'40 Días por la Vida' cumple diez años: desafíos y cambios tras la legalización
- 27 de febrero, 2026
- Mendoza (AICA)
La coordinadora de la primera campaña en la Argentina repasó cómo surgió la iniciativa, compartió testimonios de participantes y evaluó el impacto social y organizativo del movimiento.
A diez años de la primera campaña de 40 Días por la Vida en Argentina, organizada en Mendoza, Carmen Saraví, quien coordinó aquella iniciativa, repasó los comienzos del movimiento en el país, los desafíos iniciales y los cambios que observó desde entonces.
Saraví explicó en declaraciones a AICA que la inspiración para organizar la primera campaña surgió a partir de una invitación que recibió por correo electrónico desde la sede central del movimiento, enviada por Katharine Britton, entonces encargada de las campañas para Iberoamérica. Señaló que ya conocía la iniciativa internacional por referencias en publicaciones provida como Heartbeat y Vida Humana Internacional. Sin embargo, aquel mensaje tuvo otro peso. No era una noticia lejana. Era un llamado concreto. A partir de ese contacto decidió impulsar la primera experiencia en el país.
El desafío inicial, explicó, fue conformar un equipo sólido, comprometido y confiable. Consideró que sin esas condiciones la campaña no puede sostenerse en el tiempo.
La primera campaña tuvo como escenario la plaza Chile. Allí se levantó un sencillo puesto de oración frente a un abortista clandestino. En ese lugar, donde el dolor se respiraba, también aparecieron historias que marcaron para siempre.
Pablo vivía al lado del médico abortista. Muchas veces, según contó, los restos de bebés abortados podían percibirse. Se mudó a pocas cuadras. Un día vio a los voluntarios. Se acercó. Se anotó para rezar. Su presencia tuvo la fuerza silenciosa de quien conocía de cerca el drama.
Otra mujer compartió un recuerdo que todavía le dolía. Años atrás estuvo en la camilla del abortista. Era muy joven y no sabía qué hacer. Cuando estaba casi lista para la intervención, se levantó y salió corriendo. Su hijo tenía 20 años cuando ella narró su historia. Las lágrimas todavía asomaban.
Saraví afirmó que durante las campañas surgieron situaciones que definió como experiencias de sanación. Citó a santa Teresa de Calcuta al recordar su frase: "El aborto es el principal destructor de la paz". En la primera locación, frente a un abortista clandestino en plaza Chile, indicó que derivaron a personas que manifestaban dolor y culpa hacia espacios como el retiro Salve Guadalupe y Proyecto Esperanza. También señaló que algunos voluntarios le transmitieron que, tras dialogar con participantes, ciertas personas revisaron su postura sobre el aborto.
Sobre la reacción de la comunidad en los inicios, sostuvo que en general fue positiva. Algunos vecinos se sumaron a la oración y otros ofrecieron sus instalaciones para baños y apoyo. En aquellos días la vigilia cubría las 24 horas, y cada gesto solidario tenía un valor enorme.
Una convicción renovada
En relación con los cambios a lo largo de estos diez años, expresó que percibe un crecimiento del individualismo y la desesperanza. Señaló que la legalización del aborto llevó a que muchas personas se rindieran, aunque otras asumieron el compromiso. Tras ese cambio legislativo, trasladaron la campaña a la vereda de un hospital público donde, según indicó, se realiza la mayor cantidad de abortos en la provincia. Agregó que, al no tratarse de una zona céntrica, disminuyó la asistencia de voluntarios. Sin embargo, quienes permanecen lo hacen con convicción renovada.
Para Saraví, uno de los logros más importantes fue lo que definió como la "salvación de varios niños de ser abortados" y el acompañamiento a sus padres. Recordó que, en una primera campaña frente al hospital, dos jóvenes de 17 años con turno para abortar desistieron después de escuchar el testimonio de una voluntaria que estaba en ese momento. También destacó la consejería y la derivación a centros de atención provida, así como el fortalecimiento de la fe y de los vínculos entre quienes participan.
La expansión del movimiento a 12 campañas en el país representa para ella un consuelo. Recordó que, cuando recibió la invitación inicial, supo que otras personas en Argentina también habían sido convocadas y no aceptaron. Afirmó que no fue hasta 2018, cuando el proyecto de legalización estuvo próximo a aprobarse, que otras ciudades decidieron impulsar campañas.
En el plano personal y espiritual, sostuvo que" la razón primordial de la campaña es Cristo y que la defensa de la vida se fundamenta en esa fe". Considera que "toda obra basada en el amor a Dios y al prójimo crece en fe y amor, y que requiere humildad para reconocerse instrumento". También afirmó que "la experiencia les permitió construir amistades profundas, con una base común en la fe".
Al dirigirse a quienes evalúan organizar una campaña en su ciudad, recomendó "comenzar con oración y ayuno, buscar el acompañamiento de sacerdotes y del obispo local, formar un equipo con una coordinación definida y mantener una actitud de servicio". Además, sugirió registrarse en la campaña central a través de la coordinación nacional o regional y revisar con atención los módulos de capacitación.
Diez años después, asegura Saraví, "aquella pequeña llama encendida en Mendoza no sólo sigue viva. Ilumina otras ciudades y otros corazones. Y en cada Cuaresma, vuelve a proponer lo mismo: presencia silenciosa, oración fiel y esperanza, incluso cuando el entorno parece adverso".+