Viernes 19 de agosto de 2022

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Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

Homilía de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús (19 de junio de 2020)

Queridos hermanos:

Esta Fiesta, esta Solemnidad, es tan profunda, tan rica, donde el Señor consolida, afirma la presencia de lo divino en lo humano, la presencia de lo eterno, de lo absoluto, en lo temporal.

Y cómo Dios, al hacerse uno de nosotros menos en el pecado, al santificarnos con su presencia, al humanizarnos, nos convierte y convierte nuestra realidad de temporal a lo trascendente, de lo limitado a lo infinito, de lo pequeño a lo grande; cómo Dios nos transforma con su presencia.

Y la manera de transformar es que toda nuestra existencia tiene que estar sintetizada, colmada, rodeada de lo que es el amor de Dios, al amor a Dios y el amor a nuestros hermanos. Y la síntesis es el Corazón - el corazón es el centro de nuestra interioridad, de nuestra existencia, de nuestra cultura, de toda la vida humana- y comúnmente solemos decir “esta persona tiene un buen corazón” o “esta persona tiene un mal corazón”; es así que la presencia del amor infinito del Padre hacia el Hijo y del Hijo hacia el Padre, encontrando en el Hijo todo lo que el Padre nos quiere revelar, nos da esa fuerza de su misericordia. Saca nuestras miserias, nos reviste de su misericordia; saca nuestras oscuridades, nos reviste de su luz; saca nuestros egoísmos, nos reviste de su amor.

Es importante creer que la gracia es capaz; la gracia de Dios puede en nosotros; no podemos resistirle al amor de Dios, por eso cuando Dios no está en nuestro corazón no hay paz, no hay equilibrio, no hay luz, no hay bondad.

La presencia del amor infinito de Jesús va como purificándonos, pero a la vez Él también sabe que estamos heridos; heridos en nuestra historia personal, heridos en nuestra historia familiar, heridos ante tantos acontecimientos en la vida, pero Dios va sanándolos ¡es bálsamos, es ungüento, suaviza nuestros dolores! Por eso es importante reconocerlos pero ponerlos en presencia de Dios.

A la vez hay algo que también nos da y tenemos que aprender, ¿saben a qué?, a pedir perdón, a arrepentirnos, pero también a perdonar a los demás. Cuando uno perdona se disuelven los conflictos; cuando uno sigue enquistado y anudado en el problema, no lo resuelve jamás. Hay que pedir perdón, hay que perdonar y hay que vivir en el amor.

Confiemos hoy: Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío, en Vos confiamos, Sagrado Corazón de Jesús tu amor es irresistible, tu amor es invencible, ¡Tú puedes en nosotros! Y hoy se lo pedimos con mucha fuerza, con mucha intensidad, porque hoy el Señor quiere transformar nuestra vida, transformar nuestro corazón, ese corazón de piedra quiere hacerlo un corazón de carne y siempre cuando hay un corazón de carne hay sufrimiento, hay padecimiento, hay dolor pero también hay gozo, alegría y paz.

Pidámosle al Señor por este mundo que está hoy crucificado ante tantos dolores, dolores por la enfermedad, incertidumbre por el trabajo; el tendal de problemas que va a haber en nuestro país por esta situación será tremendo, pero que la fe y el Corazón de Dios nos den fuerza para seguir viviendo en su presencia.

Que así sea.

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús