Sábado 25 de junio de 2022

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Domingo del Buen Pastor

Mensaje de monseñor Eduarto Horacio García, obispo de San Justo, para el Domingo del Buen Pastor (25 de abril de 2021)

¡Cuántas doctrinas, cuántos maestros de sabiduría o de ciencia se asoman al escenario del mundo prometiendo llevarnos hacia una realización plena...! Ahora bien, ¿quién puede liberar al hombre de la esclavitud más pesada y desconocida de la que derivan todas las demás? Proliferan por todos lados líderes prometedores de nuevos caminos, pero son pocos son los que están dispuestos a dar su vida en rescate.

Jesús lanza una denuncia en contra de los falsos pastores que desenmascara a aquellos que han separado la religión de la vida, la relación directa con Dios del compromiso vital con los hermanos. Desinteresarse por los problemas de los hombres, perder de vista la referencia social y comunitaria de la fe, es un egoísmo que nada tiene que ver con el Evangelio y convierte a los hombres religiosos y creyentes en hipócritas.

Jesús se atribuye el título de Pastor y puede hacerlo sin vueltas porque lo fundamenta en la verdad de su vida marcada por su espíritu de amor y de servicio hasta la muerte. No nos invita a seguirlo con palabras edulcoradas o con promesas de paraísos maravillosos. Tampoco nos somete bajo pena de castigo al cumplimiento ciego de una ley. Nos dice: "El que quiera seguirme, que se haga servidor de sus hermanos", y toma la iniciativa. Sólo hay una puerta que se abre a una vida verdadera y nueva: la del amor hecho servicio hasta que duela, hasta las últimas consecuencias. Él nos abre la puerta que nos lleva al Padre y por esa puerta entramos haciendo nuestra la pasión de su corazón.

Cristo no es nuestro consuelo resignado, nuestro escondite seguro de las dificultades, nuestra solución mágica. Sí, Él es nuestro aliento y fortaleza, nuestra audacia y valentía y nuestro camino de plenitud claro y definitivo. Todo lo demás serán siempre soluciones provisorias, un pequeño remiendo para tapar momentáneamente un vacío.

Es el Buen el Pastor que conduce en la verdad “dando su vida por las ovejas”. Él no se limitará a arriesgar la vida por su rebaño, Él morirá por salvarlo.

Jesús ofrece su vida para despertarnos a una vida de horizontes infinitos, llena de esperanza y de belleza.

Cristo es el Buen Pastor porque “conoce a sus ovejas”, establece con ellas, con cada uno de nosotros, una relación de amor total que personaliza, que deja existir a cada uno en su verdad y originalidad, que lo hace capaz de expresarse en plenitud a través de la entrega de sí mismo.

Dejarnos conducir por Él a una relación de comunión de amor con el Padre, es descubrir, ya desde ahora, la maravilla de ser realmente hijos de Dios, hermanos que se hacen cargo unos de otros.

En una sociedad que enseguida agota fórmulas humanas de salvación, como pueblo de Dios somos desafiados a ser “pastores con el pastor”; cada uno desde su lugar, desde el don recibido, cada uno con su vida a cuestas en un compromiso fuerte para hacer de este mundo, de nuestra patria, de nuestro barrio: “Casa de Dios, Casa de todos”.

Nuestro pastoreo en la Iglesia, sobre todo en este tiempo, será creíble por la capacidad de amor tierno y servicio a todos, especialmente a los pobres y enfermos, a los que sufren por las injusticias cotidianas, a los chicos desamparados, a los ancianos solos o a aquellos que no esperan nada de la vida.

Jesús sigue vivo y sigue entregándonos su misma vida, para animarnos e impulsarnos a reconocer su voz, escucharla en el clamor de nuestro pueblo, y a seguir dejando mi vida al servicio de aquellos que la necesitan.

Pidámosle al buen Pastor este domingo, un oído atento, un corazón permeable y manos generosas.

Que Dios los bendiga

Oración por las vocaciones

Jesús que sientes compasión al ver la multitud
que está como ovejas sin pastor,
suscita, en nuestra Iglesia, una nueva primavera de vocaciones.
Te pedimos que envíes: Sacerdotes según tu corazón
que nos alimenten con el Pan de Tu Palabra
y en la mesa de Tu Cuerpo y de Tu Sangre;
Consagrados que, por su santidad, sean testigos de Tu Reino;
Laicos que, en medio del mundo,
den testimonio de ti con su vida y su palabra.
Buen Pastor, fortalece a los que elegiste;
y ayúdalos a crecer en el amor y santidad
para que respondan plenamente a tu llamada.
María, Madre de las vocaciones,
ruega por nosotros. Amén

Mons. Eduardo García, obispo de San Justo