Jueves 29 de octubre de 2020

Francisco en el hospital St. Louis: lleven el amor sanador de Cristo

  • 21 de noviembre, 2019
  • Bangkok (Tailandia) (AICA)
Encuentro con el personal médico del hospital.

Después de su visita al templo de Wat Ratchabophit Sathit Maha Simaram, el papa Francisco se trasladó al Hospital St. Louis de Bangkok donde tuvo lugar un encuentro con el personal médico del hospital.



A su llegada, después de cambiar de coche, el Papa dio una vuelta en papamóvil entre los fieles reunidos en las inmediaciones del hospital. A la entrada del edificio, el Santo Padre fue recibido por el cardenal Francis Xavier Kriengsak Kovithavanij, arzobispo de Bangkok, por el profesor Tanin Intragumtornchai, director del hospital, y por el director general de la institución.



La religiosa a cargo del personal de enfermería regaló un ramo de flores al Papa. Después subieron en ascensor al auditorio del hospital donde había unas 700 personas entre médicos, enfermeras y personal de esa institución y de otros centros de asistencia de la Iglesia.



Después del saludo del director del hospital y de la entrega de un regalo, el Papa pronunció unas palabras de saludo para los presentes.



“Acogiendo y abrazando” la vida en cualquier condición, destacó el pontífice en su discurso en español. Los que se dedican al servicio hospitalario, observó, nos permiten contemplar el “rostro materno” del Señor que se inclina “para ungir y criar a sus hijos”. Por esto, agradezco tanto a las Hermanas de San Pablo de Chartres, a quienes se encomendó el complejo en 1898, como a los otros religiosos, por la “dedicación silenciosa y alegre” a este apostolado, tanto al director del hospital, Tanin Intragumtornchai, que en su saludo introductorio recordó el 120 aniversario de su fundación y especificó cómo la misión de los hospitales católicos no es la de “hacer negocios” sino la del amor, la compasión, el respeto a la dignidad y la igualdad entre los hombres.



Recordando el Evangelio de Mateo, en el pasaje en el que el Señor dice: “todo lo que le hiciste a uno de estos mis hermanitos, me lo hiciste a mí”, Francisco subrayó que precisamente en el ejercicio de la caridad, los cristianos estamos llamados no solo a mostrar que somos discípulos misioneros, sino también a verificar la fidelidad de nuestros seguidores y de nuestras instituciones.



El pontífice señaló que una de las mejores “obras de misericordia” se lleva a cabo en el hospital, ya que la atención médica “va mucho más allá de una práctica simple y loable de la medicina”.



Este compromiso no puede reducirse solo a llevar a cabo algunas acciones o ciertos programas, sino que debe ir más allá, abierto a lo inesperado. Dar la bienvenida y abrazar la vida cuando llegue a la sala de emergencias del hospital para ser tratada con una piedad especial, que nace del respeto y el amor por la dignidad de todos los seres humanos. Incluso los procesos de curación requieren y reclaman la fuerza de una unción capaz de devolver, en todas las situaciones que se deben cruzar, una mirada que dé dignidad y apoyo.



Uno es un discípulo misionero, insistió, cuando “al mirar a un paciente” se aprende “a llamarlo por su nombre”, a pesar de que proporciona un servicio “pesado y agotador”, en “situaciones extremas”, que también requiere un camino de acompañamiento y asistencia también para los operadores



De ahí la importancia de desarrollar un ministerio de salud en el que no solo los pacientes sino todos los miembros de esta comunidad puedan sentirse acompañados y apoyados en su misión. También sepa que sus esfuerzos y el trabajo de las muchas instituciones que representa son el testimonio vivo del cuidado y la atención que estamos llamados a demostrar para todas las personas, especialmente los ancianos, los jóvenes y los más vulnerables.



Francisco habla de las muchas personas que en las realidades católicas recibieron alivio en su dolor “, han sido consolados en sus opresiones y acompañados en su soledad.



Este apostolado, y otros similares, deberían ser cada vez más un signo y un emblema de una Iglesia saliente que, queriendo vivir su misión, encuentre el coraje de llevar el amor sanador de Cristo a todos los que sufren.



La enfermedad, señaló, trae consigo “grandes preguntas”: la primera reacción puede ser de rebelión, pero también de “desconcierto y desolación”.



Es el grito de dolor, y es bueno que así sea: Jesús mismo lo sufrió y lo hizo suyo. Con la oración nosotros también queremos unirnos a su grito. Al unirnos a Jesús en su pasión descubrimos fortaleza de su cercanía a nuestra fragilidad y nuestras heridas. Es una invitación a aferrarse a su vida y su sacrificio.



La protección de Maria

La exhortación final es para que podamos encontrar, en una “mano extendida”, la ayuda necesaria para descubrir la cercanía del Señor que “está cerca de nosotros y nos acompaña”, confiando en la protección de María, especialmente “en el momento del dolor”, de enfermedad y de toda forma de vulnerabilidad”, de modo que nos ayude “a encontrarse con su Hijo en la carne herida de las personas que sufren”.



Luego, después de la entrega de su obsequio y de la foto de grupo con el cardenal arzobispo de Bangkok, con el arzobispo emérito, cardenal Michael Michai Kitbunchu, y con el personal del hospital, el Papa fue al vestíbulo principal del hospital para visitar de forma privada a los enfermos y discapacitados.



Al final, después de saludar a 40 enfermos individualmente, el Santo Padre regresó en papamóvil a la nunciatura apostólica en Bangkok.+



» Texto completo del saludo