Lunes 20 de septiembre de 2021

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Fiesta de Cristo Rey

Homilía de monseñor Marcelo Daniel Colombo, arzobispo de Mendoza, en la Fiesta de Cristo Rey (Parroquia Corazón de María, Mendoza, 22 de noviembre de 2020)

Queridos hermanos:

Este domingo concluimos el ciclo litúrgico, y celebramos a Cristo Rey, una fiesta establecida en 1925 por el Papa Pío XI para homenajear al Señor, como Rey del Universo.

Primera Lectura: Ez (34,11-12;15-17)

En la primera lectura, el profeta Ezequiel nos presenta un llamado a la esperanza en un momento dramático del pueblo desterrado en Babilonia. Dios ama entrañablemente a su pueblo y por eso presenta una alternativa a la dirigencia fallida que lo aflige. Él les dará un pastor de verdad, que buscará una a una a sus ovejas, las cuidará, las curará si es necesario. El Señor de Israel no es un rey sin corazón, como los dirigentes que hasta ahora condujeron al pueblo. Él sabe entregar su vida como verdadero pastor. Es verdad que hay pastores sin corazón; pero para ser buen pastor hay que dar la vida por las ovejas.

No nos resulta difícil conectar esta lectura con el Buen Pastor del Evangelio de Juan, donde Jesús se presenta a sí mismo, tomando distancia de los mercenarios y ladrones, como aquél a quien las ovejas le conocen la voz, un buen pastor que se ocupa incluso, de los que no son de su rebaño.

Segunda Lectura: 1 Corintios (15,20-26.28)

En la segunda lectura, Pablo presenta a los Corintios, la resurrección. Les enseña que es el fundamento de la fe cristiana; ella es la razón de nuestra fe y de nuestra esperanza.

Cuando creemos en Cristo, entramos en la dinámica de la vida verdadera: no hemos nacido para la muerte, sino para la vida. La fe en Cristo nos enseña que nuestro destino no es la nada, sino la vida verdadera, aunque tengamos que pasar por la muerte, como una etapa que nos prepara para el encuentro con Dios.

Evangelio: Mateo (25,31-46)

El evangelio de hoy nos presenta al Señor ante el llamado “juicio de las naciones”; aquel pastor de la primera lectura, es aquí el rey del universo entero.

Su reinado no expresa una forma política determinada, sino un primado de Dios sobre todo lo humano. Todo el mundo, toda la historia, pues, están bajo la acción salvadora y redentora del Señor. Todos los hombres, sean creyentes o no, se enfrentarán críticamente con el proyecto salvífico de Cristo. El amor y la misericordia con los hermanos constituyen el único criterio divino y evangélico de salvación y de verdadera felicidad del creyente.

En relación con esta página del Evangelio, enseña Juan Pablo II que “(…) no es una simple invitación a la caridad: es una página de cristología, que ilumina el misterio de Cristo. Sobre esta página, la Iglesia comprueba su fidelidad como Esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia.” (JP II, Novo milennio ineunte, 49)

En Gaudete et Exsultate (nro. 95), el Papa Francisco se refiere a Mateo 25 como un protocolo sobre el que seremos juzgados a partir de la bienaventuranza de los misericordiosos.

Para nosotros hoy, sigue siendo una invitación a la caridad activa, a la identificación con los que están afligidos por alguna necesidad. Ver a Cristo en estos hermanos es para nosotros, un desafío permanente en el camino de una fe práctica, concreta, solidaria.

En este día, nos unimos a los miembros de la Acción Católica Argentina, que celebran su fiesta institucional, renovando su compromiso consciente y decidido por los valores y la construcción del Reino de Cristo. Nuevos integrantes se han venido formando para expresar hoy su compromiso con el ideario institucional de ACA; alegrémonos porque Dios sigue llamando a nuevos discípulos misioneros para ser testigos de fraternidad, solidaridad y construcción del bien común en nuestra Patria argentina.

Este llamado constituye una particular invitación a trabajar en comunión con el Santo Padre y los obispos, evitando toda forma de desobediencia al Magisterio de la Iglesia y a cuanto esos mismos pastores, como representantes de Cristo, enseñan como maestros y rectores de la Iglesia (can. 212 § 1. CIC),

Quiero agradecer a los jóvenes de A.C.A. que se han sumado con entusiasmo a la gran obra de caridad evangélica que es el voluntariado de Cáritas, distribuyendo alimentos y elementos de primera necesidad durante este tiempo de Cuarentena. Han sido verdaderamente esenciales en este período tan difícil sea de distanciamiento como de aislamiento.

Agradezco también la presencia de representantes del Departamento de Laicos de nuestra Arquidiócesis (DEPLAI). Desde los años de Mons. Rubiolo, como pastor de esta Iglesia particular, este domingo, se celebra el día del laico; presentes en todas las comunidades e instituciones eclesiales, damos gracias a Dios por su vida y misión.

En particular me gustaría pedirles a los miembros del laicado asociado que puedan sentir con la Iglesia, viviendo como propios sus problemas, desafíos y necesidades. participando de su misión desde sus distintas formas de apostolado en instituciones y movimientos de espiritualidad y compromiso laical. Encomiendo a los dirigentes de movimientos e instituciones eclesiales cultivar la pertenencia cordial a la Iglesia como expresión de su comunión vital con ella. Sin esta comunión, el testimonio de la Iglesia empalidece y se aleja del corazón del Señor, quien la ha fundado para la unidad del género humano (cfr. Concilio Vaticano II, Constitución Lumen Gentium n. 1).

El reinado de Cristo es aquí y ahora, en la vida y el testimonio de nosotros, sus hermanos los hombres. Que lo hagamos presente en nuestras opciones vitales y en las concretas elecciones diarias donde se juega lo que somos y creemos.

Mons. Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza