Domingo 21 de julio de 2024

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"No nos cansemos de hacer el bien" (Ga. 6, 9)

Mensaje de monseñor Carlos José Tissera, obispo de Quilmes, para la Cuaresma 2022

Hermanas y hermanos:

Con un día de ayuno y oración comenzamos esta Cuaresma con un deseo profundo de paz para el mundo. El miércoles de cenizas, 2 de marzo, ha sido elegido por el Papa Francisco para unirnos en el mundo entero suplicando a Dios por la paz. Cómo no recordar las palabras de ese gran profeta del siglo XX, San Pablo VI, pronunciadas en la sede la ONU, el 4 de octubre de 1965, día de San Francisco de Asís: “¡Nunca jamás guerra! ¡Nunca jamás guerra! Es la paz, la paz, la que debe guiar el destino de los pueblos y de toda la humanidad”. La dureza del corazón humano sigue siendo un gran misterio. La conversión es una tarea permanente, obra nuestra y obra de Dios.

¿Qué es la Cuaresma? Son cuarenta días preparatorios para la celebración de la Pascua. Es un camino, como el del pueblo de Dios por el desierto durante cuarenta años. Como el camino del profeta Elías hacia el Horeb durante cuarenta días, o los cuarenta días de Jesús en el desierto antes de iniciar la predicación del Reino llamando a la conversión.

La Cuaresma es de algún modo el símbolo de nuestra vida terrenal. Un caminar la vida sostenido por la confianza en la promesa de Dios, con la esperanza de gozar de la Tierra Prometida de la justicia, de la verdad, del amor y de la paz. Camino plagado de tentaciones, de idas y vueltas en la lucha contra el espíritu del mal, de logros y frustraciones. Sostenidos y sostenidas por los signos de la presencia de un Dios que nunca abandona.

El Papa Francisco nos ha convocado a vivir esta Cuaresma con un Mensaje que titula con palabras del apóstol Pablo: “No nos cansemos de hacer el bien, porque la cosecha llegará a su tiempo si no desfallecemos. Por lo tanto, mientras estamos a tiempo hagamos el bien a todos” (Ga. 6, 9-10).

“No nos cansemos…” Si algo hemos experimentado en esta pandemia es el cansancio. No sólo referido a uno de los tantos síntomas propios del Covid 19, sino el cansancio que produce el vivir cumpliendo protocolos; el agobio que produce ver que nuestra historia se teje de buenos resultados, pero también con muchas frustraciones; el cansancio por la espera de “una justicia demasiado largamente esperada”. El dolor que trajo también ha provocado desazón, disgusto, enojos, incomprensiones, enfrentamientos, divisiones, reclamos de todo tipo, destrato, oportunismos mezquinos, y tantas otras miserias humanas. Muchas ya estaban en nuestros corazones, pero la pandemia dejó al desnudo nuestras fragilidades y las crudas realidades negativas de la sociedad.

“No nos cansemos de hacer el bien…” En este caminar de todos durante la pandemia, también se encendieron muchas luces que iluminaron tantas oscuridades. Muchos corazones de personas que no se quedaron encerrados en la queja de lo perdido o amenazado, sino que saliendo de sí mismos se lanzaron a servir, algunas de ellas hasta el heroísmo. La mayoría de esas personas son anónimas, pero no desconocidas por Dios y por sus entornos. Ellos son los profetas de nuestro tiempo, que no sólo indicaron dónde está el mal, sino que se jugaron con sus horas de servicio, de ayuda, de cercanía a los corazones rotos por el dolor, la tristeza, la enfermedad, el sufrimiento en todas sus manifestaciones físicas, síquicas y espirituales. “La Cuaresma nos llama a poner nuestra fe y nuestra esperanza en el Señor (cf. 1 P 1,21), porque sólo con los ojos fijos en Cristo resucitado (cf. Hb 12,2) podemos acoger la exhortación del Apóstol: «No nos cansemos de hacer el bien» (Ga 6,9)” (Francisco. Mensaje de Cuaresma 2022).

El Camino sinodal que vamos haciendo en la diócesis de Quilmes quiere asumir toda esta realidad de luces y sombras, de gracia y de pecado, de sufrimientos y de alegrías. El Señor Resucitado camina con nosotros. Él es nuestra esperanza y nuestra alegría. Reconocemos que también en nuestra misión de discípulos misioneros hemos experimentado el cansancio, la falta de entusiasmo, el desaliento y la tristeza. Es Jesús que, como a los discípulos de Emaús, nos dice: “¿De qué vienen hablando por el camino?” (cf. Lc. 24, 13).

Por ello, invito a toda la Iglesia Diocesana a participar del Primer Encuentro del Camino Sinodal, que se realizará el sábado 19 de marzo, fiesta de San José, en la Casa “Santo Cura Brochero”, en Bosques, Florencio Varela, de 9 a 18 horas. “¿De qué vienen hablando por el camino?” es el lema que nos convoca. ¡Invitemos y participemos!

La Campaña de la Fraternidad que en cada Cuaresma realizamos, se lanzará a partir del 19 de marzo, con el lema, “La droga es una herida abierta en nuestra sociedad”. Como fruto de nuestras privaciones vayamos preparando nuestra ofrenda, para ayudar a todos los centros dedicados a la atención de la problemática de las adicciones existentes en la Diócesis de Quilmes.

Hermanas y hermanos, iniciamos la Cuaresma en medio de una gran incertidumbre para toda la humanidad. En tiempos de crisis siempre existe la tentación del individualismo, “sálvese quien pueda”. La exhortación del Papa Francisco al inicio de la pandemia “todos estamos en la misma barca”, también vale ahora. La Cuaresma debe unirnos en el seguimiento fiel a Jesucristo. “La misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por el pueblo. Cuando nos detenemos ante Jesús crucificado, reconocemos todo su amor que nos dignifica y nos sostiene, pero allí mismo, si no somos ciegos, empezamos a percibir que esa mirada de Jesús se amplía y se dirige llena de cariño y de ardor hacia todo su pueblo”. “La entrega de Jesús en la cruz no es más que la culminación de ese estilo que marcó toda su existencia. Cautivados por ese modelo, deseamos integrarnos a fondo en la sociedad, compartimos la vida con todos, escuchamos sus inquietudes, colaboramos material y espiritualmente con ellos en sus necesidades, nos alegramos con los que están alegres, lloramos con los que lloran y nos comprometemos en la construcción de un mundo nuevo, codo a codo con los demás. Pero no por obligación, no como un peso que nos desgasta, sino como una opción personal que nos llena de alegría y nos otorga identidad” (EG 268-269).

Que el Señor, pleno de amor y de misericordia, nos bendiga con el don de la paz y de la reconciliación. La Virgen María, Reina de la paz, interceda por su pueblo.

Fraternalmente,

Mons. Carlos José Tissera, obispo de Quilmes
Quilmes, 26 de febrero de 2022