Sábado 20 de agosto de 2022

Las exequias del padre Ibáñez Padilla mostraron el afecto de los fieles

  • 11 de septiembre, 2015
  • Buenos Aires (AICA)
Una gran manifestación de afecto se evidenció en el velatorio y la misa exequial del padre Alberto Ibáñez Padilla SJ, iniciador del movimiento espiritual carismático Comunidad Convivencia con Dios, en cuyos retiros han participado muchos miles de personas. Treinta sacerdotes concelebraron una concurrida misa exequial en la iglesia del Salvador, previa al entierro en el Colegio Máximo, de San Miguel. En la homilía, el provincial de la Compañía de Jesús, padre Alejandro Tilve SJ, dijo que él vivía completamente identificado con el misterio de la gracia del sacerdocio.
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Una gran manifestación de afecto se evidenció en el velatorio y la misa exequial del padre Alberto Ibáñez Padilla SJ, iniciador del movimiento espiritual carismático Comunidad Convivencia con Dios, en cuyos retiros han participado muchos miles de personas.

A las 9 del jueves 10, unos treinta sacerdotes concelebraron una concurrida misa exequial en la iglesia del Salvador, donde hasta su fallecimiento confesaba y atendía la dirección espiritual de penitentes.

En la homilía, el provincial de la Compañía de Jesús, padre Alejandro Tilve SJ, dijo que él vivía completamente identificado con el misterio de la gracia del sacerdocio al que fue llamado.

Destacó la bondad, la dulzura y la paciencia como virtudes que supo encarnar y transmitir a los demás. Y ante el pecado de un mundo que miente, condena, oprime, tenía la capacidad de perdonar y mirar esta humanidad con bondad y alegría, con plena confianza en el Espíritu Santo, "dulce huésped del alma".

Participó en la concelebración de la misa el obispo emérito de Quilmes, monseñor Luis Stöckler.

Al entrar los sacerdotes al templo, desde el colegio del Salvador (donde había sido el velatorio en la capilla doméstica), la gente cantaba "En el cielo todos cantan Aleluya. Acá se siente la presencia de Dios".

Su vida de entrega en la Compañía de Jesús
El superior de la comunidad de jesuitas del Salvador, padre Daniel Barrera Buteler, leyó una breve reseña de su desempeño en la Compañía, donde ingresó en marzo de 1943, a los 16 años (había nacido el 28 de febrero de 1927 en Quilmes). Hizo los primeros votos el 12 de marzo de 1945, estudió Literatura y Humanidades en Córdoba entre 1945 y 1947 y filosofía en San Miguel entre 1948 y 1950. Y luego Filosofía y Teología en el Colegio Máximo en San Miguel. Ordenado sacerdote en 1955, continuó su formación jesuítica y su labor ministerial en Valencia, España, y en Colombia. En Buenos Aires se desempeñó durante años en la comunidad de Regina Martyrum y fue vicepostulador de los mártires rioplatenses. Era asesor nacional del Movimiento de Convivencia con Dios, que inició en 1968, y asesor del colegio Paula Montal, desde 1979 hasta su muerte.

"Si alguna cosa tenía el padre Alberto es que convocó a todos, no hacía acepción de personas, ni de cultura, ni de sabiduría, ni de pobreza o riqueza. Siempre tuvo los brazos abiertos para todos. Estuvo rodeado siempre de gente muy variada", dijo el padre Tilve al abigarrado público. Observó que tenía pudor para contar su propia oración, su vida espiritual, aunque en sus libros escribía larga y generosamente sobre su experiencia de Dios. Era bastante audaz en su manera de escribir sobre la libertad, el afecto a Dios, la sinceridad en torno al Espìritu.

Precisó que era tremendamente cuidadoso de su ortodoxia. Pedía que se le corrigiera cualquier cosa que estuviera fuera de la doctrina de la Iglesia.

Alabó su fidelidad y constancia. Dijo que se sentía profundamente miembro de la Compañía de Jesús.Y señaló que llevaba con mucha mortificación sucesivos tratamientos contra el cáncer, que no le impidió ejercer activamente su ministerio hasta su último día. La última vez que lo vio, en la tarde, el padre Alberto venía de confesar. Deseó que el padre Alberto, que tenía plena confianza en el Espíritu Santo, guíe en el camino a quienes con tanto cariño se acercaron a las exequias y que "saben mirar este momento con serenidad de la confianza en la resurrección.

También dijo unas breves palabras la superiora de las hermanas de Marta y María, congregación nacida hace 36 años en Guatemala. Había en la misa unas veinticinco religiosas de esa congregación que ese mismo día empezaban en La Plata una convivencia con Dios, retiro dentro de la modalidad iniciada por el padre Ibáñez Padilla. La religiosa dijo que querían poner en el altar un ramillete de obras y oraciones, que ofrecían al Señor todos sus trabajos y esfuerzos junto al ramillete espiritual que entró el Pa (así le llamaban sus seguidores al padre Ibáñez Padilla) al cielo con todas "las obras que realizó durante su peregrinación por esta tierra".

En la consagración y elevación de la hostia y del cáliz, junto a una música suave, se oía un sereno murmullo de fondo. Reflejaba lo que el sacerdote fallecido había profundizado en sus libros sobre el don de lenguas, significando que el corazón se dirige a Dios expresando su amor en una efusión sin palabras, exultando, como el Espíritu que grita desde dentro del alma con gemidos inenarrables. Al final de la celebración hubo algo similar, con un aplauso para el padre, que coronó, sin alterarla, la solemnidad de la celebración.

Luego hubo un fuerte aplauso en la calle al retirarse el coche fúnebre que llevaría los restos del sacerdote hasta el cementerio del Colegio Máximo de San Miguel, donde reposarán junto a muchos otros miembros fallecidos de la orden de San Ignacio de Loyola. Se habilitaron ómnibus para los fieles que quisieran acompañar la inhumación en San Miguel.

El velatorio
Durante el día anterior, el velatorio fue un incesante acudir de gente, con el rezo continuado del Rosario y la celebración de varias misas en la capilla doméstica del colegio del Salvador. Detrás del féretro había tres coronas que decían "Convivencia con Dios", "Equipo Timón" y "Casa de retiro Nuestra Señora de la Paz". A las 20, una decena de sacerdotes concelebraron una misa: jesuitas, de la Renovación Carismática y del clero arquidiocesano.

Varios de los concelebrantes dijeron palabras de alabanza a Dios por el testimonio del sacerdote fallecido. Uno de ellos animó a "pedir al Señor que nos llene de fuerzas para ser buenos continuadores y que la obra que él empezó siga dando frutos de ahora en adelante". El padre Barrera Buteler contó que lo fue a ver a la mañana cuando lo encontró sin vida. Dio gracias a Dios por su consagración, mencionando al padre Alberto como un jesuita entregado a su misión, a su gente, a la búsqueda de entender lo que Dios quiere y vivirlo. Un sacerdote de Avellaneda-Lanús dijo que tenía 16 años cuando conoció al padre Alberto e hizo su primera convivencia con Dios. Y en 1981, a los veinte, entró en la comunidad Convivencia. "Me hizo gustar la unión con Dios. Conocí a través de él la fuerza de los místicos", dijo el sacerdote.

Varios de los laicos presentes ?hombres y mujeres- dijeron algo también, alabando a Dios y agradeciendo lo que aprendieron de la enseñanza y el testimonio del padre Ibañez Padilla. Un señor dijo "Alabado sea Dios porque se cruzó en mi camino y me hizo sentirme incluido en la Iglesia. Aprendí a comunicarme con Dios, a tratar con el Espíritu Santo". (Jorge Rouillon)