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“Y VOLVIERON
POR OTRO CAMINO” (Mt. 2,12)
Mensaje de Navidad de los obispos de Río Negro y Neuquén
Queridas hermanas y hermanos:
Los Obispos de
Río Negro y Neuquén nos acercamos a cada uno de ustedes con esta carta, para que
juntos vivamos esta Navidad como verdaderos cristianos. Nos pareció muy
sugerente partir de las actitudes de los Magos venidos de Oriente a adorar al
recién Nacido (Mt 2. 1-12).
1. “Y la estrella iba delante de ellos” (Mt 2,9)
Frente a la
vida nueva que llega no podemos quedar indiferentes, ni quietos. Lo constatamos
cuando en nuestra familia o entre los parientes y vecinos, nace un niño; tan
pronto lo sabemos nos ponemos en marcha, salimos a conocerlo.
También esta
Navidad nos invita a encontrarnos con el recién nacido, con Jesús. Pero, ¿cuál
es el camino que nos llevará a Él? Entre tantas estrellas que brillan en el
horizonte de la historia, queremos descubrir la verdadera estrella que nos guíe
hacia Él, no dejarnos deslumbrar por cualquier estrella que nos llevará a falsos
salvadores, que no traerán ni luz ni vida a nuestra existencia, sino más
angustia y desilusión. Los reyes de oriente descubren la estrella de Dios y se
ponen en movimiento. Es llamativo que junto al palacio de Herodes esa estrella
se disipa, ¿no será acaso que la estrella que nos conduce a Jesús está muy lejos
de aquellos que se sienten todopoderosos, dueños de los demás, preocupados
solamente en tener y consumir?
Preguntémonos: ¿Cuál es entonces la estrella que nos llama y guía hacia Jesús?
Podemos
dejarnos conducir hacia Jesús:
-
Mediante los
pobres.
Por medio de todos aquellos que confían en la providencia de Dios, y al mismo
tiempo no renuncian a poner lo mejor de sí para construir un mundo más humano.
Como ejemplo cercano en nuestra región patagónica tenemos a Don Zatti,
el enfermero santo, que no podía quedar indiferente ante el hermano pobre y
desamparado; a Laura Vicuña que como adolescente que era, mira y
busca el bien de su madre antes que el suyo; y en este año tan particular en
que celebramos el centenario de su muerte, a Ceferino que
orienta toda su vida desde la opción de “quiero ser útil a mi gente”. Y
a estos ejemplos, hoy se suman tantos otros que conocemos. Tantos hermanos que
desde muchas dificultades y postergaciones siguen creyendo que la vida vale y
por eso buscan trabajo, quieren a sus hijos, cuidan a sus ancianos, se unen
para pequeños emprendimientos, se solidarizan. Todos ellos son como aquella
estrella de Belén que nos invita a ponernos en marcha hacia Dios. Esta Navidad
¿no será entonces una ocasión para crecer en el compartir fraterno con todas
las familias y comunidades cristianas, especialmente con las más pobres?
-
Mediante
nuestra conciencia.
En lo más profundo de nuestra persona resuena la voz de Dios, la voz del bien,
que se resiste a que pensemos que la lealtad, la fidelidad, la verdad, la
honestidad, y tantos otros valores ya han pasado de moda. Encontrarnos con
nuestra conciencia que nos muestra que el verdadero camino no es “hacé la
tuya”, “hacé lo que todos hacen”, “no te preocupes por el otro”. Allí en
nuestra conciencia está la estrella que nos quiere despertar para caminar al
encuentro de Jesús. Navidad es entonces tiempo de silencio, de oración, de
familia y de comunidad para encontrarnos con lo profundo y verdadero de
nosotros mismo que nos lleva a Dios.
2. “Entraron
en la casa, vieron el niño con María su madre, y postrándose lo adoraron” (Mt.
2,11)
La estrella los
condujo al encuentro con Cristo. Y allí se detuvo, porque no hay otra meta que
buscar para saciar nuestra hambre de plenitud. También nosotros queremos
encontrarnos con Cristo. Cada Navidad vuelve a anunciarnos: Dios está aquí,
con
todos y para todos los hombres, en la pequeñez de un niño acostado en un
pesebre.
Preguntémonos: ¿dónde adorar hoy a Cristo?
En este año
particular, el Papa Juan Pablo II nos invita a centrar nuestro encuentro con
Cristo en su Iglesia que celebra la Eucaristía. Dios se manifiesta
en toda su plenitud en Cristo Eucaristía. Sin embargo, creer en El –en la
sencillez del Pan de Vida bajado del Cielo para ser comido- puede transformarse
en algo muy duro para nuestra fe, como lo fue para aquellos primeros discípulos,
cuando “muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo”
(Jn 6,66); también esto hoy puede pasar entre nosotros. Nosotros a veces
queremos locuciones, visiones, signos extraordinarios: ¡y Él se presenta en la
pequeñez del pan celebrado y compartido, que nos invita a vivir en la unidad!
Atentos a la invitación del Papa, esta Navidad, nos convoca a hacer de nuestras
celebraciones eucarísticas, en las que Jesús nos alimenta en su mesa con el pan
de la Palabra y de su Cuerpo, el encuentro privilegiado con Él. Es imposible
prescindir de ese encuentro con Cristo si queremos de verdad andar un camino
nuevo, si queremos construir una patria de hermanos.
3. “Volvieron por otro camino” (Mt. 2,12)
“No vale la
pena demorar la partida”
decíamos los Obispos argentinos en el documento “Navega mar adentro” (Nº 98)
Es tiempo de partir para ser testigos del amor contemplado en Cristo. Hay mucho
por hacer. La autenticidad del encuentro con Cristo se manifiesta en andar un
nuevo camino. Este es el tiempo de “no dejarse vencer por el mal, sino al
contrario vencer el mal con el bien” (Rom 12,21).
Preguntémonos: ¿qué camino nuevo nos invita Jesús a recorrer en esta
Navidad?
Quisiéramos
invitarlos a caminar de esta manera:
-
Cultivando un intercambio humanizante.
Intercambio no sólo de cosas, sino principalmente de personas, de
conocimientos, de valores, de cultura. A semejanza de Jesús que vino a hacer
suya nuestra humanidad, así debe ser nuestra vida: un intercambio sin engaños,
respetuoso, sin olvidar a los más débiles. En nuestro mundo globalizante qué
lejos estamos de este intercambio humanizante. Pensemos en los Medios de
Comunicación Social, su mensaje, lo que dicen, lo que callan, ¿es de verdad un
intercambio humanizante? Y nuestro uso y abuso de los mismos, sin ningún
criterio de selección, ¿no es una aceptación silenciosa de una “invasión” que
nos destruye, y por lo tanto algo muy lejano a un intercambio enriquecedor?
Dígase lo mismo de tantos proyectos económicos que no tienen en cuenta los
intereses de la patria, ni la preservación de nuestro suelo, fauna..., ¿se
asemejan al verdadero intercambio que Dios realiza en esta Navidad? La
Navidad nos invita salir al encuentro de los demás y de toda la creación,
pero en clima de asombro, respeto, cuidado.
-
Cuidando la familia.
Ante tantas manifestaciones de violencia, de pobreza, de ideologías que
atentan contra la misma estructura familiar, el nacimiento de Jesús en el seno
de una familia, nos llama a valorar y cuidar toda familia. En esta Navidad ¿no
es indispensable oír el llamado a cuidarnos y sostenernos unos a otros con
entrañas de misericordia? Es urgente reconocer y corregir todo lo que nos
dificulta vivir el espíritu de comunión familiar. Debemos cultivar entonces la
valoración recíproca de todos los miembros de la familia; ejercer la
tolerancia, la corrección fraterna, el perdón, la sinceridad, la ayuda mutua,
la generosidad frente a la vida que llega, la comunión con Dios.
-
Apostando por el bien común.
Esto implica cultivar el sentido de pueblo. De allí, de esa búsqueda del bien
para todos, surgen grandes desafíos, como la solidaridad con los que más
sufren; la sobriedad como estilo de vida; la responsabilidad ciudadana frente
a lo que es de todos.
Hoy para muchos
hermanos, se repite aquella palabra del Evangelio: “No había lugar para
ellos” (Lc 2,7), cuando María y José buscaban lugar para que naciera Jesús.
Por eso, el espíritu de la Navidad no puede dejarnos indiferentes ante quien no
tiene sitio en la vida, ni podemos culpar a otros y quedarnos en eso. Sin quitar
responsabilidad a todos los que han saqueado y saquean a nuestra patria,
logrando que muchos ya no tengan lugar en nuestro bendito país; sin dejar de
exigir a quienes nos gobiernan que se preocupen de tantos excluidos; sin dejar
de anunciar a quienes tienen grande capitales que sobre éstos hay una exigencia
social; es necesario que en esta Navidad, cada uno de nosotros se pregunte: ¿y
yo qué hago para que todos tengan su lugar en esta historia, hecha nueva desde
que nació el Señor?
Que María de la
Noche Buena, verdadera estrella del Evangelio, nos acompañe en este camino de
encuentro con Cristo para empezar un camino nuevo.
Diciembre de 2004
Mons.
Néstor Hugo Navarro,
obispo del Alto Valle del Río Negro
Mons.
Fernando Carlos Maletti,
obispo de San Carlos de Bariloche
Mons.
Esteban María Laxague,
obispo de Viedma
Mons.
Marcelo Angiolo Melani,
obispo de Neuquén
Mons.
José Pedro Pozzi,
obispo emérito del Alto Valle del Río Negro. |