Mons. Buenanueva: "Pandemia, fraternidad y democracia"

  • 6 de febrero, 2021
  • San Francisco (Córdoba) (AICA)
El obispo de San Francisco, Mons. Sergio Osvaldo Buenanueva, compartió una reflexión titulada "Pandemia, fraternidad y democracia. Un formidable desafío para la doctrina y pastoral de la Iglesia.

Con el título “Pandemia, fraternidad y democracia”, el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, publicó una reflexión sobre la actualidad, referida a lo que considera “un formidable desafío para la doctrina y pastoral social de la Iglesia”.

La pandemia de coronavirus, afirmó, “está cambiando profundamente todo”. “Es cierto -señaló- que la lenta difusión de la vacuna arroja un haz de luz sobre nuestras vidas y, sobre todo, sobre el futuro. Pero también es cierto que la bruma sigue siendo espesa. Todo está cambiando, empezando por nosotros mismos. Todos estamos cambiando. ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué futuro nos espera?”, planteó.

“La pandemia ha golpeado fuertemente la vida de todos, especialmente de los más pobres y frágiles: sean personas, familias o países enteros; niños, niñas y adolescentes, no menos que a ancianos y otras personas vulnerables. Contagiados o no, todos vamos a llevar una huella de este extraño tiempo que estamos viviendo”.

“El impacto es formidable en la existencia cotidiana, el trabajo, la educación, las condiciones económicas, la convivencia y también la vida política de los pueblos”, enumeró el obispo. “Y no dejemos de observar lo que pasa en las comunidades cristianas y la huella de la pandemia en la práctica religiosa y, sobre todo, en la propia autopercepción del creyente”.

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“De las muchas preguntas que se despiertan, elijo esta: ¿Cómo está afectando a la democracia? ¿Tenemos que pensar en una fase de fortalecimiento o de tal transformación de las diversas democracias que estas asuman otros rostros, características y contornos? ¿Qué pasará con sistemas democráticos tan débiles como el argentino? ¿China y Rusia, con sus vacunas para todos y sus sistemas autocráticos, son el futuro?”, preguntó.

En ese sentido, hizo hincapié en la reciente encíclica del papa Francisco, Fratelli tutti, en la que “nos ofrece un incipiente discernimiento del fenómeno del populismo. Señala con perspicacia sus límites y peligros, aunque también sugiere algunas bondades a tener en cuenta. Menos benigno fue su discernimiento de las corrientes liberales”, aclaró.

“Pienso, sin embargo, que la Iglesia tendría que retomar la vigorosa reflexión que san Juan Pablo II hizo en Centessimus annus sobre el sistema democrático. Retomarla, profundizarla y relanzarla. La enseñanza social de la Iglesia, abrevando en las fuentes del humanismo cristiano (el Evangelio y una interpretación racional y realista de la condición humana), tiene mucho para aportar. Es una visión sapiencial que ofrece tanto perspectivas críticas como aportaciones de largo alcance”.

Aquí en la Argentina, reflexionó monseñor Buenanueva, “sería bueno que los católicos, especialmente los pastores, hiciéramos lo propio con aquel gran documento -tal vez el más importante de estos últimos cincuenta años- como fue ‘Iglesia y comunidad nacional’ (1981)”. “De entonces a hoy, con muchas intervenciones valiosas sobre la realidad nacional, sus sucesivas (e interminables) crisis políticas, económicas y éticas, no hemos podido ofrecer un aporte sustancial sobre la democracia, desde la perspectiva de la doctrina social católica. Es, a mi parecer, una verdadera deuda”.

“Ese aporte no puede ser solo un texto doctrinal. Como ya señalara el documento de Aparecida, retomando palabras de Benedicto XVI, tenemos que activar la presencia en la vida pública de la Argentina de personalidades laicales, hombres y mujeres, que puedan ofrecer con convicción personal el ‘punto de vista católico’ de los grandes temas de nuestra vida nacional. Muchas cosas se vienen haciendo en esta línea. Me pregunto cómo potenciar este vector en un país donde el clericalismo (también con modales progresistas) sigue dominando la escena pública del catolicismo”.

“Los liderazgos carismáticos, a los que solemos ser tan afectos, solo dejan huella positiva en la vida de los pueblos si son acompañados por la consolidación de instituciones sólidas, ante todo, en la vida de la sociedad civil, la economía y, por supuesto, en la afirmación del estado de derecho, la división de poderes y un federalismo más efectivo que declamado”.

Y brindó un ejemplo, “no obstante todas las disimilitudes evidentes”: “Acaba de dejar la carga pública Angela Merkel que, por quince años, fue canciller de Alemania. Solo me permito señalar que, semejante liderazgo (de clara inspiración cristiana), además de las diferencias culturales, supone un pueblo y un sistema que tienen tras de sí experiencias tan fuertes como el nazismo, la reconstrucción de la posguerra, un federalismo del todo particular (y fuerte), con unas instituciones sólidas que han hecho posible un liderazgo con tantos aciertos, también cuando han significado límites y contrapesos concretos, propios de una democracia parlamentaria”.

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“El papa Francisco lanzó el desafío más grande a la humanidad al invitarnos a revitalizar la fraternidad entre personas, grupos y pueblos, creyentes y no creyentes, como camino para soñar juntos un futuro humano digno, sobre todo, para las generaciones que vendrán”.

“Se trata de una fraternidad que brota del corazón de nuestra experiencia de fe: reconocer en el otro a un semejante, creado por Dios a su imagen. Un Dios que es Padre y que, en Jesucristo, el buen samaritano, nos ha mostrado que su actitud más honda hacia nosotros es la compasión. Esa gracia, del modo como solo Dios lo sabe, actúa en cada ser humano que viene a este mundo (cf. GS 22). Por eso, apostar por la fraternidad, como lo hace Francisco, no es un proyecto humanista secularizado, sino una honda mirada desde la fe en el poder del Creador que, además, en Cristo ha mostrado el verdadero alcance de su poder y de su sabiduría”.

“Una mística de la fraternidad supone, como el mismo Francisco señala, activar la mejor política, la más alta y noble: la que se inspira en la caridad, se vive como paciente construcción del bien común y que sabe, con amabilidad y creatividad, sobrellevar crisis, dificultades y enfrentamientos: la unidad es superior al conflicto”, concluyó, y añadió que “una democracia sólida, basada en los valores más trascendentes y perennes, es parte de esa construcción de fraternidad a la que todos, ya desde ahora, tenemos que abocarnos. Y es una construcción insoslayable”.+