Miércoles 20 de enero de 2021

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Domingo 30° durante el año

Homilía de monseñor Marcelo Daniel Colombo, arzobispo de Mendoza, para el 30° domingo durante el año (25 de octubre de 2020)

Mis queridos hermanos,

En el libro del Éxodo, la Palabra del Señor se dirige en términos muy concretos a los fieles que quieren ser precisamente buenos seguidores de la alianza, que quieren cumplirla. En un tono fuerte que previene contra toda forma de violación de la ley del amor. El Dios de la misericordia no va a tolerar que se maltraten a los migrantes, a los pobres, a los que sufren las consecuencias de los préstamos o las usuras. Por eso invita a vivir una ética social donde el migrante no es enemigo del habitante del lugar, donde el prestamista no puede sentirse ni actuar nunca como el dueño de la vida y los bienes de aquellos a los que les presta algo. Es sumamente elocuente escuchar a Dios prevenir a su pueblo: Si el pobre, si el migrante, si el que le han prestado, si el que es perseguido por causa de una deuda, me invoca, yo voy a intervenir. Hay una decidida acción de Dios a favor de aquellos que puedan sufrir el rigor, la discriminación o el maltrato, sobre todo de los que son víctimas de quienes quieren sacar partido de sus problemas económicos.

Es cuanto a las migraciones, el Papa nos hace notar en su última encíclica, Fratelli Tutti, que la gente que emigra ciertamente no lo hace por gusto. A todos nos resulta más importante florecer allí donde Dios nos sembró. A todos nos gusta quedarnos en nuestro lugar de origen y entonces, por eso, se migra muchas veces por razones de urgencia, de necesidad, esa extrema necesidad de sobrevivir. Las políticas de los Estados, las decisiones generales de los pueblos, deberían consentir que se desarrollen las personas allí dónde viven, donde crecen sus hijos, donde se han establecido, y por eso es tan importante cumplir con los que Dios nos pide capacidad de acogida, de hospitalidad, pero sobre todo el respeto que nos merece cada persona.

El préstamo con intereses altos como la usura, no son experiencias nuevas. Ya lo escuchábamos recién en la Biblia, evidentemente se trata de una actitud, de una conducta muchas veces ventajera, oportunista, de frente al dolor y la necesidad, y escuchamos con claridad como Dios toma partido por los que están siendo abusados en esa necesidad.

En la carta a los Tesalonicenses Pablo pondera a esta comunidad su capacidad de interpelar las culturas de su tiempo con la buena noticia de Cristo, muerto y resucitado por amor a los hombres. Podemos decir que los Tesalonicenses intentaron con éxito aquello que hoy llamamos el diálogo intercultural. Muchas veces nos sentimos fuertes en nuestra cultura y pensamos que sólo ella puede expresar cabalmente un mensaje o una doctrina. Sin embargo, es claro Pablo al exhortar a los Tesalonicenses a seguir y a profundizar en ese diálogo intercultural, a presentar el Evangelio de Jesucristo, la figura de Jesús a estos pueblos para quienes seguramente era irracional, una locura, la cruz; hacerles conocer a Jesús de Nazaret era todo un desafío, pero el mejor tesoro que podían compartirles.

En este hermoso evangelio de hoy, nos previene el evangelista Mateo que se acercan a Jesús para ponerlo a prueba, para buscarle la vuelta, para querer hacerlo entrar en alguna discusión teológica de esas que estaban acostumbrados a tener fariseos, saduceos, herodianos o levitas; precisamente porque no podían entender totalmente ese Dios al que pretendían responder.

En este caso la pregunta es cuál es el mandamiento de la ley. Y Jesús responde claramente, con toda la fuerza, con todo el vigor de las primeras páginas de la Biblia: el primer mandamiento es amarás a Dios con todo tu corazón, con todo tu espíritu, con toda tu alma, con todas tus energías.

Y enseguida agrega como para no dejar ningún espacio, el segundo mandamiento es semejante al primero: amarás a tu prójimo como a ti mismo. Y culmina su enseñanza-respuesta con firmeza: De esto dependen toda la ley y los profetas. De esta forma Jesús presenta como dos caras de una misma moneda, lo concreto del amor humano: a Dios y al prójimo, a Dios y a los hombres.

El Papa Francisco nos habla en reiteradas oportunidades del prójimo y nos invita, hoy más que nunca, a hacernos nosotros mismos prójimos para los demás, acercarnos, estar disponibles, atentos, buscar la manera de hacer concreto ese, nuestro amor.

Muchas veces los periodistas me preguntan por la situación de Cáritas, por los pobres. Suelo responderles que tenemos varias pastorales que atienden la situación de los más pobres: la pastoral de la calle, la pastoral social, la pastoral de la cárcel, la pastoral de la salud, la pastoral de migrantes y Cáritas, principalmente. Son las pastorales que merecen toda nuestra atención. En este tiempo en que se ha hecho demasiado larga la cuarentena, necesitamos fortalecer nuestras Cáritas. Que el cansancio nos toque el corazón y los bolsillos a los donantes. Les pido de corazón toda la generosidad para atender a nuestras Cáritas. Atendamos a los pobres de nuestra diócesis, atendamos a nuestros hermanos que son, con su vida, con su necesidad, el rostro concreto de Dios a quien amamos, a quién servimos y a quien nos entregamos.

Mons. Marcelo Daniel Colombo, arzobispo de Mendoza