En la Ascensión del Señor, Mons. Scheinig llamó a "promover la dignidad humana"

  • 19 de mayo, 2021
  • Luján (Buenos Aires) (AICA)
El arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Jorge Eduardo Scheinig, presidió la Eucaristía en el VII Domingo de Pascua, Solemnidad de la Ascensión del Señor.

El arzobispo de Mercedes Luján, monseñor Jorge Eduardo Scheinig, presidió el 16 de mayo en el santuario nacional, basílica de Nuestra Señora de Luján, la Eucaristía en la solemnidad de la Ascensión del Señor.

Para llegar a los hogares en el marco de la pandemia, la celebración fue transmitida a través de los canales digitales del arzobispado y los del santuario de Luján. 

En su homilía, el prelado destacó que el Hijo de Dios bajó "para ser uno de nosotros", pero nunca experimentó "las malas intenciones, la maldad, la división interior", sino que vivió una humanidad sana. "Pasó su vida haciendo el bien", recordó, y sembrando la semilla del Reino.

El arzobispo se centró luego en la resurrección de Cristo, y refiriéndose a la solemnidad de la Ascensión, destacó que al volver al Padre, "la Pascua completa, la plenitud del Paso, viene de Dios y vuelve a Dios. Pero no vuelve igual, vuelve hecho hombre".

“Somos un cuerpo, Jesucristo es la cabeza, nosotros somos su cuerpo”, expresó monseñor Scheinig, citando a San Pablo. "Hoy celebramos que el Señor llegó, pero llegamos todos. El Señor abrió la puerta de la vida y Él la vive en plenitud, y nosotros, que somos su cuerpo, la vamos viviendo". Y añadió: "Este es el misterio de la Ascensión. El Señor es el Hijo de Dios que plenifica nuestra vida, lo humano y va plenificando toda la historia".

"Desde la Pascua hasta el fin, que es el tiempo que determine el Padre, es el tiempo del Cuerpo, es el tiempo nuestro, para hacer lo que nos decía el Evangelio: 'anuncien la Buena Noticia a toda la creación'", animó el prelado, alentando a hacer que esa semilla germine en el corazón de las personas.

"Comunicar la Buena Noticia a toda la creación es predicar, pero no sólo. Es luchar contra todo lo que oprime, todo lo que daña y poner, –usando la imagen de la Ascensión-, a las personas de pie, elevarlas, levantarlas. Porque el Señor nos ha elevado, nos ha levantado. Es hacer este milagro de una vida que se levanta, que se pone de pie, que se eleva", sostuvo.

"Porque hemos sido elevados, mi misión es elevar, levantar a los otros, en este tiempo, cuando el peso de la vida nos aplasta tanto que uno siente que va para abajo", instó el arzobispo. "La Ascensión del Señor es nuestra ascensión, la elevación del Señor es nuestra elevación", insistió en otro momento de su homilía.

"El trabajo nuestro, creativo, apasionado, novedoso, en estos tiempos también es sanar, afianzar y promover la dignidad humana", aseguró. "La pastoral nuestra es saber sanar todo lo que está roto, herido, lastimado. Pero también es saber afianzar, saber dar fuerza a lo que es bueno, dentro o fuera de la Iglesia, afianzar eso que hace bien, que hace más humano lo humano y promover la vida, promover lo verdaderamente humano. Cuanto más creyentes, más cristianos, más humanos", sostuvo.

"La Fiesta de la Ascensión es la fiesta de la dignidad humana. El Señor eleva la dignidad humana a un nivel inimaginable, al nivel de Dios. La Buena Noticia es que la humanidad está redimida gracias a la Pascua de Jesucristo".

"Celebremos la Pascua de Jesucristo y demos gracias a Dios que nos da motivos para vivir elevados, levantados, pero también nos da la fuerza para ayudar al hermano caído, aplastado. El Señor nos da fuerza", afirmó.+

» Texto completo de la homilía