Lunes 29 de noviembre de 2021

Mons. Martorell: "La misericordia del Señor es eterna"

  • 15 de marzo, 2018
  • Puerto Iguazú (Misiones) (AICA)
"Toda la liturgia de la Cuaresma gira alrededor de dos temas: la misericordia de Dios y la necesidad de conversión del hombre. La Cuaresma nos propone como meta la salvación", formuló el obispo de Puerto Iguazú, Mons. Marcelo Martorell, al reflexionar sobre las lecturas bíblicas propuestas por la liturgia para el cuarto domingo de Cuaresma.
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"Toda la liturgia de la Cuaresma gira alrededor de dos temas: la misericordia de Dios y la necesidad de conversión del hombre. La Cuaresma nos propone como meta la salvación", formuló el obispo de Puerto Iguazú, monseñor Marcelo Raúl Martorell, al comentar y reflexionar sobre las lecturas bíblicas propuestas por la liturgia para el cuarto domingo de Cuaresma.

Al considerar la primera de dichas lecturas, el prelado señaló que "los jefes y sacerdotes del Pueblo de Israel no fueron fieles a Dios, no obstante el Señor interviene constantemente en su historia mediante sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo".

Luego, al comentar la segunda lectura, el obispo expresó que San Pablo, mediante una carta, les explica a los cristianos de Efeso que Dios sólo castiga al hombre después de haber agotado para con él los infinitos recursos de su amor. El Señor en virtud de su amor -llevando al extremo su misericordia por el hombre- en lugar de castigar en el hombre ingrato y pecador sus culpas, lleva a su Hijo Unigénito a la Cruz, a fin de que creyendo el hombre en Cristo crucificado se salve".

Al referirse al Evangelio de este domingo, en el que se dice que "Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él", monseñor Martorell reflexionó: "Muchas veces el hombre se cierra a Dios y a sus mensajeros, dejándose dominar por sus pasiones e incredulidad. Es así como el hombre tergiversa la verdad, sofoca la voz de la conciencia y termina por vivir en desacuerdo con Dios, consigo mismo y con el prójimo. El despojo de los valores, del amor por la vida, las inclinaciones a una sexualidad desordenada y las divisiones en la familia humana, son el testimonio vivo de la autocondenación del hombre. Y es una gracia muy grande que el hombre -en medio de tantas calamidades- llegue a reconocer la ira y el castigo de Dios por estos desórdenes. Pero la gracia de Dios y su infinita misericordia lo llevan al arrepentimiento y a la conversión. Dios quiere que todos los hombres se salven, que ninguno perezca, y es por esto que constantemente, exhorta al hombre con la Palabra predicada, con la Eucaristía que se reparte, con el perdón que se entrega cada vez que peca. La gracia mueve el corazón del hombre a volverse a Dios, a contemplar el rostro sufriente de Cristo en la cruz por causa de sus pecados".

"La gracia mueve el corazón endurecido y lo transforma en un corazón tierno, capaz de amar y transmitir ese don a todos los que lo rodean", concluyó.+