Viernes 23 de octubre de 2020

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Firmes en la fe hasta el final

Editorial de monseñor José Vicente Conejero Gallego, obispo de Formosa, para el suplemento diocesano "Peregrinamos", órgano de difusión de la diócesis (Septiembre de 2020)

Una de las exhortaciones más frecuentes, tanto en la predicación de Jesús, como por parte de los Apóstoles, es la llamada a perseverar firmes en la fe. Son innumerables los pasajes bíblicos en que, de una manera u otra manera, se llama a los discípulos del Señor a ser y a per­manecer firmes y constantes en la fe; y pacientes ante las adversida­des, las pruebas y en las tentaciones del mundo y del Maligno.

El Catecismo de la Iglesia Católica exhorta, con un número propio, a perseverar en la fe, señalando los medios para mantenerse en ella. Transcribimos literalmente:

162 La fe es un don gratuito que Dios hace al hombre. Este don inestimable podemos perderlo; san Pablo advierte de ello a Timoteo: Combate el buen combate, conservando la fe y la conciencia recta; algunos, por haberla rechazado, naufragaron en la fe” (1Tm 1, 18-19). Para vivir, crecer y perseverar hasta el fin en la fe debemos alimentarla con la Palabra de Dios; debemos pedir al Señor que la aumente; debe “actuar por la caridad” (Ga 5, 6), ser sostenida por la esperanza y estar enraizada en la fe de la Iglesia.

Más adelante, el mismo Catecismo, al tratar el tema de la Virtudes Humanas, en su tercera parte, La Vida en Cristo, nos presenta la for­taleza, virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la cons­tancia en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral. La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso a la muerte, y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones... (n° 1808).

En estos tiempos de pandemia prolongada, se hace muy necesario acrecentar en nosotros la virtud humana de la fortaleza, con la ayuda de la gracia, para poder perseverar en el bien y guardarnos del mal. El miedo, el cansancio, las reacciones de bronca, ira y prepotencia afloran cotidianamente en nuestra convivencia, en medio de esta situación tan particular que vivimos y, sin embargo, hemos -como recomienda el Apóstol- vencer al mal con el bien (Rm 12, 21).

Septiembre es el mes de la Palabra de Dios, de la Colecta Solidaria Más por Menos, de los Jóvenes y de la Primavera, y es por ello que, aún en medio de las cansinas restricciones de prevención sanitaria de la pandemia del COVID-19, reforzamos la Esperanza, esa virtud teolo­gal por la que aspiramos al Reino de los cielos; que protege del des­aliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espe­ra de la bienaventuranza eterna... nos preserva del egoísmo y condu­ce a la dicha de la caridad. De nuevo la luz y la enseñanza del Catecismo (1817-1818).

Felicitamos a los hermanos Francisco Javier y Jerónimo Aníbal que, el pasado mes de agosto, fueron instituidos en el ministerio del Acolitado y Lectorado, respectivamente, en su camino hacia el Diaconado Permanente, evidenciándose de esta manera, la ministeria- lidad y servicio de la Iglesia para el bien de todos. Recordamos las pala­bras de san Pablo: Así organizó a los santos para la obra del ministe­rio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo... gracias a los liga­mentos que lo vivifican y a la acción armoniosa de todos los miembros. Así el Cuerpo crece y se edifica en el amor (Ef 4, 12. 15).

La Colecta Más por Menos del próximo domingo 13 de septiem­bre, que lleva como lema: Nadie puede darlo TODO... pero TODOS podemos dar algo, sea el gesto concreto de la expresión de la Carta de Santiago: la fe, si no va acompañada de las obras, está completa­mente muerta (Sant 2, 17). ¡Seamos generosos, ya que nosotros hemos recibimos tanto!

La 41° Peregrinación Juvenil Regional a Itatí, bajo el lema: “Cristo Vive y con María lo anunciamos”, este año 2020 de manera virtual, nos haga renacer a todos a la esperanza y a la alegría de la fe de la Iglesia en un Cristo, Amigo, eternamente Joven.

¡Feliz y bienvenida primavera 2020!

Mons. José Vicente Conejero Gallego, obispo de Formosa