Jueves 18 de julio de 2024

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25° Aniversario de la creación de la parroquia Exaltación de la Santa Cruz 

Homilía de monseñor Mons. Carlos José Tissera, obispo de Quilmes, durante la misa por el 25° Aniversario de la creación de la parroquia Exaltación de la Santa Cruz de los Quilmes (30 de julio de 2023)

Hermanas y hermanos:

Con profunda alegría estamos celebrando las Bodas de Plata de esta Parroquia “Exaltación de la Santa Cruz de los Quilmes”, creada por nuestro primer pastor el Padre Obispo Jorge Novak, por decreto del 9 de julio de 1998. En esta ribera de Quilmes, donde se encontraba la Capilla de Nuestra Señora de la Merced, desde 1968, y las otras dos capillas de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa y de la Asunción de María.

El mismo Padre Obispo Novak contaba en un programa radial que ese 9 de julio fue luminoso, de sol radiante. Día patrio, de la Virgen de Itatí y el día elegido para celebrar solemnemente la creación de esta nueva Parroquia.

En la mente del Padre Obispo, conocedor de la historia de la Iglesia, estaba el deseo de mantener viva la memoria de nuestros orígenes como pueblo en esta ribera del Río de la Plata. Es una muestra de las luces y sombras que tiene nuestra historia. En estas tierras fueron deportados los Quilmes, procedentes de Tucumán. Aquí se estableció la reducción con esas “doscientas sesenta familias de indios Quilmes, con un agregado posterior de hualfines; y se formó con ellos, por noviembre de 1666, la reducción y curato de la Exaltación de la Santa Cruz de los Quilmes”, en el lugar donde está el centro histórico de nuestra ciudad, precisamente en la manzana de nuestra Iglesia Catedral. (Cfr.P. Cayetano Bruno. “Historia de la Iglesia en la Argentina”, vol. III, pag. 110-111)

Nuestro cancionero diocesano ha querido cuidar el hermoso legado del P. Germán Pravia, con el canto que rememora nuestra historia: “En la cruz diste la vida”. En una de sus estrofas leemos:

“Hay un pueblo caminando, son los Kilmes rumbo al sur,
reducidos por la fuerza de la espada y de la cruz.
Procesión de condenados, con Jesús van a morir;
nuestra diócesis de Quilmes con su sangre va a vivir”

El Padre Obispo Jorge, en su homilía de hace 25 años, en este mismo lugar, nos decía:

“A lo largo de su historia la Iglesia experimenta la victoria de la Cruz dolorosa. En los miembros de su cuerpo se abren constantemente las heridas de la persecución, las llagas de la pobreza, los sufrimientos de la enfermedad. Pero siempre, por la fuerza divina del Espíritu de Jesús, la cruz dolorosa se transfigura en gloria. En la gloria de la caridad, en la gloria de la santidad, en la gloria de la fraternidad. En los albores de la evangelización de América, los aborígenes hubieron de sufrir lo indecible. Por algo hablamos de la Santa Cruz de los Quilmes. En México la Virgen y Madre María se apareció al beato Juan Diego con un mensaje de misericordia: “deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para en él morar, y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mí confíen”. Ya sabemos de la irradiación del amor misericordioso de Cristo, por mediación de María, desde el Santuario de Guadalupe (…) Por eso la Cruz, con su realismo de dolor, de marginación, de enfermedad, es una invitación a quienes gozamos de salud, de relativo bienestar y de la sensibilidad de un corazón que palpita al unísono con el de Jesús, a transformar la pena en alegría. Con que quienes podemos hagamos un pequeño esfuerzo, la guerra dará paso a la paz, la mentira a la verdad, el odio al amor” (9/7/1998)

El Siervo de Dios nos regaló esta parroquia para que los que tenemos la dicha de vivir en Quilmes, en esta querida diócesis, siempre mantengamos fijos nuestros ojos en Jesús. En este Jesús de la cruz que nos revela el gran amor de Dios, misericordioso y perdonador. El que da la vida por sus amigos. El que es fiel hasta la muerte. Este Jesús Camino, Verdad y Vida. Jesús que da sentido a nuestra vida entera, con sus dolores y sufrimientos, con sus logros y sus realizaciones.

Hoy, 30 de julio, es el Día Mundial contra la Trata de Personas. El recuerdo de la esclavitud de los Quilmes y tantos malos tratos, nos lleva a pensar que este flagelo del sometimiento, de la compra y venta de personas, lamentablemente también hoy está presente.

“La trata constituye una violación injustificable de la libertad y la dignidad de las víctimas, por lo que debe considerarse un crimen de lesa humanidad” (Francisco, 12/12/2013)

“Es una herida abierta y profunda en el cuerpo de Cristo, en el cuerpo de la humanidad entera.” (Francisco, 08/02/2022).

Tomemos conciencia de esta triste realidad. Cuidemos de la vida de los demás. Denunciemos estos atropellos. Recemos por los que sufren estas injusticias. Apoyemos a todos los que trabajan por desterrar este flagelo.

Hoy, hemos escuchado en la palabra que Dios se le aparece en sueños a Salomón y le dice que le pida lo que desee. Hoy ¿Qué le pido a Jesús?

En el evangelio encontramos una pista, una sugerencia. Está bueno pedirle a Dios que siempre tengamos la mirada puesta en Él, que tanto nos ama. Que como el hombre que encontró el tesoro en el campo y lo volvió a esconder, para luego, lleno de alegría salir corriendo, vender todo lo que tenía, y luego comprar ese terreno, también nosotros relativicemos todo para quedarnos siempre con lo más importante: la amistad con Jesús. Vivir enamorados de Él. Que todo lo hagamos con Él, y para Él. Y ese Jesús nos dirá a cada uno, lo que expresa una bella canción:

“Conozco tu corazón.
Conozco tu realidad, sé todo de ti.
Vengo a saciar tu necesidad porque te amo,
porque te amé y te amaré con toda mi fuerza”.

“Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo.” (DA 29).

El Camino Sinodal que vamos haciendo, requiere esta alegría del seguimiento de Jesús, ensanchando el espacio de nuestra carpa, para incluir a todos como destinatarios y como protagonistas, en la construcción del Reino de Dios. Reino de justicia, de verdad, de libertad, de amor y de paz.

Agradezco al P. Oscar Marchessi, a los diáconos Héctor Salatino y Demián Mariño, a todas y todos los agentes pastorales de esta Parroquia por el servicio que permanentemente brindan a la Comunidad Parroquial, a la vez que, en nombre de toda la Diócesis, les felicito en este 25° aniversario.

Tenemos presente a todas las personas que dieron inicio a nuestra Comunidad parroquial, a todos los que prestaron su servicio ministerial aquí; algunos están presentes aquí, otros no han podido venir. Recordamos especialmente a los que el Señor ha llamado a su presencia; nuestra plegaria por ellos. Desde el Cielo acompañan nuestro caminar.

Que la Virgen Madre, en sus advocaciones de La Merced (vice patrona parroquial), la Medalla Milagrosa y de la Asunción, cuide de todas las familias de la Ribera de Quilmes.

María que “se levantó y partió sin demora” para servir, nos acompañe cada día en nuestra misión de llevar el Evangelio a tantas y tantos que nos rodean, en la familia, en el vecindario, en las comunidades, en los lugares de trabajo y de estudio, en la calle y las esquinas.

Mons. Carlos José Tissera, obispo de Quilmes