Mons. Colombo animó a buscar en Jesús el 'agua viva' que sacia la sed más profunda

  • 8 de marzo, 2026
  • Mendoza (AICA)
Durante la misa del tercer domingo de Cuaresma, el arzobispo de Mendoza reflexionó sobre el encuentro de Jesús con la samaritana y llamó a vivir una fe auténtica que se exprese en testimonio misionero

En el tercer domingo de Cuaresma, el arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Colombo, invitó a la feligresía a encontrarse con Jesucristo, "el Dios vivo y verdadero", a quien definió como el "agua viva" capaz de saciar la sed más profunda del corazón humano y transformar la vida de quienes se abren a su gracia.

La misa se celebró el 8 de marzo en la parroquia Inmaculado Corazón de María, en Coquimbito, departamento mendocino de Maipú. Allí, el prelado reflexionó sobre el pasaje evangélico del encuentro de Jesús con la samaritana, destacando la riqueza simbólica de esta escena y su significado para la vida cristiana.

El arzobispo señaló que el relato evangélico no solo remite a la historia de Israel y a las tensiones entre judíos y samaritanos, sino que también refleja la experiencia espiritual de cada persona. "En la samaritana nos sentimos retratados, porque también nosotros necesitamos de esa agua que sacie nuestra sed más profunda", expresó.

En su homilía, destacó la "pedagogía del encuentro" que Jesús despliega con la mujer en el pozo, un lugar cargado de significado para el pueblo de Israel. Allí, explicó, el Señor inicia el diálogo sin detenerse en prejuicios culturales o religiosos.

Agua que sacia la sed
"Jesús encuentra a esta mujer y, sin reparar en que sea samaritana, le pide agua. Pero al mismo tiempo le revela que quien le pide tiene para darle un agua que sacia toda la sed del hombre", señaló.

El diálogo provoca en la mujer un proceso interior de fe. Según subrayó monseñor Colombo, a través de las palabras de Jesús, ella reconoce progresivamente su identidad, llegando incluso a llamarlo profeta.

En ese marco, el arzobispo explicó que Jesús revela una verdad central sobre la relación con Dios: la auténtica adoración no se limita a un lugar físico, sino que se vive en toda la existencia. "No es en una montaña o en un templo donde únicamente se debe adorar a Dios, sino en la vida misma de cada ser humano", afirmó.

Esa adoración, añadió, se expresa en la coherencia de vida, en la santidad de las costumbres y en el testimonio de una vida fecunda según el proyecto de Dios. "Adorar en espíritu y en verdad es lo que Jesús propone a la samaritana y, en ella, a todos los hombres", sostuvo.

El arzobispo también destacó el cambio que se produce en la mujer tras el encuentro con Cristo. El Evangelio relata que deja su cántaro para ir a anunciar a sus vecinos lo que ha vivido.

"Ese gesto simboliza que deja atrás su vida anterior para comenzar una vida nueva: la del creyente que se ha encontrado con Dios", explicó.

Primero los samaritanos
De ese modo, agregó, quien era considerada extranjera se convierte en una verdadera misionera entre su pueblo. Primero los samaritanos escuchan su testimonio y luego ellos mismos se encuentran con Jesús y llegan a creer en él.

Para monseñor Colombo, esta escena bíblica sigue conmoviendo porque muestra cómo el corazón humano puede abrirse a Dios cuando deja de lado prejuicios, diferencias y cualquier obstáculo que impida reconocer su amor.

"Como a la samaritana, el Señor nos conoce y conoce nuestra fragilidad, que incluso puede convertirse en una riqueza para ofrecer a Dios", afirmó.

Finalmente, el arzobispo recordó que este Evangelio se proclamó en el marco del Día Internacional de la Mujer, y propuso contemplar en la figura de la samaritana un signo del modo en que Dios se acerca a cada persona.

"Quedémonos con esta imagen de una mujer que busca a Dios, que se encuentra con él y que luego quiere comunicarlo con su propio testimonio de vida", concluyó.+