Mons. Buenanueva: María nos enseña a levantarnos y seguir caminando juntos

  • 16 de mayo, 2022
  • San Francisco (Córdoba) (AICA)
El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, presidió el viernes 13 de mayo la Eucaristía en la fiesta patronal en honor de Nuestra Señora de Fátima.

Con una misa presidida por monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva en la catedral de San Francisco, la comunidad diocesana celebró el viernes 13 de mayo a Nuestra Señora de Fátima.

En su homilía, el obispo animó a contemplar a María y decirle: “¡Tú eres la gloria de Jerusalén, tú el gran orgullo de Israel, tú el insigne honor de nuestra raza!”.

“María no está sola, ni se corta sola. No se deja seducir por la autosuficiencia”, observó el obispo. “Ella se sabe hija de un pueblo, sujeto libre y responsable de la fe. Comprende que Dios la quiere protagonista, como un día lo entendió Judit. Se sabe libre, con una libertad que crece en la misma medida que estrecha las manos de aquellos que caminan con ella”.

“Así la contemplamos en el libro de los Hechos de los Apóstoles: en oración con la comunidad apostólica, a la espera del Espíritu. Mujer fuerte que ora y sostiene con su oración a los vacilantes. María ora, porque espera. Sabe de oración porque sabe de esperanza”, afirmó.

“Ni la oración ni la esperanza son cosas de solitarios, de francotiradores, de autosuficientes que se suben a un pedestal para estar encima de los demás. La oración, la esperanza y el compromiso misionero nacen, echan raíces y maduran en corazones humildes y fraternos, solidarios y pacientes”, consideró el prelado y aseguró: “Así es María”.

“La contemplamos también al pie de la cruz, tomando parte en la pasión del Señor, recibiendo el Espíritu de Jesús con las otras mujeres y el discípulo amado; confiada a este como Madre y ella misma recibiéndolo como hijo suyo”, recordó. “Así nace la Iglesia”.

“Una vez más: María aparece en medio de un tejido colorido, rico y luminoso de relaciones, entretejiendo los hilos de su vida con la trama de las vidas de los discípulos de su Hijo Jesús. Y, sin salirse de esa rica urdimbre, ella teje con paciencia y originalidad su parte de la trama”.

“Así la contemplamos. Así nos gusta verla y sentirla como madre, patrona, hermana y una de nosotros, el ‘insigne honor de nuestra raza’, la más perfecta discípula misionera de Jesús”, describió. 

“María, hoy venerada en su advocación de Fátima, es parte de esta Iglesia diocesana de San Francisco. Es parte insigne, noble e inspiradora de esa red invisible de comunidades y personas, servicios y ministerios, iniciativas apostólicas y solidarias que es nuestra diócesis”.

“María es el ícono luminoso de lo que nuestra Iglesia, en comunión con todas las Iglesias, está llamada a ser; el espejo más límpido en el que hemos de ver reflejada la verdad que nos empuja hacia delante, hacia la plenitud del tiempo, hacia Cristo resucitado, alfa y omega, como hemos cantado la noche de Pascua”.

“En este sentido, María nos precede en el camino de la fe, y nos enseña que ninguna realización epocal de la Iglesia o ninguna iniciativa pastoral agota el Evangelio”.

“Ella nos enseña a caminar, a no dejarnos entretener por el camino, a levantarnos de nuestras caídas y a recuperar fuerzas para seguir caminando como familia, como comunidad, como Iglesia”.

“¡Qué hermoso aprendizaje el que venimos haciendo desde el primer día que nacimos como Iglesia diocesana! ¡Seguimos aprendiendo a caminar juntos!”, exclamó el obispo, señalando los nuevos desafíos que el camino sinodal pone delante de la comunidad.

“María nos enseña a afrontarlos, como ella misma vive la fe y la misión: en comunión, esperándonos unos a otros, tendiéndonos la mano, ayudándonos a superar tensiones y conflictos; saliendo, una y otra vez, al encuentro de nuestros hermanos, de los pobres, de los alejados, de los que se sienten abrumados por el peso de la vida”, aseguró.

“María nos enseña a caminar sostenidos por la experiencia de la misericordia y compasión de Dios que se extiende ‘de generación en generación’, como hemos cantado con su Magnificat”.

Finalmente, invitó a los fieles a volver al Cenáculo y contemplar nuevamente a la Iglesia “en oración, sostenida por María, y a la espera del Espíritu. "Esa comunidad temerosa y encerrada será arrojada por el Espíritu Santo a los caminos del mundo. Será Iglesia en camino y en tensión misionera”, recordó. “Por esos caminos misioneros estará también María: irá delante, en medio de su pueblo, alentando a todos. Así la sentimos ahora”.

Y le pidió a la Virgen de Fátima “que siga alentando en nosotros la gracia del bautismo y la confirmación. Que cada uno de los que formamos parte de esta Iglesia diocesana vivamos a fondo la fe, la esperanza y la caridad que nos han sido regaladas en la fuente bautismal y con la unción del Espíritu, que seamos discípulos misioneros alegres de Jesús, dispuestos a llevar el Evangelio a cada rincón de nuestra diócesis”.+