Viernes 19 de agosto de 2022

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XVIII Domingo durante el año

Homilía de monseñor Marcelo Daniel Colombo, arzobispo de Mendoza, para el XVIII Domingo durante el año (Parroquia San Nicolás, Ciudad de Mendoza, 1° de agosto de 2021)

Mis queridos hermanos

Una vez más nos reunimos en torno al Señor, Palabra que nutre y Pan que no perece y alimenta a los peregrinos. Este domingo la Palabra de Dios nos recuerda las contradicciones que vivía el Pueblo de Israel, entre los rigores del camino hacia Tierra Prometida, en hambre y pobreza, pero con libertad. Están desesperados y como suele sucedernos en los momentos en que la vida nos aprieta, flaqueamos y desafiamos a Dios, con preguntas y con enojo, perdiéndonos en razonamientos, olvidándonos de su presencia concreta y visible en nuestras vidas.

La nostalgia como sentimiento muchas veces nos impide ver con claridad y nos inmoviliza. Miramos para atrás con anhelo de volver a vivir determinadas situaciones, olvidando quizá aquellas cosas que también en ese pasado nos hicieron sufrir. Los israelitas podían comer cebolla y carne en abundancia, pero no eran libres sino explotados y maltratados por su condición de extranjeros. En cambio, cuando hacemos memoria de acontecimientos vividos, miramos hacia atrás sin negar nuestros sentimientos, pero lo hacemos con honestidad para evaluarlo todo, dar gracias a Dios por todo lo bueno que vivimos y dar cuenta de lo que nos equivocamos o nos hacía traicionar nuestros ideales y opciones personales.

Moisés y Aarón se ven desafiados por los israelitas que, libres de la esclavitud emprendieron el camino de la libertad. Pero el hambre y el cansancio los llevan a dudar del camino recorrido, de las opciones hechas, de la libertad conquistada a fuerza de caminar junto a su Dios. Son injustos con el Dios de la libertad que, en cambio, no les hará faltar el alimento, anticipando con el maná la entrega de Cristo que un día se entregará como Pan de Vida para todos los hombres. Ese maná será un alimento sencillo y diario, que no les faltará para alimentarse, que no podrán acumular sino consumir mientras siguen su marcha hacia la Tierra prometida. Es un pan que no los distraerá de sus opciones ni incentivará diferencias enojosas que favorezcan cualquier forma de especulación.

En el Evangelio, el Señor sale al encuentro de quienes lo buscan, atraídos por el episodio de la denominada “multiplicación del pan” que compartíamos la semana anterior.

Apelando a la frontalidad más sincera, Jesús les hace notar el interés de la búsqueda que los guía, frágil y superficial si sólo se queda en saciar un hambre material. Los invita a trabajar para alimentarse en plenitud, con aquellas verdades que Cristo desea trasmitirles, con un alimento imperecedero, que no se pierde ni envejece, porque es un mensaje de vida nueva. Ellos buscan un pan que sacia, como el que les dio Moisés a sus padres en el desierto; el Señor les hace ver que no fue Moisés sino Dios mismo que los alimentó. Haciéndoles notar su necesidad de un verdadero Pan, se presenta a sí mismo como ese Pan que es la Verdad y la Vida misma.

En Cristo, camino, verdad y vida, encontramos a quien puede responder en plenitud nuestras preguntas porque es Aquél que puede saciarnos de verdad, responder a nuestros interrogantes más profundos, ser nuestro Camino seguro. Sólo Él puede ayudarnos a despojarnos del hombre viejo y hacernos nuevas criaturas. A no añorar con nostalgia lo que no fue, sino a hacer memoria agradecida, sentida y honesta con lo que el mismo Dios nos permitió vivir y servir, así como reconocer el propio camino recorrido, con sus aciertos, con sus errores y omisiones. Se hace memoria para seguir viviendo, no para inmovilizarnos con el pasado y trabar nuestros pasos hacia la vida en plenitud.

Mons. Marcelo Daniel Colombo, arzobispo de Mendoza