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Visitas de Juan Pablo II a la Argentina
Primera visita: 11 y 12 de junio de 1982
El 2 de abril de 1982 la Argentina recupera las Islas Malvinas, lo que
desencadena la reacción británica y sobreviene la guerra entre la
Argentina y el Reino Unido. En esos días se conoce la noticia de que el 28
de mayo el Papa haría una visita apostólica a Gran Bretaña, largamente
preparada. Es entonces cuando Juan Pablo II, con paternal delicadeza,
decide efectuar fuera de todo programa y sin preparación alguna, una
visita fugaz a la Argentina. Inmediatamente escribe una carta a los
argentinos fechada el 25 de mayo, que comenzaba diciendo: «A los queridos
hijos e hijas de la Nación Argentina: Os escribo por mi propia mano porque
siento que debo repetir el gesto paternal del Apóstol Pablo hacia sus
hijos, abrazándolos en la fe». El Sumo Pontífice expresó que su viaje a la
Argentina era eminentemente pastoral. «Mi viaje a la capital argentina
–dijo– es un viaje de amor, de esperanza y de buena voluntad, de un Padre
que va al encuentro de los hijos que sufren».
Esta
visita constituyó, según opinión de numerosos y caracterizados testigos
argentinos y extranjeros, un «acontecimiento nunca visto en el país» y
«tal vez la mayor concentración de gente que haya recibido el Papa en sus
trece visitas hasta el presente».
11 de junio
A las
8.50 aterrizó en el aeropuerto internacional de Ezeiza el avión que
conducía a Juan Pablo II. El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Juan
Carlos Aramburu y el nuncio apostólico, monseñor Ubaldo Calabresi,
subieron a la aeronave a dar la bienvenida al Papa. Luego de besar el
suelo argentino, el Santo Padre fue recibido por el Presidente de la
Nación, General Leopoldo Fortunato Galtieri y por autoridades civiles y
militares. Durante los 40 kilómentros de su viaje hacia la catedral de
Buenos Aires por las autopistas Ricchieri y 25 de Mayo, miles de personas,
a pesar del crudo tiempo invernal, saludaban con desbordante entusiasmo al
Santo Padre, que respondía visiblemente emocionado a los saludos de la
multitud.
En la
catedral metropolitana lo esperaban sacerdotes, seminaristas, religiosos,
religiosas y miembros de movimientos eclesiales, junto con los obispos
argentinos y presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica.
Luego de orar ante el Santísimo Sacramento, pronunció un alocución e
impartió la bendición a los presentes.
En la
Casa Rosada, fue recibido por el Presidente y tuvo un encuentro con los
miembros de la Junta Militar. Luego pasó a la capilla de la Casa de
Gobierno donde oró unos momentos. Antes de retirarse el Santo Padre se
asomó al balcón para saludar a la inmensa muchedumbre que colmaba la Plaza
de Mayo.
Poco
después de las 14 el Santo Padre inició su viaje a Luján, distante 70
kilómetros de Buenos Aires. En la Basílica Nacional, ante la imagen de la
Patrona de la Argentina, Juan Pablo II oró por la paz, luego le ofreció a
la histórica imagen la «Rosa de Oro» que le había traído desde Roma.
Concelebró la Misa con los cardenales, obispos y sacerdotes presentes,
ante una multitud calculada en una cifra cercana a las 700.000 personas.
Juan Pablo II pronunció una homilía en la que exhortó a imitar a Cristo,
pidió por los muertos en la guerra con Gran Bretaña y por la rápida
terminación del conflicto.
Sábado 12
El Santo
Padre comenzó la jornada trasladándose a la Curia Metropolitana donde tuvo
un encuentro con los cardenales y obispos argentinos, los presidentes de
las conferencias episcopales de Latinoamérica y los miembros directivos
del CELAM. Luego de orar en la capilla de la Curia, comenzó su reunión con
los obispos, a los que le dirigió un mensaje a puertas cerradas.
Luego de
saludar a la multitud desde los balcones de la Curia arzobispal se dirigió
en «papamóvil» hasta Palermo, donde junto al Monumento de los Españoles se
había levantado un gigantesco altar cubierto en el que se concelebró la
Santa Misa ante una inmensa multitud, en su mayoría jóvenes. Durante su
homilía se refirió a la celebración del Corpus Christi, habló a los
jóvenes argentinos, pidió por la paz y recordó a los muertos y heridos en
la guerra de las Malvinas.
Finalizada la misa, nuevamente con la repetición de un mismo espectáculo,
abigarradas y entusiastas multitudes aplaudieron y vitorearon el paso del
Papa por las calles de Buenos y por las autopistas que lo condujeron al
Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Después de una conversación a solas
con el Presidente Galtieri, de unos 20 minutos, el Pontifície pronunció el
discurso de despedida que concluyó con un «¡Hasta la vista!».
Segunda visita: 6 al 12 de abril de 1987
En 1987, durante la semana que se inició el lunes 6 y concluyó el domingo
12 de abril (Domingo de Ramos), la Argentina vivió uno de los
acontecimientos más trascendentales de su historia religiosa: la segunda
visita del Papa Juan Pablo II, que como maestro de la fe efectuó un
recorrido por el país que abarcó 10 ciudades: Buenos Aires, Bahía Blanca,
Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario.
Lunes 6 de abril
En el
aeroparque Jorge Newbery, al que llegó a las 16, el Papa dijo que sentía
una «profunda alegría y una gran emoción al pisar por segunda vez esta
bendita tierra de la Argentina. Vuelvo ahora en visita pastoral para
seguir cumpliendo la misión que el Señor me ha encomendado, de evangelizar
y ser Maestro de la fe, ejerciendo a la vez, como sucesor de Pedro, el
ministerio de confirmar a mis hermanos».
Desde el
aeropuerto se trasladó en Papamóvil a la catedral metropolitana, distante
8, donde dirigió un discurso al clero y al pueblo de Dios.
Desde la
catedral se dirigió a la vecina Casa de Gobierno. El presidente Alfonsín,
en un gesto excepcional, recibió al Papa al pie de la escalinata que da a
la calle Rivadavia. Desde allí lo acompañó hasta su despacho, donde
tuvieron una conversación privada. Durante la misma el primer mandatario
obsequió a Su Santidad un rosario de un metro de largo, realizado en plata
y rodocrocita. A continuación se dirigió al Salón Blanco para un encuentro
con los dirigentes políticos, representantes de las dos cámaras
legislativas, miembros del Poder judicial y ministros y secretarios de
Estado.
Terminado
el encuentro con las autoridades del país, Juan Pablo II se asomó al
balcón de la Casa Rosada para saludar a la gran multitud congregada en la
plaza. Luego se dirigió en papamóvil a la Nunciatura Apostólica, donde
tuvo un encuentro con los 65 jefes de misión del cuerpo diplomático.
Martes 7 de abril
Juan
Pablo II comenzó su jornada a las 8 trasladándose a la ciudad de Bahía
Blanca, donde fue recibido por unas 130.000 personas con el canto
«Gracias, Juan Pablo», compuesto con motivo de esta visita por el músico
local Walter Giménez. En su homilía trató sobre «la evangelización del
mundo rural». La ofrenda de un gran cesto de trigo recordó la generosidad
ubérrima de la pampa húmeda.
El
próximo destino fue la ciudad de Viedma adonde llegó a las 13.30 para
tener allí una celebración de la Palabra. El tema de la misma tuvo
caracter misionero. El obispo de Viedma, monseñor Hesayne, dirigió al
Pastor universal un saludo de bienvenida y el Romano Pontífice pronunció a
su vez un discurso que tenía como tema central la «nueva evangelización».
Terminada
la ceremonia, la comitiva papal volvió a tomar el avión para dirigirse al
aeropuerto El Plumerillo, de Mendoza, a 1.012 kilómetros. El Papa llegó a
las 16.45 y se trasladó hasta el sitio donde iba a tener lugar la
celebración de la Palabra. Había unas 200.000 personas. El Papa fue
recibido por un coro de 250 voces, que entonó «Tú eres Pedro», y luego
siguió una canción de cuna polaca. El arzobispo de Mendoza, monseñor
Candido Rubiolo, dirigió al Pontífice un discurso de salutación. A
continuación hubo una plegaria por la paz, y luego el Padre Santo
pronunció un discurso. Tanto la alocución papal como todos los textos
litúrgicos, estuvieron centrados en el tema de la paz: esto tenía un
especial significado, dada la posición geográfica de Mendoza, limítrofe
con Chile. A las 19 Su Santidad se trasladó al aeropuerto y viajó a
Córdoba, que dista de allí a 465 kilómetros, donde pasó la noche.
Miércoles 8 de abril
En
Córdoba Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 de mañana, trasladándose
a la catedral. Dentro del templo esperaban al Papa 300 enfermos e
inválidos, que representaban a todos los enfermos del país. El Papa luego
de adorar al Santísimo dirigió una alocución a los enfermos. Desde la
catedral se dirigió en papamóvil al Área Material Córdoba, donde presidió
la misa. Hubo palabras de bienvenida del arzobispo de Córdoba, cardenal
Raúl F. Primatesta. A su vez el Papa en la homilía trató el tema de la
familia.
Por la
tarde se dirigió nuevamente al aeropuerto y subió al avión que lo llevó al
aeropuerto Benjamín Matienzo, de Tucumán, ciudad que dista de Córdoba a
510 kilómetros. Fue recibido con gran entusiasmo por unas 80.000 personas,
la mayoría de las cuales llegaron a pie desde la ciudad de San Miguel de
Tucumán. El aeropuerto se había transformado en un enorme palco sobre el
que se alzaba una gran cruz de hierro. El encuentro revistió la forma de
celebración de la Palabra. El arzobispo local, monseñor Horacio Bózzoli,
dio la bienvenida al Papa y luego él pronunció su homilía sobre el amor de
los cristianos a su Patria.
Terminado
el acto, la comitiva papal tomó el avión que lo trasladó a Salta, a 234
kilómetros. Desde el aeropuerto, el Papa fue al hipódromo de Limache, para
tener un encuentro con los fieles de la arquidiócesis, encuentro que tenía
como tema «El V centenario de la evangelización de América Latina», dado
que la evangelización de la Argentina comenzó por estas latitudes. En la
celebración estaban presentes más de 1.500 representantes de los indios
quechuas, tobas, matacos y chiriguanos que vinieron desde distintos
puntos. El arzobispo local, monseñor Moisés Julio Blanchoud, dio la
bienvenida al Padre Santo y a su vez el Romano Pontífice pronunció una
alocución referida al tema del encuentro. Una vez terminada la
celebración, la comitiva papal entró en la ciudad. El Papa cenó y pernoctó
en el arzobispado.
Jueves 9 de abril
Por la
mañana, desde el arzobispado salteño se dirigió hacia la catedral para
hacer una visita no prevista a las imágenes del Señor y de la Virgen del
Milagro. Después de haberse detenido unos momentos para adorar al
Santísimo, el Santo Padre habló a los presentes, invitándolos a
reflexionar sobre el misterio de la redención.
Luego
viajó a Corrientes, a 740 kilómetros de distancia, donde bajo una
torrencial lluvia fue recibido y saludado por el arzobispo de Corrientes,
monseñor F. Antonio Rossi. Para los 100.000 fieles que participaban era
como si resplandeciese el sol, permanecieron quietos, en sus sitios,
rezando con el Pontífice, sin preocuparse del auténtico río de agua que
caía sobre sus cabezas. Fue un gran testimonio de fe y de amor. La misa
concelebrada con los obispos del Nordeste Argentino estuvo dedicada al
tema «La religiosidad popular y la piedad mariana en la nueva
evangelización».
Por la
tarde viajó a Paraná, que dista 510 kilómetros. Fue recibido por el
arzobispo de Paraná, monseñor Estanislao Esteban Karlic y luego se dirigió
a la explanada que hay al salir de la aeroestación. El encuentro tuvo como
tema «El mundo y los inmigrantes», debido a la gran cantidad de
inmigrantes que hay en la zona. Terminada la ceremonia religiosa, Juan
Pablo II fue a pie hasta el avión, saludando a la gente, y partió rumbo al
aeropuerto de Buenos Aires.
Al llegar
de nuevo a la capital argentina se trasladó en papamóvil hasta la
Nunciatura Apostólica. La gente se agolpaba en este lugar y aclamaba a
Juan Pablo II, de suerte que tuvo que salir al balcón a saludar a la
muchedumbre. Luego, en un salón de la Nunciatura, tuvo un encuentro con
representantes de la comunidad judía en la Argentina.
Viernes 10 de abril
El
viernes, a las 8.15, recorriendo en coche descubierto 18 kilómetros, se
trasladó desde la Nunciatura Apostólica al estadio del club Vélez Sársfield, donde celebró la santa misa, dedicada a las personas
consagradas y a los agentes de pastoral, aunque asistían también numerosos
fieles: había unas 30.000 personas. Concelebraron con el Papa más de 2.000
sacerdotes y estaban presentes unos 1.700 seminaristas, 3.000 religiosas y
400 monjas de clausura.
Terminada
la celebración eucarística, el Papa se dirigió en papamóvil a la catedral
de los ucranios, donde saludó a los niños que vestían trajes típicos
nacionales ucranios. En el interior había unas 1.000 personas. El eparca,
monseñor Andrés Sapelak, dirigió al Papa un saludo y luego de la
coronación del ícono de la Virgen de Prokov el Santo Padre dirigió una
alocución a los ucranios. Luego nuevamente en papamóvil se dirigió a la
Nunciatura.
Por la
tarde fue al Mercado Central de Buenos Aires, donde unos 300.000
trabajadores lo saludaron con gran entusiasmo; el Papa bendijo una capilla
erigida en el lugar en recuerdo de su vida, el obispo de San Justo,
monseñor Rodolfo Bufano dirigió un saludo al Pontífice, quien pronunció un
discurso sobre la evangelización del mundo del trabajo.
Desde ahí
el Papa se trasladó directamente al estadio Luna Park, donde tuvo un
encuentro con la comunidad polaca en la Argentina. Pronunció su discurso
en polaco y, terminado el acto se dirigió a la Nunciatura donde por la
noche transmitió por radio y televisión un mensaje a todos los presos del
país.
Sábado 11 de abril
A las 8
de la mañana se dirigió al aeroparque rumbo a la ciudad de Rosario, a 204
kilómetros de Buenos Aires. El arzobispo de Rosario, monseñor Jorge M.
López, le dió la bienvenida y la homilía papal tuvo como tema la «Vocación
y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo». Finalizada la misa el
Papa pronunció una plegaria en el Monumento a la Bandera.
Luego del
almuerzo en la sede arzobispal voló a Buenos Aires. Cuando se inició el
vuelo Su Santidad pidió al piloto que desviara la ruta, a fin de pasar, en
vuelo rasante, sobre la Basílica Nacional de Nuestra Señora de Luján.
Cuando la nave aérea sobrevolaba la ciudad de Luján, Juan Pablo II llamó a
los cardenales Aramburu y Primatesta y juntos rezaron el Santo Rosario.
Desde el
aeroparque se dirigió en papamóvil al estadio Luna Park para tener un
encuentro con unos diez mil empresarios argentinos. Monseñor Italo
Severino Di Stéfano, arzobispo de San Juan y presidente del Equipo
Episcopal de Pastoral Social, dirigió al Santo Padre una bienvenida y por
su parte el Papa pronunció un discurso a los empresarios.
A las 18,
en la Nunciatura Apostólica, tuvo un encuentro con los representantes de
la comunidad islámica en la Argentina. A la noche, la comitiva papal se
dirigió en papamóvil a la avenida 9 de Julio, para el primer encuentro con
los jóvenes presentes en Buenos Aires con motivo de la Jornada Mundial de
la Juventud. Una impresionante multitud de jóvenes (unos 60.000 eran los
no argentinos provenientes de las más diversas partes del mundo), recibió
a Juan Pablo II con las las luces de colores y los sonidos luminosos y
festivos de los fuegos artificiales, y por el ondear de miles de pañuelos
y banderas. El cardenal Pironio le dio la bienvenida. A continuación dos
jóvenes también le dieron la bienvenida en nombre de todos. Luego comenzó
el diálogo por medio de representaciones escénicas. A continuación
hablaron jóvenes de diversos países y luego Juan Pablo II pronunció el
esperado discurso a los jóvenes.
Domingo 12 de abril
El Papa
comenzó su jornada a las 8 con un encuentro ecuménico en los salones de la
Nunciatura. Participaron 35 personas representantes de diversas
confesiones cristianas. Monseñor Mario José Serra, presidente del Equipo
Episcopal de Ecumenismo, dirigió al Santo Padre unas palabras de
salutación y Juan Pablo II respondió con un breve discurso a los hermanos
separados.
Luego
celebró en la avenida 9 de Julio la misa del Domingo de Ramos, con la que
se clausuraba la Jornada Mundial de la Juventud. Era la primera vez, en la
historia moderna del papado, que el Santo Padre no celebraba la fiesta de
Ramos en Roma. Se calcula que había alrededor de 1.000.000 de personas, la
mitad jóvenes. Estaba presente el presidente de la República, doctor Raúl
Alfonsín. En el altar se había colocado la auténtica imagen de la Virgen
de Luján, que el día anterior había sido traída procesionalmente por los
jóvenes.
El Padre
Santo pronunció la homilía del Domingo de Ramos. A las palabras del Papa
respondieron los jóvenes con un acto de compromiso. Al terminar la misa,
el Papa ·«envió» a los jóvenes al mundo y dio una cruz a cinco de ellos
que representaban cada uno de los cinco continentes.
Luego Su
Santidad se dirigió a la imagen de la Virgen de Luján y pronunció el acto
de consagración a Nuestra Señora. Terminada la celebración, el Papa rezó
el «Angelus» ante la imagen de la Virgen de Luján. Antes de recitar la
plegaria mariana, leyó una breve meditación dominical.
Desde la
avenida 9 de Julio, Juan Pablo se trasladó en papamóvil a la sede de la
Conferencia Episcopal Argentina que bendijo e inauguró (Suipacha 1034).
Tras almorzar con todos los obispos en la misma sede, tuvo un encuentro
con la Conferencia Episcopal Argentina en donde dirigió un mensaje a los
obispos.
Después
de este acto se trasladó al Teatro Colón para tener un encuentro con el
mundo de la cultura argentina. Luego de las palabras de monseñor Estanislao
Karlic, presidente de la Comisión Episcopal de Fe y Cultura, el Padre
Santo pronunció una alocución a los hombres de la cultura.
Del
Teatro Colón el Papa salió rumbo al aeropuerto de Ezeiza donde pronunció
un discurso de despedida. A las 19.30 despegó el avión papal: un Boeing
747 Jumbo de Aerolíneas Argentinas, rumbo a la Ciudad Eterna. La segunda
visita de Juan Pablo II al país había finalizado, dejando en todos una
profunda emoción. |