Monseñor Mestre: "El Espíritu Santo es la memoria viva de la Iglesia"

  • 26 de mayo, 2022
  • Mar del Plata (Buenos Aires) (AICA)
El obispo de Mar del Plata alentó a confiar siempre en la protección y el consuelo del Espíritu Santo y sin olvidar que es siempre Jesús quien "nos da la paz".

En el sexto domingo de Pascua, el obispo de Mar del Plata, monseñor Gabriel Antonio Mestre, invitó a meditar sobre tres puntos: Intiidad, amor y discipulado; El Paráclito, memoria viva de la Iglesia; y “Les doy mi PAZ”

Intimidad, amor y discipulado
Retomando la narrativa evangélica que hablaba de la centralidad del amor, monseñor Mestre se refirió a ese amor pero fundamentalmente hacia Dios. En ese sentido, expresó que “el verdadero discípulo ama a Jesús y amándolo será fiel a la Palabra de Dios y el mismo Dios, Padre e Hijo, habitarán en su corazón, en su vida, en su intimidad”. “Aquí el amor se capta como realidad central de la vida del discípulo en su relación de intimidad con Dios. Esta intimidad, esta presencia de Dios en lo más profundo de su ser lo capacita para vivir en serio su Palabra en el compromiso con el hermano y la historia que le toca vivir”, continuó el prelado.

En relación a ello, el obispo instó a realizar un proceso de sentida reflexión interna para saber si “amo a Jesús;  y si al amarlo en profundidad busco ser fiel a su Palabra”. “¿Experimento que Dios habita en mi corazón por su gracia en total intimidad? ¿Disfruto de su presencia en mi alma?”, se preguntó en voz alta.

El Paráclito, memoria viva de la Iglesia
Respecto al segundo punto, el prelado recordó cuando Jesús señala que el Padre enviará en su nombre el Espíritu Santo y esto “nos pone así en saludable tensión a la hermosa fiesta que celebraremos dentro de dos semanas: Pentecostés”. 

Monseñor Mestre explicó que si bien “se le da al Espíritu un nombre un poco extraño: Paráclito, una expresión griega muy difícil de traducir”, la misma “significa el que ha sido llamado para estar al lado, el que consuela, el que defiende, el que protege, el que cuida… Todo esto es el Espíritu para nosotros”.

Además, recordó se dan dos verbos como acciones propias del Paráclito: enseñar y recordar. “Cuando venga nos enseñará y recordará todo lo que Jesús hizo y dijo. El Espíritu Santo es la memoria viva de la Iglesia. El Paráclito nos ayuda a tener memoria viva de la presencia de Jesús en nuestra historia”, señaló el obispo de Mar del Plata, quien exhortó a pensar “cómo me estoy preparando para la fiesta de Pentecostés, si anhelo la presencia del Espíritu en mi vida o si me dejo enseñar por el Espíritu como maestro interior?.

“Les doy mi paz”
Acerca del último punto, monseñor Mestre señaló que “Jesús nos da la paz pero la diferencia de la paz del mundo. Se hace referencia así a la falsa paz, a la paz superficial, a la paz construida con cimientos endebles, a la paz que solo tiene en cuenta un bienestar momentáneo y pasajero… ¿Qué es la paz? ¿Cuál es la paz auténtica? ¿Cómo es la paz que nos regala Jesús? No es fácil responder”.

Sin embargo, tomando reflexiones de San Agustín y San Juan Pablo II, el obispo se animó a esbozar un significado de paz, a la cual definió como “el estado de ánimo profundo que nace de la unificación sobrenatural de todas las tendencias humanas hacia el único ideal que es Dios”. “No es en primer lugar fruto del esfuerzo humano, sino don del mismo Dios. Por su mismo efecto unificador, la paz, impregna todos los ámbitos y niveles de la vida del ser humano. En definitiva, lo central es poder descubrir que Dios es nuestra paz”, explayó.

Finalmente y en referencia a ello, invitó a observar si “soy un hombre, una mujer, buscador de paz, en dónde busco o encuentro la paz, o si abro mi corazón al Señor para estar y vivir en paz”.+