Mons. Uriona al nuevo sacerdote: "Instrumento en manos del Dios Providente"

  • 16 de diciembre, 2020
  • Río Cuarto (Córdoba) (AICA)
En la solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe, el obispo de Villa de la Concepción del Río Cuarto ordenó sacerdote al diácono Maximiliano Chiaretta en el santuario del Señor de la Buena Muerte.

El obispo de Villa de la Concepción del Río Cuarto, monseñor Adolfo Uriona FDP, ordenó sacerdote al diácono Maximiliano Chiaretta en una celebración eucarística que se desarrolló el sábado 12 de diciembre en el santuario del Señor de la Buena Muerte. 

El joven diácono estuvo acompañado por sus familiares y amigos cercanos, compañeros del seminario y varios sacerdotes del clero local que acompañaron concelebrando. La comunidad pudo seguir la celebración a través de las redes sociales del obispado de Villa de la Concepción del Río Cuarto. 

“¡Qué gran don es el sacerdocio! ¡Puro e inmerecido don! Fruto del inmenso amor misericordioso del Padre. Por eso, hemos de valorarlo intensamente y vivirlo con una fidelidad constante”, dijo al comenzar su prédica el obispo. Iluminado por las lecturas bíblicas elegidas por el neopresbítero, monseñor Uriona resaltó dos certezas: “El ministerio es fundamentalmente un don” y “Has sido enviado”.

En el primer punto se dirigió al joven: “Tus carismas personales, Maxi, no son para tu usufructo privado sino para ponerlos al servicio del bien del pueblo de Dios y esto ha de ser siempre. No sólo ahora que recibís con entusiasmo el sacerdocio que tanto has anhelado y por el que estuviste preparándote todo este tiempo; sino también cuando, luego de un tiempo de ejercitarlo, comiencen a aparecer el cansancio, la aridez, la incomprensión, el fracaso…”

Por eso, anhelo “que puedas sentirte ‘instrumento’ en manos del Dios Providente que gobierna la historia y así logres secundar con docilidad sus proyectos, muchas veces incomprensibles, buscando siempre ‘la gloria de Dios y la salvación de las almas’, como único objetivo al cual constantemente te has de referir”.

Seguidamente se refirió al segundo punto recordando el Evangelio en el que “los apóstoles que estaban encerrados, desconcertados y llenos de temor”, y la presencia del Resucitado “los llenó de alegría mientras les transmitía su paz, esa paz que sólo Él puede dar y que anhelaban luego de la terrible experiencia de la pasión y la Cruz”.

Como los apóstoles “vos también hoy serás ungido con el Espíritu Santo y serás enviado a enseñar, bendecir, perdonar, sanar, alimentar… No vas en nombre propio, vas en nombre de Jesús y de su Iglesia y esa conciencia ha de ser clave a la hora de tu servicio ministerial”, añadió monseñor Uriona.

“Tendrás que hablar a los hombres de lo que ‘has visto y oído’”, le aconsejó. “Y eso será posible si buscás unirte constantemente a él manteniéndote fiel a la lectura diaria y orante de la Palabra de Dios, a la adoración y a la alabanza; siendo perseverante en el acompañamiento espiritual y entregándote con empeño y sacrificio al Pueblo de Dios”.

Finalmente, rogó al Señor de la Buena Muerte, “en cuyo santuario descubriste tu vocación y a María Inmaculada te guíen en este ministerio que ahora recibirás”.+

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