Domingo 3 de julio de 2022

Documentos


Cata pastoral de Navidad

Carta pastoral de monseñor Fray Carlos A. Azpiroz Costa OP, arzobispo de Bahía Blanca para la Navidad (Bahía Blanca, 8 de diciembre de 2021, Solemnidad de la Inmaculada Concepción)

A+M

«SOÑANDO CON SAN JOSÉ, CUSTODIO DEL REDENTOR Y ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA»

Notas “navideñas” para el discernimiento comunitario de algunas líneas pastorales arquidiocesanas[1]

Hemos celebrado un “Año dedicado a San José” (en el 150º aniversario de su proclamación como Patrono de la Iglesia universal). A él hemos querido también consagrar nuestra Arquidiócesis. José, el carpintero, ha amado a Jesús con corazón de padre y por ello lo veneramos como padre amado; padre en la ternura, la obediencia y la acogida; padre de la valentía creativa; padre trabajador; padre en la sombra[2].

Recordarán, quizás, la Carta navideña del año pasado «Todos ustedes son hermanos» (22.12.2020). Entonces, deseaba reflexionar con ustedes este aspecto central de nuestra común vocación: la fraternidad – sororidad. Lo hacía, de la mano de José, el hijo de Jacob, hermano entre hermanos (que lo llamaban irónicamente: “El soñador”). En dicho mensaje me / les preguntaba: ¿Qué soñamos para nuestra Arquidiócesis?[3]

Compartía en ese mensaje un sugestivo texto del Eclesiástico: «Vanas y engañosas son las esperanzas del insensato, y los sueños dan alas a los necios. Tratar de asir una sombra o correr detrás del viento es dar crédito a los sueños. Las visiones de los sueños no son más que un espejismo: un rostro ante el reflejo de su propia imagen. ¿Puede sacarse algo puro de lo impuro o de la mentira puede salir la verdad? Adivinaciones, augurios y sueños son cosas vanas, puras fantasías, como las de una parturienta. A no ser que los envíe el Altísimo en una visita, no les prestes ninguna atención» (34, 1-6).

En la Biblia encontramos muchos hombres y mujeres que sueñan cosas realmente inspiradas por Dios. Permítanme también recordar (volver a poner en el corazón) que nuestra vocación, personal y comunitaria, podemos llamarla en cierta manera: “el sueño de Dios para nosotros”.

Sin pretender abrazar “la vida”, lo “ya vivido” o lo “por vivir” como nuestros «sueños» personales o comunitarios ¡vale la pena meditar que en la objetividad de la vida tiene que entrar la capacidad de soñar! ¡Soñar es desear, buscar horizontes, abrirse a cosas grandes! Compartir con otros los sueños implica acoger y aceptar al que piensa diferente ¡o alberga otros sueños!

San José, el “padre soñador”
San José –siguiendo este hilo argumental- también es un «soñador». Recordemos juntos en este tiempo de preparación a la Navidad, el modo como el Señor –en sueños- sopla al oído de su corazón obediente ¡su vocación! (es decir: los sueños de Dios para quien sería llamado el padre de Jesús).

José, había ya contraído matrimonio con María y seguramente deseaba, añoraba, soñaba un futuro para ambos. Lo sabemos por propia experiencia: es muy doloroso constatar que –quizás- en el corazón de una persona amada (una persona “soñada”) no pareciera haber sitio para uno. ¡No es fácil descubrir que no tenemos cabida en los sueños de los otros!

«José, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto» (Mateo 1,19). En la plenitud de los tiempos, Dios anunció a María su plan de salvación. ¡También lo hizo con José revelándole su vocación, la de María, la del Niño que nacería y del cual sería padre adoptivo! Así le reveló el camino que recorrerían juntos, un camino sinodal.

Leemos en el Evangelio: «Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados» (Mateo 1, 20-21). Su respuesta fue inmediata: «Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa» (Mateo 1, 24). Respetando la vida de su prometida y de la criatura que se gestaba en su seno, Dios revela entonces a José, hombre justo, el misterio de la maternidad de su prometida, del nacimiento y nombre del Mesías, el misterio de su paternidad adoptiva.

Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció nuevamente en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».» (Mateo 2,13). Sin cuestionarse acerca de las dificultades que podía encontrar: «José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: "Desde Egipto llamé a mi hijo"» (Mateo 2,14-15).

En Egipto, José esperó con docilidad (capacidad de saber – dejar – decirse – algo) el aviso prometido por el Ángel para regresar a su país. «Cuando murió Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José, que estaba en Egipto, y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño”. José se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel.» (Mateo 2, 19-21).

¡Pero no todo es tan simple y sereno en la vida! Durante el esperado viaje de regreso, «…al saber que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea, donde se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo que había sido anunciado por los profetas: "Será llamado Nazareno"» (Mt 2, 22-23).

Los sueños que se comparten nos ayudan a tener el corazón y la mente abierta; los sueños que se comparten alimentan la esperanza. La esperanza, lo sabemos, no es un estado de ánimo (como el optimismo); la esperanza es sufrida; la esperanza sabe sufrir para llevar adelante un proyecto; la esperanza sabe sacrificarse, es fecunda y se da en el trabajo. Esto se relaciona con la cultura del encuentro.

Repasando lo que la experiencia sinodal diocesana nos va diciendo
Tanto el proceso que nos ha propuesto la Asamblea Eclesial para América Latina y El Caribe, como el itinerario que conduce hacia la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre «La Sinodalidad (2021-2023)[4]» nos impulsan a caminar juntos por esta vía (conocemos la Hoja de ruta para la fase diocesana; el Documento preparatorio; el Vademécum)…

San Pablo escribe a los Filipenses: «Cualquiera sea el punto adonde hayamos llegado, sigamos por el mismo camino» (3, 16). Es cierto, no podemos dejar de lado el camino recorrido. Por ello, inspirado también en las enseñanzas del Apóstol a Timoteo (2ª Timoteo 4, 2) insistiendo con ocasión o sin ella, arguyendo, reprendiendo y exhortando, con paciencia incansable y con afán de enseñar, vuelvo a presentarles las palabras claveque sueñan nuestras comunidades; las notas que soñamos para nuestra pastoral; las acciones para animar esos sueños.

No pretendo añadir páginas a las ya enviadas (¿conocidas?) sino, más bien, invitar a hacer memoria para que sigamos buscando -juntos- más claridad en la dirección a la cual el Señor nos invita a caminar. [“Dirección” en el sentido de “orden”, “meta” o “hacia dónde”]. Tratemos más bien de profundizar -una vez más- en todo aquello que el Espíritu suscita al oído de nuestros corazones, no tanto para sumar textos sino para ser testigos.

I. Algunas palabras clave que seguimos soñando para nuestra diócesis

1. Escucha
Una escucha atenta frente a la realidad particular y concreta de la aceptación del otro como camino para avanzar en la integración de la Comunidad. Una escucha que no debe ser confundida con actitudes paternalistas - maternalistas, o de “pupilaje” sobre los demás. Se trata de saber acompañar como cristianos maduros en el proceso de fe, sabiendo comprender lo que pasa en el corazón de cada hermano sin perder de vista las exigencias que nacen del evangelio y de nuestra realidad pastoral. En definitiva: se trata de una escucha prudente, atenta, dispuesta y conciliadora.

2. Trabajo en red
La importancia del trabajo en Red, es otra de las palabras importantes, expresadas también como necesidad de una mejor comunicación y concertación de la comunión eclesial, que permita optimizar recursos y fuerza. Esto acrecienta la necesidad de hacer juntos como una instancia para saber estar y ser comunidad.

3. Sentido de pertenencia
Es necesario fortalecer el sentido de pertenencia (parroquialidad); que nos permite, entre tantos medios, sentirnos Familia en el crecimiento de vínculos sanos y sinceros nacidos de la experiencia y el encuentro con Dios y no de la pertenencia a una mera “estructura territorial”. Nos permite descubrir la dimensión de “parroquialidad” y “diocesaneidad”.

Es imprescindible aprender a trabajar en la parroquia sintiéndonos cada uno “parte responsable” de la tarea de la evangelización y “parte corresponsable” educando en la fe con acciones y gestos. Esto hará de nuestros hermanos y hermanas sujetos libres y coherentes con la tarea evangelizadora.

El sentido de pertenencia refuerza la territorialidad, haciéndonos protagonistas activos de la extensión del Reino. Si queremos llegar a todos, mejor, que cada uno esté en su lugar.

Nos recuerda el Concilio Vaticano II: … cultiven sin cesar el sentido de diócesis, de la que la parroquia es su célula, dispuestos siempre a consagrar también sus esfuerzos a las obras diocesanas, siguiendo la invitación de su Pastor (Apostolicam Actuositatem 10 c).

4. Oración
La oración entendida también como camino para fortalecer una corriente de gracia a nivel personal, parroquial y diocesano. Resignificando el encuentro con Jesús en los distintos planos donde vivimos, nos movemos y existimos (cf. Hechos 17, 28).

Aprender a estar en oración, aprender a ver la realidad con la inteligencia de la fe que se alimenta en la oración; aprender así a acompañar los procesos de fe a las personas.

La oración es una herramienta indispensable para fortalecer nuestra fe, entrenarnos para crecer en la capacidad de escucha y reconocer los signos de Dios en la vida. Los frutos del encuentro con Jesús en la oración que nos ayudan a vivir la misión son: confianza en los tiempos de Dios, entusiasmo y sensibilidad.

II. Soñamos algunas notas para nuestra pastoral

» Una evangelización multi - dimensionada, integrada, evitando reduccionismos que recortan la experiencia de fe de la persona.

Multi-dimensionada: que tenga en cuenta la cultura, la comunidad, lo emocional y lo ético. De esa manera la evangelización siempre será inclusiva, abierta, concreta y experiencial. Esto refuerza la conciencia de sentirnos portadores de una verdad que no nos pertenece pero que se debe compartir para enriquecerla.

Para eso, entre todos los medios creados por la Iglesia para evangelizar el medio y la cultura, guarda un lugar destacado la parroquia. Si bien ésta es insuficiente para abordar todos los problemas de la evangelización en el presente, resulta aún indispensable, porque su misión coincide con la misión de la Iglesia. Las Parroquias son el instrumento para que la Iglesia esté visible, encarnada y operante entre los hombres (CEA - Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización 43).

La importancia de la renovación de la Parroquia, nace del encuentro vivo con Jesús Resucitado y la necesidad de compartir la experiencia con los hermanos.

Nos recuerda San Juan Pablo II: La comunión eclesial, aun conservando su dimensión universal, encuentra su expresión más visible e inmediata, en la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y sus hijas. Es necesario que todos volvamos a descubrir por la fe, el verdadero rostro de la Parroquia; o sea, el misterio mismo de la Iglesia presente y operante en ella… la parroquia no es principalmente una estructura, territorio, un edificio; ella es “la familia de Dios como una fraternidad animada por el espíritu de unidad, es una casa de familia, fraterna y acogedora, es la comunidad de los fieles” (Christifideles laici 26-27).

» Una formación integral.
Una formación, entendida como capacitación para confiar en las propuestas y en las orientaciones que la Iglesia local propone para que andemos juntos los caminos de la fe.

Una formación integral de los agentes de pastoral, atendiendo a cada área en particular y con la necesidad que atañe a cada una de ellas. Por ejemplo, en la pastoral misionera: distinguir una formación espiritual-personal y una formación específica para la misión.

Una formación que evite los estereotipos y que se adecue – actualice, ponga al día a los tiempos que vivimos, prescindiendo de todo reduccionismo.

» La administración de los sacramentos
Una comunidad que siente la urgencia de la escucha, de ser escuchada y de escucharse pide la presencia y el acompañamiento de los ministros en la administración de los sacramentos.

Los Sacramentos nos ayudan a una mayor sensibilidad a la vida de gracia, a una comprensión de la realidad más concreta, de quien los recibe y porque quiere recibirlos.

Se ve la necesidad que, en la administración atenta y prudente de ellos, el sacerdote, encarne la compasión sana y edificante para que cada fiel cristiano se encuentre con el Dios vivo.

“La repetición rutinaria, que se opone a todo cambio, por una parte; y la improvisación irreflexiva que afronta con ligereza los problemas, por la otra, son igualmente peligrosas (Asamblea del Sínodo de los Obispos 1977)”. Los criterios, el orden, la apertura y la accesibilidad a los sacramentos, tienen que encausarse conforme al magisterio, pero atendiendo a la realidad particular y concreta de cada comunidad.

III. Algunas acciones para animar esos sueños

(Estas propuestas son pensadas desde lo que nuestro pueblo fiel viene compartiendo en los encuentros arriba mencionados. Si bien las expresamos de modo universal, han de ser aplicadas de modo particular y concreto –encarnado- de acuerdo a cada realidad pastoral y parroquial).

a) Fortalecer los consejos parroquiales (pastoral y económico) para que las conclusiones puedan reflexionarse en esos ámbitos y surjan las propuestas concretas en cada comunidad. ¡Es hora de conformar estos consejos en las comunidades que aún no los tienen!

b) Animar lasáreas pastorales en las parroquias, desde los equipos diocesanos y o zonales, para compartir recursos y colaborar en la formación de los agentes pastorales.

c) Proponer una formación integral, totalizante de la conciencia y el corazón de nuestros fieles, educar la fe de nuestros adultos y jóvenes en todos los ambientes, sin descuidar a los niños, ancianos y sufrientes. Una formación que implique la necesidad de “sentirnos familia”, de “sentirnos comunidad”, de “sabernos personas convencidas de la fe que conocemos, celebramos y amamos”.

d) Incentivar a las distintas áreas de pastorales específicas, a que elaboren un plan de acción anual o de largo plazo, determinando objetivos concretos y saber comunicarlos. Esto marcará, objetivos mínimos comunes que contribuirán al fortalecimiento de un Plan Pastoral a nivel Arquidiocesano.

e) Mejorar la comunicación, la accesibilidad de datos e información y sortear la información unidireccional. Para ello se propone: Aprender a ser sagaz en el trabajo en Red, (habilidad para comprender las cosas y percibir con claridad lo que ellas conllevan); aprender a explorar, explotar y desarrollar el ámbito tecnológico permitiendo y acrecentando un vínculo más cercano y ágil. Esto permite facilitar el mapa de ofertas y propuestas por zonas y áreas pastorales.

IV-. Propuestas para encarnar esos sueños
(se refieren tanto a las palabras claves como a los ejes de posibles lineamientos pastorales).

» Se sugiere incorporar los docentes de las Escuelas Católicas de la diócesis a los espacios de trabajo de la Pastoral Juvenil en los sucesivos EPA.

» En la realización de los Encuentros pastorales zonales, es importante que se tengan en cuenta las mismas áreas de pastoral Arquidiocesana y al mismo tiempo se fortalezcan aquellas áreas más significativas de cada zona.

» Procurar generar actividades transversales que comprometan a toda la comunidad parroquial y acerquen a la parroquia las distintas franjas etarias teniendo en cuenta las particularidades, dones y talentos de cada una.

» Promover una actitud de acogida cordial en las comunidades parroquiales; sabiéndonos familia y descubriendo que todos tenemos un lugar en la mesa del Señor. Ser acogedores a la hora de la administración de los sacramentos; saber escuchar en las Secretarias parroquiales; aprender a comprender y no justificar las realidades que nos tocan vivir con su particular carga de “vertiginosidad”.

» Establecer urgentemente que la comunidad se comprometa en pos de un cambio social. Esto implica, establecer algún tipo de relación con las instancias políticas y sociales que tienen poder de decisión y programarse como “comunidad en salida”. Esto significa aprender a “bajar el evangelio a la calle”.

Que nuestra Madre y Maestra, Señora de la Merced, nos ayude a «soñar» soplando al oído del corazón de cada parroquia, de cada comunidad y movimiento, de cada uno de nosotros, aquellas palabras que nos ayudan a caminar juntos: «Hagan todo lo que él les diga» (Juan 2, 5).

¿No es esto lo que San José nos enseña también en medio de circunstancias tan difíciles? Su actitud no ha transformado aquellos “tiempos difíciles” en “tiempos fáciles”. Su amor paterno, ternura, obediencia, acogida, valentía creativa, trabajo oculto, sí hizo de aquellos tiempos difíciles ¡tiempos salvíficos!

Recemos juntos la oración de consagración de la Arquidiócesis a San José.

Salve, San José, custodio del Redentor
y esposo de la Virgen María

A ti Dios confió a su Hijo,
en ti María depositó su confianza,
contigo Cristo se forjó como hombre.

En la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María,
venerada en la Arquidiócesis de Bahía Blanca
como «Señora de la Merced»;
culminando el Año que hemos celebrado en tu honor;
deseamos consagrarnos a tu intercesión
implorándote, como Patrono de la Iglesia universal,
la gracia de las gracias: nuestra conversión.
Lo hacemos con la sencillez y humildad que
nos enseñas en tu vida silenciosa junto a María y Jesús.


Bienaventurado José,
muéstrate padre también a nosotros
y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía,
y defiéndenos de todo mal. Amén.

Les deseo una muy feliz y fecunda Navidad. El Año Nuevo 2022 nos regale de parte del Señor muchas cosas verdaderas, buenas, bellas ¡Cosas de Dios!

Fraternalmente en Jesús, María y José

Mons. Fray Carlos Alfonso Azpiroz Costa OP, arzobispo de Bahía Blanca

*APÉNDICE*

«PARA SEGUIR ANDANDO NOMÁS»

Les presento los “12 desafíos pastorales de la Asamblea eclesial de América Latina y El Caribe” que el Mensaje final de dicha Asamblea (27.11.2021) señala. Es importante leer todo el mensaje para conocer, comprender y contemplar estos desafíos en su contexto.

Propongo a todas y cada una de nuestras comunidades arquidiocesanas (parroquias, capillas barriales, consagrados y consagradas, grupos juveniles, misioneros, movimientos, etc.) intentar, sin pretender excluir o hacer exclusivo alguno de estos desafíos, rezarlos, dialogar sobre ellos, discernir, señalar cuáles de estos desafíos nos parecen prioritarios. Sin descartar alguno, buscar sí “traducirlo” a la realidad de cada comunidad.

Esta tarea preparará sin duda los próximos pasos del camino sinodal eclesial (ej.: los encuentros “zonales” previstos para el inicio del año que viene). Aquí están:

» Reconocer y valorar el protagonismo de los jóvenes en la comunidad eclesial y en la sociedad como agentes de transformación.
» Acompañar a las víctimas de las injusticias sociales y eclesiales con procesos de reconocimiento y reparación.
» Impulsar la participación activa de las mujeres en los ministerios, las instancias de gobierno, de discernimiento y decisión eclesial.
» Promover y defender la dignidad de la vida y de la persona humana desde su concepción hasta la muerte natural.
» Incrementar la formación en la sinodalidad para erradicar el clericalismo.
» Promover la participación de los laicos en espacios de transformación cultural, político, social y eclesial.
» Escuchar el clamor de los pobres, excluidos y descartados.
» Reformar los itinerarios formativos de los seminarios incluyendo temáticas como ecología integral, pueblos originarios, inculturación e interculturalidad y pensamiento social de la Iglesia
» Renovar, a la luz de la Palabra de Dios y el Vaticano II, nuestro concepto y experiencia de Iglesia Pueblo de Dios, en comunión con la riqueza de su ministerialidad, que evite el clericalismo y favorezca la conversión pastoral.
» Reafirmar y dar prioridad a una ecología integral en nuestras comunidades, a partir de los cuatro sueños de Querida Amazonía.
» Propiciar el encuentro personal con Jesucristo encarnado en la realidad del continente.
» Acompañar a los pueblos originarios y afrodescendientes en la defensa de la vida, la tierra y las culturas.


Notas:
[1] Cf. Carta pastoral “Soñemos juntos” (20.02.2020), Compartiendo algunas líneas pastorales arquidiocesanas tras los Encuentros Pastorales zonales 2018 y el Encuentro Pastoral Arquidiocesano 2019.
[2] Cf. Papa Francisco, Carta Apostólica Patris corde, (8.12.2020); San Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Redemptoris custos (15.08.1989).
[3] Cf. Papa Francisco, Exhortación apostólica postsinodal Querida Amazonia (2.02.2020)
[4] Cf. en Sínodo 2021 - 2023 (synod.va)