Card. Parolin: 'Que Dios silencie las armas y reconcilie a la humanidad'

  • 4 de marzo, 2026
  • Roma (Italia) (AICA)
Al presidir la misa con motivo del centenario del Ordinariato Militar, pidió por la paz: "En este momento que todos conocemos, pedimos al Señor que silencie las armas y reconcilie a la humanidad".

El Secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Pietro Parolin, presidió, este 3 de marzo, una misa en la basílica de San Pablo Extramuros en Roma, como parte de las celebraciones del centenario del Ordinariato Militar de Italia.

Fundado en 1926, el Ordinariato se estableció para brindar asistencia espiritual y religiosa al personal militar italiano y a sus familias. Miembros de los Carabineros, el Ejército Italiano, la Guardia di Finanza, la Fuerza Aérea y la Armada estuvieron presentes en la misa.

En su homilía, el cardenal Parolin pidió por la paz: "En este momento que todos conocemos, pedimos al Señor que silencie las armas y reconcilie a la humanidad".

La lógica del servicio y de la Cruz
El purpurado italiano reflexionó sobre la historia de Jesús analizando el comportamiento de los fariseos en el Evangelio de Mateo. Esto debería servir de inspiración -explicó el cardenal- para el ministerio de los capellanes que prestan servicios en contextos militares.

"La palabra severa del Evangelio, añadió, no se queda en una acusación contra los demás, sino que se convierte en una norma de conducta para cada uno de nosotros. Nos llama a la humilde coherencia, a una autoridad expresada en el servicio, a una presencia que no oprime ni busca atención, sino que acompaña y guía".

Además, el cardenal Parolin enfatizó que la Cruz debe ser "el paradigma de toda autoridad cristiana". Dentro de esta lógica, continuó, la misión del Ordinariato también puede entenderse en el contexto internacional actual, marcado por conflictos y tensiones geopolíticas persistentes que hacen más complejo el discernimiento ético.

Subrayó que la Iglesia "no cesa de promover una cultura de paz, entendida no como ingenuidad desarmada, sino como construcción paciente de condiciones de justicia, diálogo y protección de los derechos".

Consistencia silenciosa de la escucha
Volviendo al pasaje evangélico, el cardenal Parolin señaló que la primera "ruptura" en la actitud de los fariseos es la falta de coherencia. La misión de los capellanes militares, por lo tanto, consiste en mantener "una coherencia silenciosa: la capacidad de escuchar sin juzgar, de apoyar sin entrometerse, de hablar de Dios sin moralismo".

La segunda ruptura se refiere a la comprensión de la ley. Los fariseos, como dice Jesús en el pasaje evangélico citado por el cardenal, "atan cargas pesadas y las ponen sobre los hombros de la gente".

"En el contexto militar, ya marcado por la disciplina y las grandes responsabilidades", observó, "la presencia de la Iglesia no puede añadir cargas a las cargas. El capellán está llamado a ser un espacio de respiro, un lugar de discernimiento, un compañero que ilumina la conciencia para que la obediencia no se convierta en irresponsabilidad y la disciplina en automatismo moral".

El espacio más sagrado de la persona humana
La conciencia, como enseña el Concilio Vaticano II en la constitución pastoral Gaudium et spes -citada por el Secretario de Estado-, es el núcleo más secreto y el santuario de la persona, donde se encuentra a solas con Dios. La tarea de la Iglesia, por tanto, es salvaguardar e iluminar este espacio inviolable de la persona humana.

De aquí también surge la misión de los capellanes que conviven con el personal militar. Deben educar en la responsabilidad y la libertad interior. En medio de la dureza de la ausencia, el miedo al peligro y la herida del sacrificio que caracterizan el deber de los soldados en los difíciles contextos en los que sirven, la presencia discreta y fiel del capellán -subrayó Parolin- se convierte en un signo concreto de la maternidad de la Iglesia.

Respeto a la dignidad de cada persona
La tercera "ruptura" en la vida pública de los fariseos reside en su ostentación. Todo lo que hacen, advierte Jesús, lo hacen "para ser admirados". Esto, señaló el cardenal Parolin, también puede ser una tentación para los capellanes militares: "la búsqueda de visibilidad, la preocupación por la imagen, la necesidad de aparecer".

El Secretario de Estado recordó entonces la enseñanza de Cristo, que también debe guiar al Ordinariato: "El mayor entre vosotros debe ser vuestro servidor". Este es el enfoque que debe inspirar al Ordinariato, que "será fiel a su vocación no tanto fortaleciendo las estructuras o buscando visibilidad, sino fomentando un discernimiento maduro, capaz de aunar fuerza y responsabilidad, lealtad al Estado y respeto a la dignidad inviolable de cada persona".

En los escenarios de guerra, añadió el cardenal Parolin, es particularmente importante preservar y "cuidar" la "conciencia militar", ya que ésta es "el lugar decisivo donde está en juego el respeto a la dignidad humana, incluso en el corazón del conflicto".

Al concluir la homilía, el Secretario de Estado vaticano también expresó su deseo por la paz: "Que el Señor, que en la Pascua venció toda violencia y reconcilió consigo al mundo, haga de vuestro servicio un signo creíble de justicia y de paz".+