Viernes 24 de junio de 2022

Evocaron a Enrique Shaw al presentar el libro "Viviendo con alegría"

  • 5 de septiembre, 2017
  • Buenos Aires (AICA)
Enrique Shaw fue evocado al presentarse el libro "Viviendo con alegría", en el cual su hija Sara Shaw de Critto recopiló testimonios sobre su vida ejemplar de empresario, padre de familia numerosa e impulsor de entidades católicas. El libro, publicado por Editorial Claretiana, se presentó en el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires. Destacaron el ejemplo de vida de Shaw el presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), Juan Vaquer, y el administrador de la causa de beatificación, Fernán de Elizalde.
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Enrique Shaw fue evocado al presentarse el libro "Viviendo con alegría", en el cual su hija Sara Shaw de Critto recopiló testimonios sobre su vida ejemplar de empresario, padre de familia numerosa y activo impulsor de entidades católicas.

En un acto que reunió a casi un centenar de personas en la biblioteca del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, Fernán de Elizalde, administrador de la causa de beatificación, indicó que el libro se realizó sobre la base de testimonios que no habían sido enviados a Roma para el proceso.

Aclaró, no obstante, que a la Santa Sede se aportaron pruebas que estimó "necesarias, suficientes y contundentes": se mandaron 13.000 folios debidamente autenticados. Por lo cual, sin desmerecer lo recogido en el libro, sino rescatando su valor, comentó: "Esto es el descarte".

Dijo que por su función en el proceso él debió leer todo el material para seleccionar y que cada vez que leía descubría algo nuevo en la vida de Shaw, a quien no conoció personalmente. Pero concluyó: "Yo lo conocí, porque lo vi por dentro". Y apuntó que este libro, que acaba de publicar la Editorial Claretiana, aporta muchos detalles nuevos sobre la rica personalidad de ese hombre que encontró a Dios y buscó hacer felices a los demás.

Informó que pudo recuperarse una charla de monseñor Manuel Moledo, primer asesor de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), de la que Enrique fue fundador y primer presidente, que el empresario Jaime Peña registró con un grabador Geloso que acababa de comprar y que estuvo perdida durante 35 años. Fue el 13 de septiembre de 1962, dos semanas después de la muerte de Shaw, a quien Moledo había acompañado solícitamente en sus últimos meses. En esa charla, el sacerdote trazó una vívida semblanza espiritual del dirigente fallecido y transmitió lo que él pensaba sobre la misión de la entidad.

También mencionó Elizalde la circular que el 11 de septiembre de 1959 Shaw, administrador delegado de la firma Rigolleau, envió al personal, sin requerir permiso al directorio, expresando su idea de cómo actuar ante la crisis que se enfrentaba en la empresa y en toda la actividad comercial del país. Eran reflexiones ante una situación en la que por falta de pedidos, había disminución de trabajo. Decía allí: "El trabajo del hombre es una realidad querida por Dios y santificada por Cristo. La desocupación, por ello, es un mal moral antes que un mal económico". Afirmaba que "en períodos de dificultades económicas, no debe ser el despido la primera solución a encarar". Y precisaba el esfuerzo consciente y sostenido que debía hacerse "para que la mayor cantidad posible de personas que de nosotros dependen, si lo quieren de veras, puedan tener un trabajo estable".

Un modelo de alegría y valentía

Abrió el acto la directora ejecutiva de ACDE, Ana Pico, quien presentó a los disertantes. El actual presidente de ACDE, Juan Vaquer, estimó oportuno que el acto se realizara en un colegio de abogados, que busca la defensa de los derechos, de las libertades. Y señaló que hay una libertad importante aunque no esté reconocida explícitamente en la Constitución nacional: la de elegir a quién queremos imitar, a quién queremos parecernos.

Observó que muchas veces estamos expuestos a malos modelos por las redes sociales o los medios de comunicación. Y a ello contrapuso el modelo bueno y cercano que fue Enrique Shaw, que vivía lo que creía y creía en lo que vivía. "Es un hombre de nuestro tiempo, de nuestro espacio, caminó nuestras mismas veredas", dijo.

Entre sus virtudes puso de relieve la alegría. Vaquer contó que el día anterior se había cruzado con el dirigente empresario Jaime Campos, que recordó especialmente esa virtud. Enrique Shaw era amigo de su padre, Hernando Campos Menéndez (que aparecía en alguna de las fotos proyectadas en el acto). Eran dos familias amigas y juntas hicieron un viaje al sur del país en sus vacaciones, cuando Jaime era un chico de 14 años. Este dijo que era muy entretenido estar con Enrique, que transmitía su alegría a todos.

Vaquer también señaló la valentía de Shaw. Cuando era un cadete en el Liceo Naval, se arrodillaba a rezar todas las noches antes de dormir en el pabellón con otros cadetes, sin importarle que eso le hiciera motivos de burlas y bromas (bullying, diríamos hoy). Al respecto, dijo que tenía muy claro quién era su modelo y tenía convicción, fe y perseverancia para seguir a ese modelo: Cristo. En el mismo sentido, Elizalde señaló cómo afrontaba con fortaleza las chanzas cuando tenía 14 o 15 años, "y después se metía a todos en el bolsillo". El libro recoge algunos testimonios de admiración de quienes fueron compañeros suyos en su época estudiantil.

"Hizo mucho en poco tiempo", dijo Vaquer, recordando que tenía 41 años cuando falleció. Administrador delegado de Cristalerías Rigolleau, Shaw amaba a sus empleados, los conocía a cada uno por su nombre, se interesaba por sus problemas. Cuando estuvo enfermo 260 operarios de su empresa se presentaron a donar sangre. Y él, que había nacido en una familia acomodada, se congratuló pensando que era mejor persona, estaba contento por llevar en sus venas sangre de obrero. Vaquer citó también el comentario de una señora que trabajaba con él en Rigolleau, Adelina Hunier: "Yo lo imitaba, lo veía como un santo".

Grandes pinceladas
Vaquer confió a los presentes que al leer este libro pensó en un cuadro impresionista, de esos que buscaban trasmitir la esencia de lo que se ve con grandes trazos. Como en los cuadros de Van Gogh el sol transmite más luz y calor que si se tratara de una reproducción minuciosa. Estimó que cada testimonio recogido en el libro es como una pincelada, que hace patente la esencia de Shaw.

Sara Shaw de Critto estaba en la platea, con su marido, Adolfo Critto, y prefería que hablaran de su padre, no de su libro, por lo cual los oradores se disculparon cada vez que hicieron alguna mención a la autora. Estaban también otros descendientes de Shaw (cuatro de sus nueve hijos, además de nietos, bisnietos y otros parientes), así como el postulador de la causa, el abogado y profesor universitario Juan Navarro Floria. Asistieron asimismo dos sacerdotes hermanos entre sí, los padres Pablo y Enrique Saguier Fonrouge, dominico y capellán castrense, respectivamente, y el periodista Tito Garabal, del programa Claves para un Mundo Mejor, con su equipo de grabación, así como integrantes de ACDE, la asociación empresaria que Shaw presidió al fundarla en 1952. (Jorge Rouillon)