Lunes 20 de septiembre de 2021

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Ahora nos toca a nosotros

Homilía de monseñor Marcelo Daniel Colombo, arzobispo de Mendoza, en la solemnidad de la Ascensión (Carmelo del Espíritu Santo y María, Madre de la Iglesia, Luján de Cuyo, 16 de mayo de 2021)

Queridos hermanos

En este domingo, el Señor Resucitado anuncia a los apóstoles, la venida inminente del Espíritu Santo prometido y lo hace en el contexto de su regreso al Padre.

La primera lectura comienza indicándonos que este texto continúa a otro precedente con la vida de Jesús, sus enseñanzas y sus signos. Se está refiriendo al Evangelio de Lucas, el cual quedó separado de este Libro, el de los Hechos, que trasmitirá los acontecimientos relacionados con la vida de la Iglesia naciente a partir de la Ascensión.

Ante la inminente partida del Señor, los discípulos preguntan por su regreso. Jesús les comunica que esta determinación corresponde al Padre, pero que en breve recibirán el Espíritu Santo prometido. Por eso los invita a permanecer juntos hasta que esto suceda, para después trasmitir esta buena Nueva a todas las regiones vecinas y “hasta los confines del mundo”. Así, el Señor les traza un horizonte testimonial amplio que en adelante constituirá la misión de la Iglesia y que nos recuerda aquella expresión del Evangelio de Mateo (28,19): Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.” Según el relato de Lucas, terminado este diálogo, el Señor asciende a los cielos y ante la turbación de los discípulos, dos hombres de blanco les anuncian que el Señor volverá como lo había prometido.

Podríamos preguntarnos por la ausencia de Dios, por esta partida que nos deja huérfanos, por este irse de nosotros al Padre, nosotros que tanto lo necesitamos…. Sin embargo, es posible verlo de otro modo. En este designio de partir del Hijo, hay un gesto de profunda confianza suya en los discípulos que ha formado y ante los cuales ha testimoniado la prometida Resurrección. ¡Ahora les toca a ellos, y con ellos, a nosotros, la Iglesia! Deberán expresar en la profunda comunión que los une, la esperanza en la llegada del E. Santo prometido para poder anunciar íntegra y audazmente el Evangelio. En la pedagogía de Lucas, los cuarenta días posteriores a la Pascua constituyen una oportunidad para formar el corazón junto al Resucitado en vistas a la misión.

De esa unidad de los apóstoles en la fe, la esperanza y el amor, nos habla el texto de la Carta a los Efesios. Somos parte de un único Cuerpo, que es la Iglesia, cuya Cabeza es Cristo; Él nos orienta y anima en el camino de anunciarlo ante los hombres. Su Espíritu Santo nos inspira e ilumina por los senderos de la misión.

El Evangelio de Marcos que escuchamos, en total sintonía con la primera lectura, nos invita a contemplar la Ascensión del Señor como el punto de partida para comenzar la misión de la Iglesia. Jesús los invita a proclamar el Evangelio con fuerza, acompañados de los signos que Él les promete como confirmación de la gracia trasmitida. Así serán una Iglesia que incorpora, que ora y pide por la salud de sus hijos, que anuncia el Evangelio con alegría y esperanza.

En estos tiempos tan particulares que atravesamos nos toca testimoniar la esperanza sin dejar de anunciar el Evangelio, de rezar y de hacernos presentes en el mundo del dolor, dentro de las dolorosas limitaciones que nos impone la pandemia y las restricciones de política sanitaria. Los signos que ponen nuestras parroquias con sus Cáritas, la Pastoral de la Calle, la Pastoral de la Salud y las otras pastorales presentes entre los más pobres, nos hablan de una Iglesia en clave de esperanza que anunciará siempre al mundo la presencia de un Dios comprometido con la historia de los hombres, llamados a creer en Él para tener vida.

Este domingo, la Iglesia celebra con la Ascensión, la Jornada de las comunicaciones sociales. Es la oportunidad de dar gracias a Dios por tantos comunicadores que responden con fidelidad al encargo de trasmitir la verdad de cuanto acontece. En primer lugar, quiero agradecer a nuestros propios comunicadores que integran una Pastoral siempre atenta a difundir la buena noticia del Señor entre nosotros, aquí en Mendoza. Creativos y eficaces, son siempre multiplicadores de todo cuanto la Iglesia realiza en continuidad con el Divino Maestro. Además, deseo felicitar a todos los periodistas, locutores y personal de los medios de comunicación que sirven a la comunidad desde el arte de la comunicación.

En estos días hemos celebrado los cuarenta años de este querido Carmelo del Espíritu Santo y María, Madre de la Iglesia. En Mendoza sabemos del valor de los oasis. Este Carmelo, como todo monasterio contemplativo, son oasis en los desiertos de las sociedades modernas que, aunque sedientas de Dios, se pierden muchas veces detrás de espejismos y falsos atajos. Deseo agradecer al Señor por este signo de su amor que es el Carmelo y sus hermanas, que nos invitan a la oración en medio de los desafíos cotidianos, los dolores y sufrimientos, pero también en los innumerables gestos de servicio que nos hablan de Dios y nos invitan a contemplarlo. Dios bendiga este Carmelo y las vocaciones que Él quiera convocar para unirse a la plegaria común de toda la Iglesia.

Mons. Marcelo Daniel Colombo, arzobispo de Mendoza