Jueves 11 de agosto de 2022

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"Somos simples servidores"

Homilía de monseñor Gustavo Alejandro Montini, obispo de Santo Tomé, en la misa de ordenaciones diaconales (Iglesia catedral, 17 de junio de 2022)

1. Encontrarnos en esta ocasión como Iglesia Diocesana, en medio de tantos golpes recibidos durante estos últimos tiempos, hace brotar en nosotros como un pequeño hilo de alegría y esperanza, que rejuvenece nuestro corazón y nos cambia el rostro. En medio de incertidumbres y de pronósticos pocos alentadores propios del momento presente en el que nos encontramos, Dios nuevamente y siempre en forma discreta, nos vuelve a manifestar que está con nosotros y que no nos abandona. “No teman. Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Él es el buen pastor que nos toma de la mano y nos conduce por el “recto camino”. Ni el más lindo, ni el más fácil. El camino seguro que nos lleva a “verdes praderas” y nos ofrece “aguas tranquilas” en las que nuestra vida encuentra la fuerza necesaria y el aliento justo para seguir adelante.

2. La misión que la Iglesia recibió de Jesús es maravillosa y conmovedora. Es el gran servicio que ofrece a toda la humanidad. Se trata de proclamar el Evangelio de las bienaventuranzas, de anunciar a la buena noticia a todos, con el fin de entrelazar entre aquellos que vivimos en este mundo, vínculos nobles de cercanía y de mutua colaboración. En definitiva, se trata de construir en torno a Jesús, la tan deseada fraternidad. Lo escuchamos en el Evangelio que acaba de ser proclamado: “Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes… sopló sobre ellos y añadió: reciban al Espíritu Santo” (Jn 20, 21-22). La misión de amor que el Padre confió a su Hijo Jesús, hoy se hace –o se debería hacer- presente en la comunidad cristiana. El sujeto colectivo –“ustedes”- nos permite tomar conciencia que los responsables de llevar adelante esta inmensa tarea somos todos y con una modalidad bien clara y determinada: caminando juntos – hoy decimos sinodal-. A nosotros laicos, consagrados y ministros ordenados de la diócesis de Santo Tomé, el Señor nos encomienda continuar la misión que Él mismo Jesús ha recibido del Padre. En medio de límites y posibilidades, a ello queremos responder cuando decimos en nuestro lema pastoral “¡familia levántate! Caminemos juntos”.

3. Para llevar adelante esta dramática y apasionante misión, Dios no deja de sembrar en el campo de su Iglesia vocaciones diversas, que como un mosaico en la comunidad cristiana reunida –como en esta oportunidad-, refleja de modo visible y real, el rostro y el corazón inagotable de nuestro Señor Jesucristo. Es desde este horizonte misionero y vocacional, cómo debemos comprender el acontecimiento que estamos celebrando. El joven profeta Jeremías en la primera lectura, nos familiarizó con esta realidad, en la que Dios dirige su llamado a personas determinadas para que realicen ciertas tareas para beneficio de todo el conjunto. Estamos realizando la consagración diaconal de cinco hermanos nuestros. La ordenación de Mártires, de Lucas, de Adolfo, de Roque y de José, hará más completo el misterio de Jesús presente en nuestra Iglesia Diocesana[1] y además, la fortalecerá y enriquecerá en su dinamismo misionero[2].

4. Ellos viviendo como laicos comprometidos en sus propios oficios, han experimentado un nuevo toque vocacional. Estos hermanos nuestros en su condición de esposos y padres, después de un prudente proceso de formación y discernimiento, han descubierto con claridad y conciencia el llamado al sacramento del orden. El libro de los Hechos de los Apóstoles (Hech 6,1-7b) es el antecedente bíblico de esta gracia –de esta nueva vocación-, que el Espíritu Santo ha suscitado para enriquecer la misión de la Iglesia primitiva y la de todos los tiempos. El diaconado aparece como una inestimable ayuda al ministerio apostólico haciendo que este, vuelva a centrarse en su tarea específica; “la oración y al ministerio de la palabra” (Hech 6,4). Es así como las vocaciones y lo propio de cada una, sin chocarse ni querer sobresalir una sobre otra, están llamadas a integrarse y complementarse por obra del Espíritu, con el único fin de reflejar y hacer presente en la historia, el misterio inefable de Dios y su misión salvadora.

5.El Concilio Vaticano II, ha sido quien en la Iglesia latina ha restablecido el diaconado permanente… que puede ser conferido a hombres casados”[3]. “La gracia del Espíritu Santo propia de este sacramento –la del orden- es la de ser configurado con Cristo Sacerdote, Maestro y Pastor, de quien el ordenado es constituido ministro”[4]. Queridos Mártires, Lucas, Adolfo, Roque y José, serán por tanto “fortalecidos con la gracia de este sacramento…. para estar al servicio del Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad”[5].

6. Con el sacramento del Orden, Dios los enriquece con una gracia particular que los ayudará y los robustecerá para que puedan efectuar de un modo nuevo, aquellas tareas y servicios que ya están ofreciendo en el seno de sus propias familias, en sus tareas y ocupaciones y, en la comunidad cristiana[6]. Si bien harán cosas nuevas, seguirán haciendo lo de siempre, auxiliados por el Espíritu Santo que los fortalecerá con la gracia de los siete dones[7], como diremos en un momento durante la oración de consagración.

7. Todos y cada uno de nosotros, hacemos presente una particularidad del inagotable misterio de Cristo en la vocación propia a la cual fuimos llamados. El Diaconado Permanente recuerda como un faro en medio de la noche, que la vida nos es dada para entregarla en el servicio. Toda persona encontrará su fecundidad y su felicidad si camina en esta dirección. Es justamente por ello que Jesucristo “no vino para ser servido sino para servir” (Mt 20, 28). Ustedes, con sus vidas y ministerios, harán presente a Jesucristo diacono del Padre y servidor de la humanidad[8]. Nos recordarán como una señal en el camino, que todos –y por tanto la comunidad cristiana- estamos llamados al servicio, y que seremos dichosos tanto cuanto, vivamos sobre la senda de este camino[9]. El lema que han elegido “somos simples servidores” (Lc 17,10) es sugerente e inspirador en este sentido.

8. La gracia de Dios recibida, debe ser correspondida con disposición y con responsabilidad. En el caso de ustedes, Dios los llama a identificarse con Cristo siervo–con todo lo que significa-. Se trata por tanto, de un proceso de conversión permanente, que implicará “conservar e incrementar el espíritu de oración propio de este modo de vida, celebrar la liturgia de las horas[10] por la Iglesia y por todo el mundo, e imitar siempre el ejemplo de Cristo, cuya gracia administrarán[11]. Por ello rezaremos y pediremos la intercesión de todos los santos para “que resplandezca en ustedes un estilo de vida evangélica, un amor sincero, solicitud por los pobres y enfermos, una autoridad discreta… que tus mandamientos Señor, se vean reflejados en sus costumbres y que el ejemplo de sus vidas, suscite imitación del pueblo santo[12]. La imagen que ustedes han elegido en el flyers de invitación, es linda y sugestiva. El lavatorio de los pies presente en el evangelio de San Juan, es una escena siempre recurrente y muy rica en este sentido. A ella –con todo lo que entraña- tendrán que volver una y muchas veces. Para todo ello, no estarán solos. Estarán los demás diáconos, a cuyo cuerpo se incorporarán por la ordenación constituyendo una “hermandad sacramental”[13]. Estarán sus propias familias que desde siempre los han acompañado y alentado en esta vocación. Y además estará la familia diocesana, que se compromete cuidarlos, acompañarlos y a rezar mucho por cada uno de ustedes.

9. La providencia de Dios ha querido que realicemos esta celebración en un contexto de fiesta Patria. Los creyentes estamos llamados a tener nuestro corazón en el cielo, con los pies en la tierra. Somos buenos cristianos si somos buenos ciudEadanos. El modo de vivir nuestro compromiso ciudadano, pone en evidencia la madurez –o no- de nuestra fe y de nuestra vocación. El ministerio diaconal de estos hermanos nuestros, es un aporte importante en esta causa. El camino de la vida y de la dicha no está ni en la pereza ni en el poder, sino en el servicio. “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”[14]. “Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes, y el que quiere ser el primero que se haga su esclavo” (Mt 20, 25-28) les decía Jesús a la comunidad apostólica cuando se peleaban por los primeros puestos o por quién es el más grande o el más poderoso, como tristemente lo contemplamos y lo padecemos en la realidad cotidiana.

10. Para nosotros como para ellos y sus familias, esta condición de vida -esta gracia diaconal- entraña una importante novedad que juntos -en compañía de Marco y de José Méndez desde el cielo- iremos conociendo y desentrañando de modo sereno y progresivo. Se trata de una realidad única a la que nos asomamos y, con la que Dios generosamente ha querido bendecir nuestra Iglesia Diocesana en este tiempo desafiante en el que transitamos.

11. Los encomendamos al cuidado y a la protección de Nuestra Señora de Itatí y del Apóstol Santo Tomás. Y de modo particular, de San Lorenzo, patrono de los diáconos. Que así sea.

Mons. Gustavo Alejandro Monitini, obispo de Santo Tomé


Notas:
[1] Comisión Episcopal de Ministerios, El diaconado permanente en la Argentina, CEA Oficina del libro 2021: “La incorporación de la figura del diácono permanente a la vida y misión de nuestras diócesis se encuadra en este camino de renovación pastoral y de conversión misionera que impulsa el Espíritu Santo en nuestras diócesis”, nº 10, p. 95.
[2] Cfr. Catecisimo de la Iglesia Católica (Catic), CEA Oficina del libro 1993. nº 1571.
[3] Ib. Catic nº 1571.
[4] Ib. Catic nº 1585.
[5] Ib. Catic nº 1588.
[6] Ib. Cfr. Catic nº 1571.
[7] Ib. Cfr. Pontifical Romano, plegaria de ordenación, p. 152.
[8] Ib., El diaconado permanente en la Argentina, “Como transparencia de Jesús, que no vino a ser servido sino a servir, el diácono refleja también el rostro de una Iglesia servidora, misionera y samaritana”, nº8, p. 94.
[9] Ib., El diaconado permanente en la Argentina, “su presencia –la del diácono- en el seno de nuestras comunidades cristianas les recuerda a los pastores, a los consagrados y a los laicos que todos en la Iglesia, estamos llamados a ser servidores, los unos de los otros”, nº8, p. 94.
[10] De los Comentarios de san Ambrosio, sobre los salmos, salmo 1, 4. 7-8: “La historia instruye, la ley enseña, la profecía anuncia, la reprensión corrige, la enseñanza moral aconseja; pero el libro de los salmos es como un compendio de todo ello y una medicina espiritual para todos. El que lo lee halla en él un remedio específico para curar las heridas de sus propias pasiones. El que sepa leer en él encontrará allí, como en un gimnasio público de las almas y como en un estadio de las virtudes, toda la variedad posible de competiciones, de manera que podrá elegir la que crea más adecuada para sí, con miras a alcanzar el premio final”.
[11] Cfr. Pontifical Romano, interrogatorio, p. 146.
[12] Cfr. Pontifical Romano, plegaria de ordenación, p. 152.
[13] Ib., El diaconado permanente en la Argentina, nº9, p. 95. Nº 79 (fraternidad sacramental), p. 123. Nº 106 (fraternidad diaconal), p.132.
[14] Tagoré Rabindranath.