AICA Documentos - Monseñor Oscar Domingo Sarlinga
 

ENTRONIZACIONES

 

Mensaje y homilía de monseñor Oscar D. Sarlinga,
obispo de Zárate-Campana, con ocasión de la Entronización de las imagénes de la Madonna del Pozzo y del Patriarca San José
 (Parroquia Santa Rosa de Lima, Villa Rosa, 18 de marzo 2007)

 

Saludo cordialmente al Cura párroco, Pbro. Claudio Caruso, y sacerdotes concelebrantes, al Sr. Intendente Municipal y diversas autoridades presentes, al equipo del programa de la Sra. Alicia Barrios, la cual ha venido siguiendo con espíritu de apertura y de servicio a la comunidad este acontecimiento de devoción, a los diversos medios presentes y a todos los hermanos que nos siguen a través de dichos medios de difusión

 

Queridos hermanos y hermanas en el Señor Jesús,

 

INTRODUCCIÓN

 

En esta festividad, que ha convocado a tantísimos fieles, uniéndonos a las palabras de Isabel, podemos decir hoy nuevamente: «¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1, 45). Así saludó Isabel a la Virgen Madre, la cual se introdujo en el Misterio de Cristo, el Salvador, precisamente, porque «ha creído»(1). Creyó en la Anunciación, y las palabras referidas «Feliz la que ha creído» se refieren en primer lugar a este instante(2), que permitió que el Verbo se hiciera Hombre.

Hoy la llamamos también, junto con nuestro Papa Benedicto: ¡«Llena de gracia» eres tú, María! Tu nombre es para todas las generaciones prenda de esperanza segura. Sí, porque como escribe el sumo poeta Dante, para nosotros, los mortales, Tú «eres de la esperanza fuente viva» («Paraíso», XXXIII, 12). Volvemos a recurrir a esta fuente, al manantial de tu Corazón inmaculado, como peregrinos confiados para sacar fe y consuelo, alegría y amor, seguridad y paz (3).

Permítanme, a modo de breve introducción, estas palabras: La Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, es una sola. Ella es la creatura más perfecta salida de la Mano de Dios, y exenta del pecado original en razón de la misión que el mismo Dios le confirió: ser la Madre de su Hijo, Jesucristo, el Salvador del mundo. Las diversas «advocaciones», en la medida en que están aprobadas por la Iglesia, son «modos de llamar, modos de invocar» a la Virgen María, con distintos nombres, ya sea según una aparición, un milagro ocurrido en ese lugar, una especial demostración del poder intercesor de María, o bien acerca de una cualidad o aspecto de su mediación maternal. Así, la Santísima Virgen es Patrona de la Argentina bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján, cuyo Santuario se yergue majestuoso en medio de nuestras pampas, hoy urbanizadas, y donde millones de peregrinos van a manifestar la fe en Jesús, con la intercesión de María.

Esta advocación de «Nuestra Señora del Pozo» o «Madonna del Pozzo», en sí, no posee más poder intercesor que ninguna otra. Todas las advocaciones de la Virgen tienen la misma fuerza de intercesión, porque todas provienen de la íntima unión de la única Virgen María ante su Hijo Jesús, siendo Él, a su vez, el «Único Mediador» entre Dios y los hombres («unus Mediator» como nos refiere San Pablo en la I Tim 2:5).  En cuanto a, como creyentes, cómo puede movernos a la fe una advocación determinada, entonces sí las distintas advocaciones pueden ayudarnos.

La «Madonna del Pozzo» es una advocación muy antigua, originada en un hecho prodigioso (que narraré con más detalle en la homilía escrita) y que ocurrió en el año 1256, durante el Pontificado del Papa Alejandro IV, quien se hizo luego presente en el lugar y llevó él mismo en procesión por las calles de Roma, donde es hoy venerada en la iglesia de «Santa María in Via». La devoción es popular en Roma, y mucha gente acude a rezar y a beber el agua del pozo que aún hoy sigue manando en ese lugar.  Al mismo tiempo, este templo, dotado ya de una imagen de la Virgen en su advocación de Ntra. Sra. de Luján, que pueden contemplar Vds. con manto y corona renovados, necesitaba un signo de aquél hombre, el varón justo, al que Dios concedió el cuidar a María y al Niño: me refiero a San José, cuya festividad, aun con la austeridad propia de la Cuaresma, hoy celebramos. Por esto lo honramos como Castísimo Esposo de la Virgen María y como quien hizo las veces de padre en esta tierra de Jesús, el Redentor.

Este mensaje de introducción puede hacer ya las veces de la homilía. Por esto de la que he preparado resaltaré algunos párrafos, y luego quienes desean podrán leerla completa en el boletín diocesano de este Obispado de Zárate-Campana o en los medios eclesiales que la publiquen. Sólo me resta decirles que valoro mucho el esfuerzo y el trabajo de sacerdotes, fieles laicos y consagrados de esta parroquia de Villa Rosa, y que en atención a las obras de caridad social realizadas, en especial para con los más pobres, para con la educación y para con la niñez necesitada, desde el inicio la he eximido de toda colaboración con el Obispado, de tal modo que todo ingreso proveniente de los fieles, ya sea de antes y de ahora en adelante, esté enteramente dedicado al sustento de la parroquia, de las obras de evangelización y caridad social. Al mismo tiempo, la presencia de la imagen de la «Madonna» no le confiere a este templo ni carácter de Santuario ni lugar de peregrinación especial. Esto sí, la Iglesia toda es peregrina, y deseo, sí, que todos los que pidan gracias por intercesión de la Virgen, reciban abundante bendición y en particular la de «salir a flote» a una vida de alegría, paz y prosperidad.

 

 

I. EL SÍMBOLO DEL POZO

 

Quien les habla, a los pocos meses de haber sido hecho Obispo de este lugar, tuvo el deseo de declarar a la Virgen María, bajo esta advocación de «Nuestra Señora del Pozo» como Patrona y Protectora de las personas que sufren depresión, que están en situaciones de grave dificultad, del orden que fuere, de los abatidos, de los que más sufren y de quienes no encuentran una salida a sus problemas, y esto sobre todo porque el origen de la advocación es una imagen pintada sobre una baldosa de importante dimensión, la cual fue arrojada en un profundo pozo y se hundió en sus aguas. En la noche entre el 25 y el 26 de septiembre de ese año de 1256 las aguas desbordaron y trajeron a flote el baldosón con la imagen de la Virgen. «Porque nada es imposible para Dios» y porque en todo hecho en el que Él interviene prodigiosamente hay un signo de su inefable Amor a interpretar. Y así comencé distribuyendo algunas imágenes en las distintas parroquias, con la sola intención de promover que esas personas tuvieran un aliciente más, una luz más entre otras, para ver a la Virgen como quien puede «sacarlas del pozo» de la depresión, de la angustia y del sinsentido existencial, sin pretender suplantar, ni siquiera sobreponer, claro está, la devoción religiosa, a las legítimas curas de las ciencias competentes, que cuando son rectas y buenas representan también causas segundas queridas por Dios. Como es lógico, este acto de declararla Patrona para esta finalidad, tiene validez sólo en la circunscripción de esta diócesis de Zárate-Campana, aunque el título de la advocación como tal es aprobada por la Iglesia y como tal cualquiera la puede invocar. 

Por eso hice pintar una imagen réplica sobre madera de cedro (mientras que, como he dicho, la imagen original está pintada sobre un baldosón de basalto, como luego podrán profundizar en la historia del milagro), y en el lugar donde la baldosa expone una fractura (sobre el ángulo superior derecho), pedí ponerle una estrella de seis puntas, signo de la Virgen como «Estrella que nos guía» (especialmente cuando nos toca sufrir la «noche» del abandono y de la desolación, y como «Estrella de la Nueva Evangelización» que todos estamos llamados a realizar.

Una breve meditación que tiene que ver con esta introducción: el agua es un elemento natural, un don de Dios, un bien precioso para preservar, aunque cuando se desborda o cuando sale de madre puede provocar estragos. Por otra parte, en la Biblia el «pozo» posee significados altamente positivos, y también significado de caída y angustia. En sentido religiosamente positivo y como signo de bendición, el pozo es el lugar de encuentro de Dios con el hombre, o de una bendición junto a él, como el caso de Isaac, Jacob y Moisés. Jesús encuentra a la Samaritana junto al pozo, como símbolo de su encuentro con la humanidad pecadora y necesitada de su curación. El pozo representa a la vez la fuente bautismal, donde Dios nos hace sus hijos, regenerándonos a la vida eterna. También se hizo pozo de agua pura la roca hendida en el desierto. Y pozo de Salvación el costado herido de Cristo en la Cruz, que sustituyó con el agua viva al agua del pozo de Jacob (Cf Jn 4:7-15).

Pero el pozo puede también significar el «arrojar allí a quien se lo quiere someter a la injusticia, a la muerte y a la desgracia». Puede, pues, significar el abandono, la traición, el puñal clavado. En la historia de José y sus hermanos, en la Biblia (el cual es, por supuesto, «otro» José, y que encontramos en el Libro del Génesis, en el «ciclo patriarcal», del capítulo 37 al 50), vemos como estos últimos tramaron matar a su mencionado hermano José y para ello lo arrojaron a un pozo y lo vendieron como esclavo a un precio dinerario, por envidia, odio y desprecio total que le profesaron. Los invito, queridos hermanos y hermanas, queridos oyentes, a leer en la Biblia la historia de José, objeto de una envidia obcecada por parte de sus hermanos. Este es echado a un pozo, vendido después como esclavo por 20 monedas de plata, y enviado posteriormente a prisión por una falsa denuncia de intento de violación. Allí permaneció ocho años, sin nunca desesperar. Invitado por el Faraón a interpretar un sueño, logró el favor de éste y luego salvó del hambre a todo Egipto y a los países vecinos. Sus hermanos, que habían querido matarlo, vienen a él para pedirle ayuda. José, lejos de odiarlos y vengarse, no les guarda rencor por el mal que le han hecho; por el contrario, los consuela.

¡Cuántas cosas nos enseña hoy esta historia bíblica!. ¿O acaso nunca nos han traicionado, vituperado, o incluso querido abatir o destruir?. ¿Y acaso nosotros nunca sufrimos esa tentación, más cercana o más lejana, o bien aquella otra tentación de cobrarnos justicia por nuestra propia mano?. ¿O acaso la envidia, los rencores, las rivalidades y las divisiones no causan ruina en algunas familias y en comunidades enteras?. ¿Nunca hemos sufrido los efectos de la mentira, la difamación y la calumnia, en uno u otro grado?. Y nosotros, ¿nunca hemos mentido, o, por lo menos, no hemos sido imprudentes para con los demás?. Porque de todo esto es también un símbolo el «echar al pozo» del que estamos hablando, y nos recuerda, -en especial en este tiempo de Cuaresma, los efectos devastadores del pecado como «desamor» y las consecuencias de este último-. Necesitamos conversión al Amor divino. Pido hoy para todos los asistentes a esta celebración, y para todos los que nos escuchan, la gracia de la sincera conversión, de recuperar la fe para todos los que la hayan perdido o abandonado, y el don de la felicidad espiritual.

Por eso, para terminar esta parte, les he referido esta historia sagrada de José, sus hermanos, y el padre de todos ellos, Jacob, que termina así: José tuvo dos hijos y a cada uno de ellos puso un simbólico nombre que nos ayuda a ver cómo Dios no sólo «nos saca del pozo» sino que nos da más bendición de la que pensábamos y nos colma con su consuelo: al primero de los hijos lo llamó «Manasés», que significa: «Dios me ha hecho olvidar todos mis sufrimientos»; al segundo, «Efraín», que quiere decir: «Dios me ha hecho fecundo en el país de mi desgracia» (Cf Gen 41, 51-52). ¡Qué gran enseñanza!, ¿no es cierto?. La tristeza, el desaliento y la angustia no son eternos. Siempre brilla la Esperanza y siempre hay una Luz, por lejos que la veamos.

 

II. LA MEDIACIÓN DE MARÍA, LA MADRE DE DIOS

 

El Ángel llama a María «llena de gracia». Destinada a ser la Madre del Salvador, en el misterio de Cristo preexistente, también María se halla  presente en la mente de Dios «antes de la creación del mundo» por haber sido elegida de antemano por el Padre como Madre de su Hijo en la Encarnación. La intercesión de María le viene de su íntima e indisoluble unión a su Hijo Jesucristo, lo cual se da de modo totalmente esencial, pues el Padre la ama eternamente en su Hijo, en el cual se concentra toda «la gloria de la gracia»(4).

María es la que por excelencia  «peregrinó en la fe» y se mantuvo firme y doliente junto a la Cruz de Jesús, en lo cual manifestó su condición de «esclava del Señor, a la cual una espada atravesó el corazón». Ofreció todo al Padre como Madre a la Iglesia naciente, por eso Jesús se la confía a Juan, imagen éste de todo discípulo: «He aquí a tu madre». De este modo nació la relación materno-filial de la Virgen con la Iglesia(5). Después de la resurrección y de la ascensión de Jesús, viene el gran impulso a Misión evangelizadora, de la cual María participa como imagen preeminente de la Iglesia. En el Cenáculo de Jerusalén, a la espera del descenso del Espíritu, Ella ya era Madre del Señor glorificado que ascendió al Cielo. En efecto, la Iglesia naciente era fruto de la Cruz y de la resurrección de su Hijo.

Por esto, después de la ascensión del Hijo y del descenso del Espíritu Santo, la maternidad mariana permanece en la Iglesia como mediación materna. Ella intercede por todos sus hijos como la madre que coopera en la acción salvadora de Jesús, Redentor del mundo, por eso el Papa Pablo VI, luego de la promulgación de la Lumen Gentium, en el Concilio Vaticano II, la proclamó solemnemente, «Madre de la Iglesia». La Virgen seguirá intercediendo por nosotros hasta que el Señor vuelva en Gloria, como al respecto enseña el Concilio Vaticano: «Esta maternidad de María en la economía de la gracia perdura sin cesar (....) hasta la consumación perpetua de todos los elegidos»(6). La cooperación de María participa, por su carácter subordinado, de la universalidad de la mediación del Redentor, único mediador(7), con cuya muerte redentora la mediación materna de la «Esclava del Señor» alcanzó una dimensión universal, tanto como la obra redentora de Cristo abarca a toda la humanidad.  

 

 

III. PRECISIONES SOBRE LA IMAGEN ORIGINAL
DE LA MADONNA DEL POZZO

 

Como he dicho al inicio del mensaje que les he dirigido, la imagen de la «Madonna del Pozzo» se venera en la iglesia de Santa Maria in Via, de la Ciudad Eterna, y fue coronada por orden del Cabildo Vaticano en el año 1646. Si bien el origen de dicho templo es muy antiguo, registros históricos comprobables llegan al año 955. El hecho prodigioso o milagroso que dio origen a la devoción se produjo, como también se ha dicho, en el año de 1256 bajo el pontificado de Alejandro IV. El nombre de la iglesia deriva de la muy cercana «via Flaminia», de la Roma antigua(8).

El milagro referido, que como tal fue aprobado por la Iglesia y que es conocido por muchos fieles en el mundo, se manifestó luego de haber sido arrojada a un profundo pozo la imagen de la Virgen, pintada sobre una piedra, en un predio perteneciente a la casa de un cardenal, llamado Pietro Capocci. En la noche entre el 25 y el 26 de septiembre, las aguas del pozo se desbordaron, trayendo a flote la pesada piedra o baldosón con la imagen de la Virgen, e inundando el predio. El fenómeno cesó tan sólo cuando se hizo presente el cardenal –quien profesaba gran devoción a la Virgen- y tomó con sus manos la imagen, pasando entre las aguas. Junto a ese lugar el cardenal hizo reedificar el antiguo y casi derruido templo, construyendo una iglesia más amplia y decorosa –en cuyo lado derecho quedó incluido el pozo(9)-, a cuyas aguas la piedad popular le atribuyó la propiedad de sanar a los enfermos. La iglesia de Santa María in Via, muy visitada, fue reedificada por orden de Inocencio VIII en 1452 y su restauración duró hasta 1491(10)

Por otra parte, en Italia son diversos los Santuarios en los cuales se venera a la Santísima Virgen bajo la advocación de «Madonna del Pozzo» porque han sido diversas las manifestaciones en las cuales la Virgen vino en ayuda de sus fieles, en determinadas situaciones, con referencia a un pozo de agua. Uno de los más célebres de entre ellos es el de Capurso, en una pequeña ciudad de origen medieval, a poca distancia de Bari, en la Puglia.
 

 

IV. EL GLORIOSO PATRIARCA SAN JOSÉ

 

Por último, quiero decirles que, aun en esta Cuaresma, celebramos con gozo la festividad de San José, el varón justo (Mt 1, 19), descendiente de la familia de David, a quien el Señor encargó cuidar del Niño Jesús y de su Madre. Él es Patrono de la Iglesia Católica a nivel Universal. Su festividad nos llama a contemplar el misterio de Jesús, de su Encarnación, y nos invita a visualizar la  evangélica y conmovedora escena de la Sagrada Familia de Nazaret.  Volvamos a San José nuestros ojos del espíritu y nuestra devoción, en este día en que entronizamos su imagen en este templo, en Villa Rosa. Él fue el trabajador silencioso que hizo las veces de padre de Jesús, lo cuidó, sin duda lo educó y le enseñó a trabajar, le dio ambiente familiar, protección, en fin, todo lo que un buen padre ha de dar. Su figura nos enseña más acerca de la grandeza de nuestro Dios, que quiso que su Hijo viniera a este mundo como hombre entre los hombres, como «Hijo del Hombre», y que, siendo de condición divina, se abajara a convivir con nosotros y compartir nuestro modo de vivir, creciendo en sabiduría y gracia y siendo nuestro Salvador. Y esto a tal punto que Jesús, Hijo de Dios, era conocido entre sus conciudadanos como  « Filius fabri », «Hijo del carpintero» (Mt. 13, 55). Que José fuera el «varón justo» es decir, bueno, óptimo, nos lleva a ver que es modelo de toda virtud. Pero más aun, es modelo de fidelidad a una misión, que él mismo tuvo que aprender a comprender, como quien hacía las veces de padre (Cf Lc. 3, 23), de protector y de defensor. Es por eso que la Iglesia misma declaró a San José como su propio protector, lo venera y lo presenta al culto y a nuestra meditación. Él es el Protector nuestro, de nuestras familias y comunidades. Honrémoslo hoy, y que esta imagen que permanecerá en esta parroquia de Villa Rosa sea para todos los feligreses y todos cuantos las visiten y dirijan al Cielo una plegaria, una fuente de bendición. Amén


Notas:

(1) Cf Pablo VI, Proclamación de María Madre de Dios como «Madre de la Iglesia», luego con oportunidad de la clausura de la tercera sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, luego de la promulgación de la Constitución dogmática Lumen Gentium, en AAS 57 (1965), pp. 1-67

(2) El hecho que el momento decisivo de la Encarnación se produjo porque la Virgen «creyó» y «asintió», en contraposición a la desobediencia de nuestros primeros padres, es un tema tratado, entre otros Padres de la Iglesia, por San Ireneo de Lyon: «Y como por obra de la virgen desobediente el hombre fue herido y, precipitado, murió, así también por obra de la Virgen obediente a la palabra de Dios, el hombre regenerado recibió, por medio de la vida, la vida ... Ya que era conveniente y justo (...) que Eva fuera «recapitulada» en María, con el fin de que la Virgen, convertida en abogada de la virgen, disolviera y destruyera la desobediencia virginal por obra de la obediencia virginal» (San Ireneo de Lyon,  Expositio doctrinae apostolicae, 33: S. Ch. 62, 83-86; Cf. también Adversus Haereses, V, 19, 1: S. Ch. 153, 248-250).

(3) Benedicto XVI, Homenaje del Papa a la Inmaculada en la Plaza de España, Roma, viernes, 8 diciembre 2006.

(4) Cf Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 8

(5) Cf Ibid., 40.

(6) CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen Gentium , 62.

(7) Cf Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 40

(8) Estudios serios que se han realizado, en especial los que estuvieron a cargo del Prof. Orazio Marucchi, han podido constatar en los cimientos de la casa que se encuentra a la derecha de la iglesia, un tramo de una antigua calle romana (que hoy está a seis metros bajo el nivel de la edificación actual) construida con baldosones, y que llevaba una dirección casi normal hacia el eje de la actual iglesia de Santa Maria in Via. Parece que fue una calle lateral a la «via Flaminia» (actual via del Corso). Cerca de allí estaban los arcos del célebre «Acueducto de la virgen», de época romana.

(9) El pozo en cuestión quedó dentro de la edificación de la actual iglesia (hoy día en la capilla lateral derecha). Era creencia piadosa, aunque imposible de verificar, que en ese pozo se hallaba una piedra del pozo de la Samaritana. Dicha creencia tuvo vigencia popular hasta los tiempos de Alejandro VII.

(10) En el año de 1513, la iglesia fue confiada por el Papa León X a los Padres Servitas, quienes la tienen a su cargo hasta el presente.

 

Mons. Oscar D. Sarlinga, obispo de Zárate-Campana