Miércoles 20 de octubre de 2021

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Día del Periodista

Mensaje de los obispos de Bahía Blanca, con motivo del Día del Periodista (7 de junio de 2021)

Bahía Blanca, 7 de junio, 2021

Estimados periodistas:

En este día celebran su profesión, un verdadero "ministerio", es decir: un servicio. Queremos agradecerles por ello, felicitarlos, bendecirlos y pedir a Dios por ustedes.

No son tiempos fáciles los que vivimos y a ustedes les cabe no solamente «describir» lo que pasa, sino también ayudar a «interpretar las causas y consecuencias» de lo que ocurre.

Desearíamos volver a la "normalidad", pero eso podría alienarnos de la misma realidad que buscamos ¡cuánto más ustedes!: Leer, comprender y hacer comprender. Este es nuestro tiempo, el que tenemos a disposición para hacerlo fecundo (no necesariamente "fácil"). Insiste el Papa Francisco que de las crisis o momentos difíciles no salimos "iguales", ¡sino "peores" o "mejores"!

Entre las notas más importantes para la buena práctica del periodismo y para descubrir juntos la fecundidad del tiempo que vivimos, son prioritarias la capacidad y el ejercicio del diálogo. Hoy somos muchos -cuánto más ustedes expertos en la comunicación- los que lamentamos -y mucho- la falta de diálogo en los más diversos niveles.

Asistimos a veces a tristes espectáculos de "notas" o "expresiones" escritas, radiales, de televisión, en las redes, que parecen más verdaderos pugilatos verbales que una conversación. Los que leemos, escuchamos o vemos ese espectáculo sin posibilidad de consenso alguno, esto es: insultos, gritos, acusaciones, amenazas, etc. quedamos impresionados y casi obligados a tomar parte antes que al análisis sereno, profundo, inteligente y no por ello sin pasión.

¿Nos asombra todavía después de leer, escuchar o ver todo eso constatar violencia en la calle, o en los más diversos ambientes? (incluso en los cuales jamás lo habríamos imaginado, lugares que desearíamos fuesen en cierto sentido verdaderos templos de diálogo: el mundo de la salud, de la educación, de la política y también el mundo de lo religioso).

El diálogo o coloquio es, un modo de ejercitar la misión o ministerio que ustedes han elegido y para el cual con mucho esfuerzo se han formado. El diálogo es un arte de comunicación también espiritual. En efecto, se destacan -y por ello seguramente los admiramos- aquellos periodistas que logran con su oficio un verdadero, profundo y transparente diálogo; lo promueven buscando siempre -por carácter transitivo- un camino de comprensión en la sociedad…

Inspirados en San Pablo VI, predecesor del Papa Francisco y tan admirado por éste, nos animamos a señalar algunas de las características del verdadero diálogo:

1) La claridad: Ante todo el diálogo supone y exige la inteligibilidad, pues es un intercambio de pensamiento, una invitación al ejercicio de las facultades superiores del hombre. Bastarían estas notas para clasificarlo entre los mejores fenómenos de la actividad y cultura humana. Esto ha de estimula nuestro deseo de revisar todas las formas de nuestro lenguaje, para ver si éste es comprensible, popular, selecto...

2) La afabilidad: Los cristianos deseamos seguir las huellas de Cristo quien nos exhortó a aprender de sí mismo: Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón(Mt 11, 29); por ello el diálogo no es orgulloso, no es hiriente, no es ofensivo. Su autoridad es intrínseca por la verdad que expone, por el amor que la difunde, por el ejemplo que propone; no es un mandato ni una imposición. Es pacífico, evita los modos violentos, es paciente, es generoso.

3) La confianza: Esta refiere tanto al valor de la propia palabra como a la disposición para acogerla por parte del interlocutor; por ello promueve la familiaridad y la amistad; entrelaza los espíritus en una mutua adhesión a un Bien, que excluye todo fin egoísta (ganar, vencer, humillar, escrachar, burlarse, etc.)

4) La prudencia pedagógica: En todo diálogo hemos de tener en cuenta siempre las condiciones psicológicas y morales del que escucha: si es un niño, si es joven, si es una persona madura, si no está preparada, si es desconfiada, hostil, etc. Por ello nos esforzamos en conocer la sensibilidad de aquel con quien dialogamos; nos esmeramos en adaptar razonablemente y modificar las formas de la propia presentación para no serle molesto e incomprensible. Esto no significa manipular la verdad, sino adecuar la expresión, el modo de transmitirla, según el destinatario del mensaje.

Cuando el diálogo se conduce así, se realiza la unión de la verdad con la caridad, de la inteligencia con el amor.

¡Felicidades en su día! ¡Gracias por ser promotores de diálogo en nuestra Patria que -verdaderamente- necesita de ello!

Mons. Fray Carlos Azpiroz Costa, arzobispo de Bahía Blanca
Mons. Jorge Luis Wagner, obispo auxiliar