Sábado 25 de septiembre de 2021

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Pascua de Resurrección

Mensaje de monseñor Han Lim Moon, obispo coadjutor de Venado Tuerto, para la Pascua (4 de abril de 2021)

Cuando mi sobrino me dio la noticia del nacimiento de su primer hijo, inmediatamente me fui “corriendo” 65 kilómetros feliz y ansioso por conocerlo. ¿Recuerdas alguna situación en la que el amor te movilizó rápidamente?

El amor que moviliza
El evangelio de hoy describe que María Magdalena fue al sepulcro de Jesús muy temprano, cuando todavía estaba oscuro. Su amor por Él la movilizó para ir a su encuentro aunque sabía que ya estaba muerto. Luego, los dos discípulos, por amor al Señor, corrieron hacia su sepulcro. Y cuando llegaron, ese amor del discípulo predilecto de Jesús le creer en su resurrección aunque no tenía signos evidentes: sólo el sepulcro vacío, el lienzo y el sudario enrollado en un lugar aparte. Él vio y creyó sin haber comprendido toda la trascendencia de este acontecimiento.

La esencia de la resurrección
La resurrección de Jesús supera toda nuestra comprensión e imaginación. De hecho, nadie la presenció propiamente dicho. Por eso, mi explicación sobre este acontecimiento es difícil y aparentemente teórica sin mucha relación con nuestra vida práctica y cotidiana, pero es indispensable comprender lo que más podamos para sostener nuestra vida y dar frutos. Es como las raíces invisibles de un árbol, sin las cuales no se puede sostener ni dar frutos.

Entonces, en concreto, ¿qué es la resurrección del Señor? Ante todo, es mucho más que:

- Un revivir, una prolongación de la vida terrenal como en el caso de Lázaro (cf. San Juan 11).

- Más que la inmortalidad del alma, del espíritu.

- Y más que una vida sin término, vida eterna, que no se muere.

¡Es una nueva creación que el Señor comenzó incomparablemente superior a la primera creación! ¡Una vida cualitativa y totalmente nueva y hermosa, indescriptible e inefable! Por eso, el Apocalipsis la describe como “un cielo nuevo y una tierra nueva” (Apocalipsis 21,1).

¡Podemos tener certeza de la Resurrección!
Sin embargo, la resurrección del Señor es una certeza que podemos alcanzar sólo por el don de la fe, y es certeza más allá de las pruebas científicas o de razón. Sólo el Señor resucitado puede darnos la certeza de que está vivo. Y a lo largo de los siglos, los mártires lo atestiguan dando su vida.

Esta certeza de fe nos trae dos consecuencias: nos hace comprender nuestra vida y actuar totalmente diferente.

Por un lado, esta resurrección, para el que cree por la presencia del Espíritu Santo, es la luz que revela todo el misterio del hombre: la historia de la salvación en las sagradas escrituras, la historia personal y de la humanidad. Así, comenzamos a comprender toda nuestra vida a la luz de esta resurrección.

Por otro lado, la resurrección del Señor es el epicentro de la Buena Noticia de la salvación universal. Así fue el primer anuncio de los apóstoles cuando llegó el Espíritu Santo que comenzó desde Jerusalén y se expandió por el mundo entero a lo largo de la historia. Es decir, su resurrección fue el motor y el contenido de la Buena Noticia, que conduce hacia la resurrección de todos los hombres.

Ahora, para encontrar al Señor resucitado, las condiciones básicas son nuestro amor hacia Él y su gracia, que en los domingos siguientes Él nos explicitará más.

Querido amigo, querida amiga, en este Domingo de Resurrección ¡renueva tu amor hacia el Señor y pídele el don de la certeza de que Él está vivo! ¡Él está vivo! Y entonces, el Señor resucitado colmará de alegría tu corazón. Y tendrás una ¡feliz Pascua de Resurrección! Amén.

Mons. Han Lim Moon, obispo coadjutor de Venado Tuerto