Viernes 28 de enero de 2022

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Aprobación de la beatificación de los Mártires del Zenta

Mensaje de monseñor fray Luis Antonio Scozzina OFM, obispo de Orán, con motivo de la aprobación de la beatificación de los Mártires del Zenta (San Ramón de la Nueva Orán, 23 de octubre de 2021)

1. Los Mártires del Zenta y la comunidad misionera
El Santo Padre ha aprobado que los misioneros del Zenta Don Pedro Ortiz de Zárate, párroco de Jujuy y Juan Antonio Solinas, sacerdote jesuita sean declarados mártires. Junto a ellos celebramos la entrega heroica de la “comunidad misionera” que los acompañaban, un grupo de laicos, entre ellos españoles, mulatos y aborígenes venidos desde Humahuaca al servicio del proyecto misionero.

La celebración de la beatificación de los Mártires del Zenta es una oportunidad para asumir el desafío de la evangelización misionera llamada a vivir la inculturación del Evangelio. La Iglesia al mismo tiempo que anuncia, siempre reconfigura su identidad en escucha y diálogo con las personas, realidades e historias de su territorio. Estamos llamados a restaurar un rostro pluriforme de una Iglesia inculturada en la complejidad cultural que somos. (Cf.QA66-69).

En 1683 la presencia de los misioneros del Zenta entre los pueblos originarios, en contexto de colonización, fue un anuncio pacificador superando la lógica de la dominación. El anuncio del Evangelio es para proponerles la amistad con el Señor que los promueve y dignifica. Es el anuncio de un Dios que ama infinitamente a cada ser humano y cada pueblo con su propia cultura.

Según Redeptoris Missio 34 la evangelización misionera en medio de los pueblos y culturas se define como “mantener viva la solicitud por el anuncio y por la fundación de nuevas iglesias en los pueblos y grupos humanos donde no existen, porque ésta es la tarea primordial de la Iglesia, que ha sido enviada a todos los pueblos, hasta los confines de la tierra”. Esta fue la motivación de la iniciativa misionera de esta comunidad de mártires.

Viviendo el ardor misionero se animaron a incursionar en estas tierras, sin armas, sin ejército que los secundara, sin el poder de los conquistadores. Inspirados en la vocación de servicio, a una vida de proximidad y de entrega, viviendo el mandato que Cristo nos ha dado: “anunciar la Buena Nueva en todo el mundo”. El sacrificio de los mártires es el signo tangible de que la propagación de la fe no es una cruzada sino un abrazo de culturas, pueblos y religiones, la total disponibilidad de uno mismo para la escucha y la acogida mutua.

2. Desde Querida Amazonía: una Iglesia inculturada
En el Sínodo de la Amazonía se nos ofrece una clave para reinterpretar la misión evangelizadora en el contexto pluricultural de las Iglesias del NOA, donde se nos invita a superar la visión colonizadora y eurocéntrica de la misión. “La Iglesia en su proceso de escucha al clamor del territorio y del grito de los pueblos ha de hacer memoria de sus pasos. La evangelización en América Latina fue un don de la Providencia que llama a todos a la salvación en Cristo. A pesar de la colonización militar, política y cultural, y más allá de la avaricia y la ambición de los colonizadores, hubo muchos misioneros que entregaron su vida para transmitir el Evangelio. Frecuentemente el anuncio de Cristo se realizó en connivencia con los poderes que explotaban los recursos y oprimían a las poblaciones. En el momento presente, la Iglesia tiene la oportunidad histórica de diferenciarse de las nuevas potencias colonizadoras escuchando a los pueblos amazónicos para poder ejercer con transparencia su actividad profética”. (Documento final del Sínodo, “Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral,15).

En su carta postsinodal Querida Amazonía (QA), el Papa nos recuerda que la historia de la evangelización estuvo marcada por la colonización y que la historia de injusticias y explotación vividas en nuestro territorio nos tendrían que generar indignación y rechazo, y al mismo tiempo, estar más sensibilizados a los actuales atropellos a la dignidad de las personas y de los pueblos. “Las historias de injusticia y crueldad ocurridas en la Amazonía aun durante el siglo pasado deberían provocar un profundo rechazo, pero al mismo tiempo tendrían que volvernos más sensibles para reconocer formas también actuales de explotación humana, de atropello y de muerte.” (QA 15)

Un gran desafío de la presencia profética y misionera de la Iglesia es creer que: “Es posible superar las diversas mentalidades de colonización para construir redes de solidaridad y desarrollo; el desafío consiste en asegurar una globalización en la solidaridad, una globalización sin dejar nadie al margen». (QA 17)

3. Llamados a una conversión pastoral
“La Iglesia por naturaleza es misionera y tiene su origen en el “amor fontal de Dios” (AG 2). El dinamismo misionero que brota del amor de Dios se irradia, expande, desborda y se difunde en todo el universo. “Este desbordamiento impulsa a la Iglesia a una conversión pastoral y nos transforma en comunidades vivas que trabajen en equipo y en red al servicio de la evangelización. La misión así comprendida no es algo optativo, una actividad de la Iglesia entre otras, sino su propia naturaleza. ¡La Iglesia es misión! «La acción misionera es el paradigma de toda la obra de la Iglesia» (EG 15). “Ser discípulo misionero es algo más que cumplir tareas o que hacer cosas. Se sitúa en el orden del ser. Jesús nos indica a nosotros, sus discípulos, que nuestra misión en el mundo no puede ser estática, sino que es itinerante. El cristiano es un itinerante” (Francisco, Ángelus, 30/06/2019). (DF 21)

Caminar, salir, ir al encuentro, escuchar, caminar juntos. Llamados a vivir una Iglesia misionera y sinodal. La sinodalidad, entendida como una gran orquesta en la que cada uno toca un instrumento distinto, pero desde la unidad. Esa impronta de la Trinidad en la Iglesia se manifiesta como comunión, participación caminando juntos en la misión.

Profundizar procesos de inculturación y reconocer que otros pueblos puedan ser sujetos creadores de una cultura cristiana llevaría a “descentrar” culturalmente la Iglesia. Entenderla como un sujeto intercultural la convertiría en un mosaico donde otras culturas además de la europea tengan carta de ciudadanía cristiana. No se trata de un rechazo a la cultura europea sino de sosegar su vocación hegemónica.

Para la Iglesia de la Nueva Orán renovar la entrega misionera y el compromiso social del Evangelio se actualiza en el mensaje del Sínodo de la Amazonía: “la Iglesia se compromete a ser aliada de los pueblos amazónicos para denunciar los atentados contra la vida de las comunidades indígenas, los proyectos que afectan al medio ambiente, la falta de demarcación de sus territorios, así como el modelo económico de desarrollo depredador y ecocida. La presencia de la Iglesia entre las comunidades indígenas y tradicionales necesita esta conciencia de que la defensa de la tierra no tiene otra finalidad que la defensa de la vida.” (DF 46)

En el contexto de la acción de gracias por los 60 años de nuestra Diócesis y de la apertura del Sínodo de los Obispos 2023, quiero invitar a toda la Iglesia diocesana a vivir el acontecimiento de la beatificación de los Mártires del Zenta como un don de la ternura de Dios para con nuestro Pueblo fiel. Él nos consuela, nos anima y nos acompaña para que como Iglesia nacida por el ardor misionero, renovemos nuestra fe y esperanza. Que la escucha del clamor del Espíritu nos anime en la construcción de la fraternidad universal y en el cuidado de la vida y de la dignidad de todas las personas y pueblos. 

El peculiar momento de la historia que nos toca vivir nos dice de muchas maneras que nuestra Iglesia diocesana necesita con urgencia renovar y fortalecer la capacidad de curar heridas, de brindar calor al corazón de los hermanos, dar cercanía, acogida, tener gestos que alivian y reconfortan. En el hoy de la historia, en su permanente salida misionera, la Iglesia es llamada a ser manifestación de acogida y misericordia. “Hacer-tener” la experiencia de la misericordia de Dios que envuelve nuestra vida con su ternura. La Iglesia samaritana está llamada a ser compasiva y misericordiosa.

Quiero concluir con estas palabras del Papa Francisco:

Cuando los pueblos y las culturas se devoran sin amor y sin respeto, no es el fuego de Dios, sino del mundo. Y, sin embargo, cuántas veces el don de Dios no ha sido ofrecido sino impuesto, cuántas veces ha habido colonización en vez de evangelización. Dios nos guarde de la avidez de los nuevos colonialismos.” (Homilía en la misa de apertura del Sínodo de la Amazonía)

Mons. Fray Luis Antonio Scozzina OFM, obispo de Orán
San Ramón de la Nueva Orán, 23 de octubre de 2021