Viernes 19 de julio de 2024

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Corpus Christi

Homilía de monseñor fray Carlos María Domínguez, obispo de San Rafael, en la solemnidad del Copus Christi (Catedral San Rafael Arcángel, 2 de junio de 2024)

Queridos hermanos en nuestra propia vida muchas veces tenemos una experiencia de alianza por ejemplo, cuando dos amigos pactan la amistad se dan la mano, se dan un abrazo cuando dos personas se casan y hacen alianza se ponen el anillo, que se llama alianza cuando hay un pacto, una alianza de paz entre dos países en guerra, firman un papel Dios también hace alianza. Con nosotros, Dios hizo alianza con todos los hombres, y la alianza que Dios hizo con nosotros es la Eucaristía.

Es el signo de la nueva alianza, por eso toda la palabra de Dios de este día del Corpus Christi nos habla precisamente de la Eucaristía como sacramento de la nueva alianza. San Marcos nos cuenta algunos detalles de cómo Jesús instituyó la Eucaristía, cada evangelista relata ese momento tan importante en la vida de Jesús teniendo en cuenta la intención una intención que le quiere hacer transmitir a los destinatarios de su Evangelio. Marcos da algunos detalles que son muy interesantes nos cuenta que era el primer día de los panes ácimos y el día que se mataban los corderos en el templo. Era el día 14 de Nisán del calendario judío, el día anterior a la Pascua, por tanto lo que Jesús iba a celebrar esa noche era, según el relato de Marcos la cena pascual, el Pesach pero le iba a dar una nueva dimensión iba a añadir en esa fiesta lo novedoso y lo inédito que es la Eucaristía.

La fiesta de los panes ácimos era una fiesta de la cultura agraria donde se celebraba la cosecha de la cebada y por tanto como había cebada nueva no había levadura, no había pan viejo para que fermentara el pan, hoy hablaríamos de masa madre, por eso se comía el pan sin levadura y que Marcos nos diga que era el día que se mataban los corderos en el templo, era una fiesta de pastores y acá, Jesús, tiene la habilidad o el evangelista tiene la habilidad de hacernos ver que una fiesta de pastores y una fiesta de agricultores se juntan en torno a una mesa. Les recuerdo que el primer asesinato de la historia fue entre un pastor y un agricultor Caín y Abel por tanto, la Eucaristía celebrando esos dos aspectos en la misma mesa es sacrificio de comunión es reconciliación.

Celebrar la Eucaristía significa comprometerme yo mismo, porque cuando celebramos la Eucaristía nos hacemos contemporáneos del misterio eucarístico de Jesús. Es comprometerme yo mismo a ser signo de comunión para ser también instrumento de reconciliación. Yo no puedo venir así tan libremente a comulgar a Jesús cuando estoy peleado con mi hermano de al lado porque estoy manoseando el cuerpo de Cristo, estoy comulgando el cuerpo de Cristo que es mi hermano.

Ese es el primer aspecto que nos muestra Marcos una mesa de reconciliación y durante este ceder de Pesach. En esta celebración pascual, San Marcos omite los detalles de cómo era cómo celebraban los judíos la cena pascual y nos transmite los gestos de Jesús que son novedosos: toma el pan, lo bendice, da gracias, lo parte y sobre todo hay un aspecto importante que no estaba en la cena pascual judía dice y lo da porque cada uno comía su pan, Jesús da el suyo. Ahí San Marcos nos está haciendo ver que Jesús se transforma en don se transforma en alimento para los demás, no se reserva nada para sí sino que se da por entero y dice «esto es mi cuerpo» que quiere decir en el fondo «esto soy yo». Comer a Jesús, comer el pan de la Eucaristía, es entrar en comunión con ese designio salvífico de amor que será alianza hecha con la humanidad en la cruz. Por eso, como dice Pablo, cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz anunciamos la muerte del Señor hasta que Él vuelva. Y después tiene otro gesto inédito toma la copa, una de las copas y dice «esta es mi sangre la sangre de la nueva alianza».

Escuchábamos en la primera lectura cuando Dios hizo alianza con su pueblo como fueron los ritos de esa alianza, Dios escoge a Israel como su pueblo elegido y para eso le da la ley y Moisés con sangre de animales ofrecidos, rocía el altar y luego rocía el pueblo con esa sangre. La sangre rociada sobre el pueblo significaba quería decirle al pueblo ‘si ustedes rompen la alianza tendrán que pagarla con la vida’ y esa alianza se rompió. La primera alianza fracasó porque era una alianza que estaba fuera, una alianza así entre comillas que mojaba; ahora con la sangre de la nueva alianza, la alianza está adentro, porque hay que tomar beber la sangre, una alianza que ya nada ni nadie lo podrá romper porque es la alianza hecha en la sangre del Hijo de Dios.

Dice San Pedro ‘no fuimos comprados ni a precio de oro ni de plata sino que hemos sido salvados a precio de la sangre del Hijo de Dios’. Miren que curioso, el pan que consagra Jesús en el orden de la cena pascual, es el pan que se bendecía antes del plato principal. La Eucaristía reemplaza el plato principal de la Pascua porque ahora Jesús es el nuevo Cordero Pascual y la copa que bendice Jesús transformándola en su sangre. Había cuatro copas en la cena pascual y la última era la copa de la alianza, precisamente era la copa donde Dios se recordaba que Dios elegía a su pueblo Israel. La copa que bendice Jesús transformándola en su sangre es la de la nueva alianza, por eso comenzaba diciendo que hacer alianza implica un pacto y ese pacto de vez en cuando se tiene que renovar, así como cuando dos personas se casan hacen alianza y renuevan ese pacto de amor entre cada uno, bueno lo que hacen es no es de una vez para siempre, hay que renovarlo todos los días en esa manifestación de amor que tiene que ser el ingrediente principal. Nosotros también cada vez que celebramos la Eucaristía, también tenemos que renovar alianza alianza con Dios, alianza de amor, alianza de salvación y también alianza entre nosotros, porque celebrar la misa, participar de la misa no es una situación de devoción personal o intimista sino que también me compromete horizontalmente cómo nosotros los discípulos de Jesús.

No podemos vivir sin la Eucaristía y nosotros los discípulos de Jesús no podemos vivir sin comunión, no sin comulgar sino sin comunión con los demás, porque cuando yo participo de esta alianza invito a todos los hermanos a sentarse a esta mesa de reconciliación para celebrar este pacto de amor de Dios con nosotros. Ojalá estemos dispuestos hoy, la presencia de ustedes aquí denota ese amor y esa devoción por Jesús e Eucaristía, pero también que hoy renovemos esta alianza que Dios ha querido hacer con nosotros, esta alianza de amor y comprometámonos a hacer Eucaristía para los demás. Jesús da todo, démonos todo a los demás sin reservarnos nada y que desde el Sagrario, Jesús siga bendiciendo la vida de cada uno de nosotros que formamos la Iglesia de San Rafael. Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar.

Mons. Fray Carlos María Domínguez, obispo de San Rafael