Lunes 20 de septiembre de 2021

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Tercer domingo de Adviento

Homilía de monseñor Marcelo Daniel Colombo, arzobispo de Mendoza, en el segundo domingo de Adviento (Parroquia Inmaculado Corazón de María, Coquimbito, Maipú, 13 de diciembre de 2020)

En este tercer Domingo de Adviento, una vez más Isaías y Juan, el Bautista, nos presentan su testimonio sobre el Señor que esperamos.

En la Primera Lectura, el profeta describe la misión del Ungido de Dios, el Mesías, enviado para dar la buena noticia a los pobres, para curar los corazones desgarrados, proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad.” Esperamos un Dios que viene a proclamar la buena noticia del Reino de Dios, a sanar nuestras heridas, a anunciarnos un perdón pleno y profundo de parte de Dios, un Dios que nos haga verdaderamente libres. El Adviento constituye para nosotros una noticia feliz. Las promesas del Señor no dejan de cumplirse aquí y ahora, en este tiempo que siempre es tiempo de salvación.

En la carta a los Tesalonicenses, Pablo nos invita a no apagar el espíritu, a estar alegres. En la tradición cristiana, este domingo se llama precisamente, Domingo de la Alegría, tomando de esta exhortación apostólica, la moción de vivir la fe en clave esperanzada y feliz.

En el Evangelio de hoy, Juan nos introduce en la reflexión sobre el Adviento a partir de la tensión luz-tinieblas, propias de este evangelio. En esa tensión, el Bautista es testigo de una luz que viene a los hombres. Sus interlocutores quieren anticiparse a las resonancias de su figura tan elocuente, saber quién es, conocer su misión. Sin dar muchos detalles, les avisa que el Mesías está entre ellos; que, en cambio él clama en el desierto, insta a la conversión; que él no lo es, y que su tarea es “gritar en el desierto” y bautizar con agua, preparando la llegada de Aquél que bautizará con fuego.

En la pedagogía de la Iglesia, el Adviento nos invita a la conversión del corazón, a allanar los caminos de nuestras vidas a Dios, a dejarnos encender el corazón por su mensaje lleno de vida. No nos resulta fácil en estos tiempos tan dramáticos por las distintas circunstancias que atravesamos. Pero necesitamos ponernos en clima de Adviento para vivir en plenitud la llegada del Niño Dios que viene para salvarnos, para darnos su misma vida, para hacernos uno en Él.

Mons. Marcelo Daniel Colombo, arzobispo de Mendoza