadas atrás. La crisis de 2001 fue abordada y superada en gran parte por el ‘Diálogo Argentino’ que dio oportunidad para expresarse a cada sector social y a la vez permitió que, de un modo coordinado, cada uno haga su propio aporte y asuma su propia cuota de

Hoy ¿no podemos anticiparnos y generar ya espacios fluidos de diálogo para llegar a acuerdos básicos para enfrentar esta crisis que se agudiza?

La realidad es que nadie se salva solo y todos necesitamos del otro y de otros sectores sociales, económicos y políticos. No podemos dejar que primen los propios intereses. Como el Buen Samaritano aprendamos a darnos a los demás y a tender puentes poniendo por encima de todo el bien común y, particularmente, buscar el bien de los que van quedando fuera del camino o del sistema.

3. Para declarar la Independencia, en Tucumán, hubo mucho diálogo y debate sobre diversas propuestas de nación. Darse el tiempo para la discusión y el análisis permitió arribar a un acuerdo pensando en el presente y futuro de la Hoy nos toca continuar ese proyecto también pensando en el presente y futuro de nuestro pueblo.

Estamos aquí rezando a Dios porque le queremos agradecer por nuestra Patria, por cada uno de sus habitantes, porque queremos rezar por nuestras autoridades y porque nos sentimos pequeños ante tantos desafíos y necesitamos su ayuda. Por eso hoy con confianza se la suplicamos.

Estamos pronto a celebrar a nuestros beatos Mártires. Que, como tanto lo pregonaba Mons. Angelelli, tengamos siempre un oído atento al Pueblo y sus necesidades pero también el otro atento al Evangelio que, como en la parábola del Buen Samaritano, nos enseña a no hacer acepción de personas y escuchar a todos los ciudadanos y ciudadanas y a todos los sectores sociales, sobre todo a los excluidos.

Que el testimonio de Pedro Ignacio de Castro Barros y todos los congresales de aquella época nos ayuden a asumir con magnanimidad nuestra hora. Así sea.

Mons. Dante Braida, obispo de La Rioja