Sábado 22 de enero de 2022

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Fiesta de San José Obrero

Homilía de monseñor Adolfo Armando Urioa FDP, obispo de Villa de la Concepción del Río Cuarto, en la Fiesta de San José Obrero (1 de mayo de 2021)

Queridos hermanos:

Como peregrinos nos acercamos una vez más al Jesús de la Buena Muerte en este Santuario de Reducción para implorar su protección.

Lo hacemos en el la fiesta de San José Obrero, patrono de los trabajadores, y en esta ocasión en un contexto agobiante de pandemia que nos amenaza de muerte, genera desocupación y un empobrecimiento de la sociedad alarmante.

Ante todo venimos como peregrinos. La vida del hombre es un caminar, un caminar sin detenerse a no ser para descansar y así retomar fuerzas para continuar el camino hacia la casa del Padre… La partida de muchas personas cercanas y queridas a causa de la pandemia nos vuelve a enfrentar a esta realidad que solemos ocultar.

En una cultura que pone el acento sólo en el presente como si fuera absoluto, ignorando el pasado y sin proyección hacia el futuro, los cristianos debemos ser testigos de que la auténtica condición de la vida humana es andar, caminar…

Ahora bien, en consonancia con la enseñanza del Evangelio ese andar debe estar marcado por el servicio en el que se encuentra la auténtica felicidad. En esta línea vaya nuestro más sincero agradecimiento y nuestra ferviente oración por el personal de salud que en estos momentos están exigidos sobremanera por el recrudecimiento de los contagios y lo que esto comporta.

También hoy celebramos a San José Obrero, patrono de los trabajadores y lo hacemos en el Año dedicado al Santo Custodio de la Sagrada Familia.

Él fue un Padre trabajador y Jesús era conocido como “el hijo del carpintero”. Dice el Papa Francisco:

“… San José era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia. De él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo.

En nuestra época actual, en la que el trabajo parece haber vuelto a representar una urgente cuestión social y el desempleo alcanza a veces niveles impresionantes… es necesario, con una conciencia renovada, comprender el significado del trabajo que da dignidad y del que nuestro santo es un patrono ejemplar. El trabajo se convierte en ocasión de realización no sólo para uno mismo, sino sobre todo para ese núcleo original de la sociedad que es la familia. Una familia que carece de trabajo está más expuesta a dificultades, tensiones, fracturas e incluso a la desesperada y desesperante tentación de la disolución. ¿Cómo podríamos hablar de dignidad humana sin comprometernos para que todos y cada uno tengan la posibilidad de un sustento digno?...”

Comprobamos con dolor que en la Argentina se den altos índices de desocupación. “En una sociedad donde las medidas de política económica no permitan a los trabajadores alcanzar niveles satisfactorios de ocupación, «no puede conseguir su legitimación ética ni la justa paz social»…, expresa la Doctrina Social de la Iglesia.

Recemos a fin de que todos los que detenten una responsabilidad más directa en nuestro país se ocupen con inteligencia y sensibilidad social en la consecución de medidas a fin de superar esta situación que se presenta en estos momentos de manera tan dramática.

Qué el Jesús de la Buena Muerte y San José Obrero bendigan a nuestra patria.

Mons. Adolfo A. Uriona FDP, obispo de la Villa de la Concepción del Río Cuarto