Martes 17 de mayo de 2022

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María del Rosario de San Nicolás

Homilía de monseñor Hugo Santiago, obispo de San Nicolás (25 de septiembre de 2020 -Misa de las 0.00 horas)

Introducción
1. El lema que elegimos este año tan particular, marcado por la pandemia, y en consecuencia la cuarentena y el aislamiento,  para celebrar a María del Rosario de San Nicolás es: “Madre del pueblo, esperanza nuestra”. Por eso, desde una visión de esperanza como era la de la Virgen, sabemos que Dios sólo puede querer el bien y quiere que pronto se encuentre el remedio necesario, la vacuna, que nos haga volver a una vida normal, donde podamos encontrarnos, saludarnos, abrazarnos, celebrar presencialmente.

2. Al mismo tiempo, viene a la mente la frase del Catecismo de la Iglesia Católica ante la pregunta: ¿por qué Dios permite el mal?. El catecismo responde: “porque es el único que del mal puede sacar un bien mayor”. Por lo tanto una primera pregunta que nos ponemos es:

¿Que quiere hacer surgir de bueno Dios del mal de la pandemia?
3.
Respecto de la pandemia lo primero que hay que decir es que Dios que es Padre, para nosotros que somos sus hijos no quiere el mal sino el bien,  siempre está de nuestra parte, en este caso, inspirando a los científicos para que cuanto antes puedan encontrar un remedio, una vacuna y podamos volver a vivir normalmente. Pero también es cierto que Dios puede permitir el mal, dice el Catecismo de la Iglesia Católica, porque es el único que del mal puede sacar un bien mayor. Entonces, ¿cuál es el bien mayor que Dios quiere que descubramos?

4. Una de las cosas que nos enseñó la cuarentena es a bajar un cambio en nuestra marcha por la vida, porque creo que vivíamos en un stress enorme que no nos daba tiempo no solo a encontrarnos con Dios sino para encontrarnos más serenamente entre nosotros y entonces, la violencia, la confrontación y la grieta eran algunos de los resultados de ese ritmo acelerado.

5. Además vamos viendo cuanta gente muere, algunos amigos o familiares nuestros, esta pandemia nos ha hecho tomar conciencia más clara de la fragilidad de nuestra vida. Entonces nos preguntamos: ¿Para qué correr tanto? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué queremos? ¿Qué buscamos? Son preguntas obvias que pueden surgir en este tiempo tan particular.

El mensaje de María del Rosario: “reconciliarnos”
6.
Al Santuario de la Virgen María del Rosario de San Nicolás, como a tantos santuarios, las personas vienen a agradecer los favores recibidos de la Virgen, y también vienen cuando están enfermos, cuando se les han roto los vínculos, por falta de trabajo.

7. Por otra parte,  lo esencial que vieron los obispos de Argentina en la Virgen del Rosario de San Nicolás desde el inicio del acontecimiento, ha sido la celebración del Sacramento de la  Reconciliación. Personas que hacía mucho tiempo que no se confesaban, llegaban al Santuario simplemente por devoción a la Virgen, y de pronto sentían deseos de confesarse para reencontrarse con Dios y los hermanos.

8. Lo profético de ese gesto está en que la Virgen desde el inicio nos quería dar a entender que lo más importante que necesitábamos los Argentinos era reconciliarnos con Dios y entre nosotros, porque el paso que sigue a la celebración del Sacramento de la Reconciliación, es transformarnos para la sociedad en agentes de unidad, de perdón, de sanación de las grietas, en la familia, entre vecinos, en una misma nación.

9. “Hoy a la falta de reconciliación en la Argentina se la llama “grieta”. En efecto, tener entre nosotros una grieta que nos separa es no estar reconciliados. La Virgen, como Madre de Familia que quiere que sus hijos estén unidos, desde el inicio del acontecimiento, inspiró en los que llegaban al Santuario de María del Rosario, el deseo de reconciliarse, y luego les dijo: “reconcilien los ambientes en que viven, enseñen a perdonar, trabajen por la unidad en la diversidad, en la familia, en la escuela, entre vecinos, en la Nación entera. Por eso, si amamos a la Virgen y captamos su mensaje,  tenemos que ser agentes de paz, creadores de reconciliación
10. Para corroborar esto, me consta que en el Santuario, cada 25 de mes y cada fin de semana, los sacerdotes pasan horas y horas confesando y enseñando que después de celebrar el Sacramento, en los ambientes donde vivimos, tenemos que trabajar por la unidad, porque la unidad el por excelencia el signo de que está presente Cristo, de que somos cristianos, ya que Él dijo antes de morir: “Padre, quiero que todos sean uno, como nosotros somos uno, para que el mundo crea” (Jn 17, 22). Todos buscamos la amistad, el encuentro, pero a veces lo buscamos por el camino equivocado. Cristo dijo: “yo soy el camino” y la Virgen nos dice a todos: sigan a mi Hijo y lograrán la unidad y el encuentro que tanto desean.

11. Cuál es hoy el gran problema del matrimonio y la familia? Es la ruptura de vínculos; por lo tanto la clave es reconciliarnos; cual es el problema entre vecinos, la ruptura de vínculos, por lo tanto el mensaje es la reconciliación; cuál es hoy el problema de Argentina: la ruptura de vínculos, por lo tanto el mensaje es la reconciliación. Nos dice la Virgen: “Busquen a Cristo y encontrarán la unidad que tanto desean”.

12. Tenemos que unirnos en la búsqueda de la verdad, la justicia y la honestidad. Cristo dijo, yo soy la verdad; también proclamó en las bienaventuranzas: “Felices los que tienen hambre y sed de justicia”. El fruto de la reconciliación es la paz, pero ya lo decía el Papa san Juan Pablo II en uno de sus mensajes en la jornada mundial de la paz: “Si quieres la paz, trabaja por la justicia.

13. Tenemos que trabajar para integrar a los más vulnerables, a los que se quedaron sin trabajo, no sólo mediante ayudas monetarias, porque nadie quiere que le den en limosna lo que pueden ganarse con sus manos; tenemos que integrar a los más vulnerables mediante la educación y el trabajo: ambos dignifican. Cuanto más gente haya integrada a la sociedad, más paz tendremos, cuanto menos personas estén integradas a la sociedad, la violencia y la inseguridad seguirán creciendo.

14. Lo estamos aprendiendo de la pandemia: tenemos que caminar juntos y sanos, porque si uno está enfermo, enferma a los demás, y si uno está sano, sanea a quienes le rodean. Nuestro modo de ser y nuestros gestos tienen una repercusión social.
Hace treinta y siete años que María nos regaló la medicina preventiva para no contraer la enfermedad tan dolorosa de la ruptura de vínculos: Celebrar el Sacramento de la Reconciliación y ser agentes de unidad en los ambientes donde vivimos. Son las dos aplicaciones de la vacuna que termina con toda grieta y separación, crea la unidad, la amistad y el trabajo en común. Utilicemosla. ¡¡VIVA LA VIRGEN MARÍA DEL ROSARIO DE SAN NICOLÁS!!

Mons. Hugo Santiago, obispo de San Nicolás