Francisco: la fe de los ancianos es el "catecismo" de vida de los jóvenes

  • 23 de marzo, 2022
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
En la audiencia general, el Papa prosiguió reflexionando sobre el tema de la vejez proponiendo el ejemplo de Moisés que, al final de sus días, transmite su historia vivida con Dios.

“¡Qué hermoso sería si a los jóvenes aún se les hiciera la narración de la fe de boca de sus mayores!”, dijo el papa Francisco este miércoles 23 de marzo durante la audiencia general, celebrada en el Aula Pablo VI, continuando con su catequesis sobre la herencia de la vejez.

El punto de partida es la historia de la muerte del anciano Moisés, precedida por su testamento espiritual: el Cántico de Moisés, que "es ante todo una hermosa confesión de fe", explicó Francisco, "pero es también la memoria de la historia vivida con Dios, de las aventuras del pueblo que se formó desde la fe en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob”. 

“Moisés recuerda también las amarguras y los desengaños del mismo Dios”, subrayó el Papa: “su fidelidad continuamente puesta a prueba por las infidelidades de su pueblo. El Dios fiel y la respuesta del pueblo infiel: como si el pueblo fuera a probar la fidelidad de Dios, y siempre permanece fiel a su pueblo. Este es el núcleo del Cántico de Moisés: la fidelidad de Dios que nos acompaña a lo largo de nuestra vida”. 

“Cuando Moisés pronuncia esta confesión de fe está en el umbral de la tierra prometida, y también de su despedida de la vida”, recordó Francisco: “Tenía ciento veinte años, anota la historia, pero sus ojos no estaban extinguidos. 

Esa capacidad de ver, no sólo física sino también simbólica, que tienen los mayores, que saben ver el sentido más profundo de las cosas. La vitalidad de su mirada es un don precioso: le permite transmitir el legado de su larga experiencia de vida y de fe, con la claridad necesaria. Moisés ve la historia y transmite la historia: los ancianos ven la historia y transmiten la historia”. 

“Pensar que los viejos son material de descarte es una brutalidad"
"El odio y la rabia contra la guerra yo lo aprendí de mi abuelo que combatió en el Piave, en 1914", reveló de improviso durante su catequesis. “Me lo transmitió -siguió Francisco- porque me contó los sufrimientos de la guerra. Y esto no se aprende de los libros, se aprende así, de abuelos a nietos: la transmisión de la experiencia de vida de abuelos a nietos es insustituible”. 

“Hoy no es así, pensamos que los ancianos son material de descarte; ¡Esto es una brutalidad! No es así, y los jóvenes deben escuchar a los mayores”, exhortó Francisco, según el cual “en nuestra cultura, tan políticamente correcta, este camino aparece obstaculizado de muchas formas: en la familia, en la sociedad, en la comunidad cristiana misma. Alguien propone incluso abolir la enseñanza de la historia, como información superflua sobre mundos que ya no son actuales, que resta recursos al conocimiento del presente, como si hubiéramos nacido ayer”. 

La transmisión de la fe, en cambio, "carece a menudo de la pasión de una historia vivida", advierte el Papa: "Transmitir no es decir una cosa 'bla bla bla', es transmitir una experiencia de fe".

La escucha personal y directa del relato de una historia de fe vivida, con todos sus altibajos, es insustituible. Leerlo en libros, verlo en películas, consultarlo en internet, por muy útil que sea, nunca será lo mismo. 

La memoria de los ancianos es una bendición
Por supuesto, las historias de vida deben transformarse en testimonio, y el testimonio debe ser leal. La ideología que tuerce la historia según sus propios patrones ciertamente no es justa; la propaganda, que adapta la historia a la promoción del propio grupo, no es justa; no es justo convertir la historia en un tribunal en el que se condena todo el pasado y se desalienta todo el futuro. No. Ser justo es contar la historia tal como es, y solo quien la vivió puede contarla bien. Por eso es muy importante escuchar a los ancianos, escuchar a los abuelos: que los niños les hablen.

El Papa observó que los Evangelios también cuentan la historia de Jesús sin ocultar los momentos difíciles y dice que eso es precisamente dar testimonio. Por eso se pregunta cuánto se valora hoy “el paso del bastón entre los ancianos de la comunidad y los jóvenes abiertos al futuro”.

Una catequesis que es también testimonio de vida
Francisco sigue en su reflexión afirmando que, si el catecismo "se alimenta generosamente de la Palabra de Dios hoy" y enseña los dogmas, la moral y los sacramentos de la fe cristiana, a los jóvenes les falta un conocimiento de la Iglesia que nace de la escucha de la fe. vivida por la comunidad eclesial. 

“Como niños -continúa el Papa- se aprende la Palabra de Dios en las aulas de catecismo; pero la Iglesia -la Iglesia- se aprende de jóvenes, en las aulas de las escuelas y en los medios de información mundial”.

La narración de la historia de la fe debería hacerse al estilo del Cántico de Moisés, como el testimonio de los Evangelios y de los Hechos de los Apóstoles. Es decir, una historia capaz de recordar con emoción la bendición de Dios y con lealtad nuestras faltas. Sería bueno que en los itinerarios de catequesis existiera desde el principio también la costumbre de escuchar, de la experiencia vivida de los ancianos, la lúcida confesión de las bendiciones recibidas por Dios, que debemos custodiar, y el leal testimonio de nuestras faltas de fidelidad, que debemos reparar y corregir.

Con el don de la fe vivida, concluye el Papa, los ancianos entran en la tierra prometida y, guiados por el Señor, «ancianos y jóvenes entran juntos en su Reino de vida y de amor”.+