Sábado 24 de octubre de 2020

Mons. Urbanc: "El deseo de que Esquiú sea beatificado se está haciendo realidad"

  • 12 de mayo, 2020
  • Piedra Blanca (Catamarca) (AICA)
El obispo de Catamarca, monseñor Luis Urbanc, afirmó que los deseos de ver a Esquiú "en la gloria de los altares se han hecho realidad", en una misa por el natalicio del "Orador de la Constitución".

El obispo de Catamarca, monseñor Luis Urbanc, aseguró que los deseos de ver a Fray Mamerto Esquiú “en la gloria de los altares se han hecho realidad”, e indicó que “sólo basta esperar la resolución de los últimos trámites del proceso” para que el “Orador de la Constitución” pueda ser beatificado.



El prelado hizo esta afirmación durante la misa que presidió el 11 de mayo en la casa, hoy protegida por un templete, donde vivió el fraile catamarqueño, con motivo del 194° aniversario de su natalicio.



La celebración adquirió características especiales, dado que días atrás la Comisión de Teólogos del Vaticano aprobó un milagro atribuido a la intercesión de Esquiú, y el hecho se produce en el marco del Año Jubilar Mariano por los 400 años de la presencia de la imagen de la Virgen del Valle en Catamarca.



La Eucaristía fue presidida por monseñor Urbanc y concelebrada por el vicario general de la diócesis, presbítero Julio Quiroga del Pino, y el párroco de San José, presbítero Juan Olmos.



En este tiempo de pandemia, participó de la ceremonia litúrgica un reducido número de autoridades civiles, encabezadas por el gobernador de Catamarca, licenciado Raúl Jalil; y el intendente de Fray Mamerto Esquiú, doctor Guillermo Ferreyra. En tanto, los fieles y devotos lo hicieron desde sus hogares, a través de las transmisiones radiales y de las redes sociales.



“Nos hemos congregado en este solar para conmemorar el 194° aniversario del natalicio del ilustre retoño de este pueblo, fraile franciscano y obispo de Córdoba, Mamerto Esquiú”, expresó el obispo.



Luego de destacar las virtudes de su hogar cristiano, impregnado de valores, monseñor Urbanc manifestó que “la Declaración de la Independencia y la jura de la Constitución, como dijo Fray Mamerto Esquiú, han quedado inseparablemente unidas, como actos fundacionales de la República en su sermón en la iglesia matriz de Catamarca, el 9 de julio de 1853, el día en que se juró nuestra Ley Fundamental”.



“Con ello concluían 37 desdichados años de anarquía y desencuentros, y era la oportunidad para reflexionar y suplicar a Dios acerca de los fundamentos de la sociedad política que se organizaba, en torno a la Ley”, agregó.



El prelado recordó que “el ilustre orador exclamaba desde el púlpito, que se conserva en nuestro templo parroquial: ‘¡argentinos! Es por esto, que al encontraros en la solemne situación de un pueblo que se incorpora, que se pone de pie, para entrar dignamente en el gran cuadro de las naciones, la religión los felicita, y como ministro suyo los vengo a saludar en el día más grande y célebre con el doble grandor de lo pasado y de lo presente, en el día en que se reúne la majestad del tiempo con el halago de las esperanzas’”.



“El joven fraile afirmará enfáticamente que ‘el inmenso don de la Constitución hecho a nosotros no sería más que el guante tirado a la arena, si no hay en lo sucesivo inmovilidad y sumisión; inmovilidad por parte de ella y sumisión por parte de nosotros’. ¡Cuánto nos queda por aprender a ser humildes y dóciles!... Y concluirá con el inmortalizado imperativo: ’Obedeced, señores, sin sumisión no hay ley, sin leyes no hay patria, no hay verdadera libertad: existen sólo pasiones, desorden, anarquía, disolución, guerra y males de los que Dios libre eternamente a la República Argentina’", advirtió citando a Esquiú.



“Y qué mejor corolario de esta meditación que las palabras de Nuestro Señor Jesucristo: ‘El que recibe mis mandamientos y los cumple, ése es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él… El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió’”, añadió.



Monseñor Urbanc concluyó pidiéndole a la la Virgen del Valle que “nos siga acompañando para ser dóciles hijos de Dios y auténticos hermanos los unos de los otros, sin ningún tipo de excluidos”.



Además de la misa en la casa natal de Esquiú, en la localidad catamarqueña de Piedra Blanca, hubo otras celebraciones en el convento franciscano de la capital provincial y en el templo parroquial de San Roque, con sede en Recreo, departamento La Paz, jurisdicción donde se encuentra situado El Suncho.+