Lunes 15 de agosto de 2022

Documentos


Mes del fallecimiento del Padre Bachi

Homilía de monseñor Eduardo Horacio García, obispo de San Justo, en la misa celebrada al mes de la muerte del padre Basilicio "Bachi" Brítez (29 de septiembre de 2020

A lo largo de toda la vida del pueblo de Dios –después que Dios lo llamó, que lo eligió– su misión fue ser custodio de la memoria de Dios. La memoria de Dios no es un recuerdo, sino que la memoria de Dios es su paso por la vida de los hombres, su paso por la vida de un pueblo, su paso de bendición por la vida de cada uno de sus hijos. Y a esta historia del Pueblo de Dios, los profetas, muchas veces con imágenes, para que se pudiera comprender, con imágenes –vieron cuando decimos “¿lo entendés o te hago un dibujito?”, más o menos así– con imágenes muy plásticas, muy gráficas, trataban de mantener viva esa memoria, memoria de un Dios que es Padre, memoria de un Dios que nos cuida, memoria de un Dios que está atento a nuestras necesidades, memoria de un Dios que nunca deja solos a sus hijos, sino que, a pesar de que muchas veces la vida pareciera que se viene en contra, Dios está ahí firme, firme, firme, firme.

Esa memoria de Dios se muestra con una claridad absoluta, ya no con un dibujito, sino con una persona: Jesús. Él hace viva la memoria de Dios en el corazón del pueblo. Y todo lo que esperaban de Dios, todo lo que inventaban, a veces, todo lo que soñaban, todo lo que les gustaba de Dios, y todo lo que hacía que anhelaran que Dios estuviera en medio de ellos, Jesús les dijo:“acá está”. “Mírenme…” “Mírenme…” “Escúchenme…”

Esa memoria que guardaron durante tanto tiempo hoy está acá. ¿Y qué forma tiene esta memoria para que ya no se imaginen más cómo es Dios, ni piensen que Dios es un viejo con barba blanca, o un juez muy duro? No… miren, miren cómo es Dios. Dios se acerca, toca, bendice, Dios perdona, Dios abraza, Dios acompaña con ternura a aquel que está caído: no lo pisotea, sino que le tiende la mano para que se levante. Dios mira con ojos distintos, con ojos buenos y, si Dios mira con ojos buenos, la vida empieza a ser buena, porque aquel que se siente mirado bien no tiene otra que responder a esa mirada.

Y después de Jesús, sus discípulos hacen viva la memoria de Jesús. Ya no imaginan qué hacía Dios. Mantuvieron viva la memoria de Jesús haciendo en memoria suya no solamente la misa, sino el perdón, el amor, el compartir el pan, el abrazo de hermanos, el hacerse solidario con los otros. Y contagiar con alegría, con una sonrisa, el evangelio. Y así, durante, siglos mantuvieron viva la memoria de Dios haciendo como dijo Jesús “esto en memoria mía”. Lo seguimos haciendo, lo seguimos haciendo, seguimos viviendo de esa memoria que no es recuerdos, sino es tener un palpitar nuevo en nuestro corazón, que hace que Dios siga latiendo en medio de la comunidad en el corazón de muchos hermanos nuestros, en la vida de la familia, en el barrio. Dios late, su corazón late, acá, cada vez que esos gestos de Jesús, esa memoria de Jesús, se hacen vivos.

Y hoy nos reunimos también para compartir en esta misa y celebrar el primer mes de la pascua de Bachi. Podemos quedarnos acariciando tristemente recuerdos. No es malo tener recuerdos si esos recuerdos activan y hacen fuerte la memoria, que es otra cosa. Podemos quedarnos con recuerdos: “uy, cuando el padre… uy, cuando el padre… uy, el padre dijo… el padre hizo… el padre…” No está mal si eso nos sirve para que aquello que el padre hizo, aquello que el padre dijo, aquello que el padre construyó, no se transforme en una repetición, en un recuerdo del pasado que nos paralice, sino cuando se transforma en esa intuición profunda del corazón que hace que seamos capaces, con esa memoria, de mirar hacia adelante... de mirar hacia adelante.

Lo que el padre Bachi dijo, hizo, enseñó, abrazó, amó, fue lo que armó la comunidad, fue lo que hizo que la comunidad creciera, que la comunidad buscara esos ámbitos justamente de necesidad, de pobreza, de dolor, para que Dios comience a estar presente. Y hacer memoria de Bachi no es simplemente recordarlo. Es que esas intuiciones de su corazón, ese palpitar de su corazón en Palito, ese palpitar de su corazón en los hogares, en el “Buensa”, ese palpitar de su corazón cuando comenzó Puerta siga vivo, siga vivo. Que haya muchos que --todos, sin excepción-- como en las olimpíadas, quieran agarrar la llama y que agarren la llama de ese amor no para recordarlo sino para, con memoria buena, hacerla propia, hacerla propia. Si somos felices, y nos llena el corazón de alegría, de ternura, de recuerdos, de lágrimas lo que Bachi dijo, lo que Bachi hizo, que eso mismo sea también para nosotros ese impulso para que Bachi no sea un recuerdo sino para que Bachi sea una memoria viva, que sigue construyendo y caminando una historia de salvación acá en Palito.

El recuerdo, el amor de Bachi, no tiene que ser un freno para que no caminemos en honor a su recuerdo, sino al contrario: la memoria de Bachi tiene que ser la fuerza para que eso que había en su corazón ya no esté solamente donde estaba Bachi, plantado en sus dos pies, sino que esté caminando por las calles de Palito, laburando en Cáritas, asistiendo en los comedores, compartiendo y acompañando en los hogares, porque entonces, así, su vida y su muerte no habrán sido estériles. 

Porque el grano de trigo que cae en tierra muere y da fruto. El grano de trigo cayó en tierra, el grano de trigo murió. Y ahora el fruto está ahí. El fruto no se lo llevó con él…. él dejó la simiente para que el fruto crezca y el fruto sean ustedes, sean ustedes.

Y que esa memoria fuerte, viva, hermosa de Bachi no se quede en la añoranza, sino que se transforme en memoria viva y en esperanza. Les dejó el legado. No dejó testamento escrito. Dejó otro testamento que es el paso de Dios por la vida de ustedes. Ese Dios que pasó tiene que seguir pasando, tiene que seguir pasando.

Damos gracias a su vida que queremos que se haga memoria y no recuerdo. Damos gracias por su vida porque queremos que sea espíritu que anime a esta comunidad, a esta porción de la Iglesia que sienta el desafío de que alguien no vivió, no que luchó por ustedes y no murió en vano, sino que sigue de otra manera, al modo de Dios, al modo de los ángeles: vivo desde el amor, desde la pasión de su corazón, en la vida de muchos de ustedes.

Pidámosle a Dios. El evangelio nos dice que Jesús se encontró con Natanael, un hombre sin doblez, sin vueltas y le anunció que vería, en la gloria de Dios, los ángeles subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.

Que también nosotros, desde la memoria viva de Bachi, un gordo sin doblez, sin doblez, que nos mostró a Jesús, que les mostró a Jesús, también ustedes, mostrando a ese Jesús, permitan que muchos vean también esta gloria de Dios, este Dios que se manifiesta en medio de su pueblo, en medio de su barrio, en medio de su familia.

Pidámosle a los ángeles y a los arcángeles y a este Bachi que camina con nosotros, que podamos asumir ese testamento y llevarlo adelante.

Mons. Eduardo Horacio García, obispo de San Justo
29 de septiembre 2020