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CORPUS CHRISTI
Homilía de monseñor Baldomero Carlos Martini, obispo de San Justo en
la
solemnidad del Corpus Christi (28 de mayo de 2005)
“Jesucristo es el
Señor, nos llama, nos reconcilia, nos ama, nos envía”
¡Jesucristo es el Señor!
Esta solemne celebración nos debe llevar a mirarlo a El, como nuestro
Señor. Es el Señor que vive, que camina con nosotros, que está en
medio de nosotros de una manera tan admirable.
Nos hace sentir su
presencia que actúa en nuestra historia pequeña y grande.
“Te hizo recorrer
un largo camino por el desierto.
Te hizo salir de
Egipto de un lugar de esclavitud y te condujo por ese inmenso y
temible desierto. Hizo brotar agua de la Roca para ti y en el desierto
te alimentó con el maná”.
Toda nuestra vida,
la de nuestras familias y comunidades y también la de esta tierra
matanzera, que tanto tiene que ver con la Patria , todas estas
realidades que nos abrazan como tierra sedienta y corazones con
hambre de un amor que dignifica y eleva.
Realidades humanas,
tan ricas en vida y tan llenas de angustias y esperanzas, que son
simbolizadas en un poco de pan y de vino que se traen al Altar, y que
esperan las Palabras del Señor que la Iglesia proclama con fidelidad
en los labios sacerdotales desde la noche del Primer Jueves Santo.
Yo soy el pan vivo bajado del cielo
¡Jesucristo es
el El Señor!
El nos mira con
amor y nos hace vivir su cercanía y su intimidad pascual cuando nos
dice: “Yo soy el Pan vivo bajado del cielo. El que coma de
este pan vivirá eternamente y el pan que yo daré es mi carne para la
Vida del mundo”.
Pan de Dios vivo,
para nosotros débiles, hambrientos y sedientos peregrinos de la fe.
Es mi carne para la
vida del mundo, es el amor que en una Cruz liberó a la humanidad y nos
dio en ella la expresión más grande del Amor.
Yo soy el Pan vivo
para la vida del mundo, el Pan que se hace Cuerpo de Cristo entregado,
donado, sacrificado y derramado por nosotros y por todos los hombres.
Cristo nos dejó en
la Eucaristía, su presencia salvadora. Y nos hace entrar en su
corazón y en sus sentimientos, en cada Misa, al comunicarnos las
palabras benditas, que con el poder del Espíritu pronuncia el
sacerdote:
“Tomad y comed esto
es mi Cuerpo entregado, ...Tomad y bebed todos de él, este es el cáliz
de mi Sangre derramada por todos”.
Integramos todo lo
que somos y vivimos, en su intimidad pascual, nos integra en su
misterio de amor y nos da el estilo de vida cristiano que debemos
vivir y en el ardor que debemos comunicar.
Nos llama
Desde octubre del
año pasado, en Luján, a los pies de la Virgen recibimos el Lema para
este año Eucarístico y Vocacional: “Es el Señor, nos llama, nos
reconcilia, nos ama y nos envía”
En cada Eucaristía,
como fuente y cumbre de toda nuestra vida cristiana y apostólica,
Cristo nos hace oír y vivir su llamado evangélico: ¡Ven y Sígueme!
Nos convoca como su
Pueblo, su Familia, como su Cuerpo:
“La copa de bendición que bendecimos ¿No es acaso comunión con la
Sangre de Cristo? Y el Pan que partimos, ¿No es comunión con el Cuerpo
de Cristo? .Ya que hay un solo Pan, todos nosotros aunque somos
muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único
Pan”.
En el misterio de
la Eucaristía, la Iglesia, y en ella, cada uno de nosotros,
escuchamos el llamado que el Señor nos hace para estar con ÉL. “El
que come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y Yo en él.”
Nos reconcilia
La Eucaristía nos
hace vivir reconciliados, es el sacramento de la comunión y de la
unidad. Cristo murió en la Cruz para derribar los muros que nos
separan y dividen, para ser nuestra paz en un mundo que quiere ser
mas torre de babel que el cenáculo de Pentecostés.
El Señor al
partirse y al derramarse nos hace ver sus brazos abierto que desde la
Cruz busca abrazarnos para rehacernos desde dentro. Primero en el
Sacramento de la Confesión, nos sana perdonándonos y en cada
Eucaristía nos hace crecer y madurar en la comunión.
Nos ama
Su llamado y su
abrazo que reconcilia con Dios y con los hermanos, tan necesario
para hacer un mundo nuevo, una patria, para todos, es expresión de su
Amor Pascual.
La Eucaristía nos
hace vivir estas dos grandes certezas: Somos amados por el Señor, para
amar y amarnos como el nos amó. El Amor de Dios y nuestro amor a Él y
a los demás, nos hace instrumentos para hacer de nuestras comunidades
y de nuestra sociedad argentina, un ámbito donde se respete la
dignidad humana, la vida desde el momento mismo de la concepción y
hasta la muerte natural y se defiendan los valores de la familia, su
vocación y su misión.
En un poco de pan y
de vino, frutos de la tierra y del trabajo del hombre, se hace
presente todo el amor de Dios, fuente de vida y de sentido, para
realizarnos por el trabajo de cada día y para dignificar nuestros
sufrimientos y darnos el gozo de vivir.
“El que me come
vivirá por Mí”
Nos envía
Nosotros no podemos
callar lo que hemos visto y oído. Somos enviados, para ser todos,
protagonistas de la nueva Evangelización, de anuncio valiente de Jesús
Resucitado.
Nuestra Diócesis
necesita jóvenes aptos, que se eduquen y se formen en la Escuela de
Jesús para ser sacerdotes santos, a fin de servir a tantos hermanos
que tienen hambre y sed de Dios y que no conocen que Jesús los ama y
es el único que salva y libera.
¡Señor danos santos
sacerdotes y santas vocaciones, por la gracia y la fuerza de cada
Eucaristía que se celebra en nuestra Iglesia Local y por la adoración
que se hace a Cristo en el Sagrario.
Con esta Eucaristía
queremos unirnos en plena comunión con el Papa Benedicto. Orar mucho
por su servicio apostólico y responder a su pedido de celebrar de una
manera especial este Día del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Mañana
lo haremos con la consagración del lugar de la reserva del Santísimo
y de la adoración a Cristo en el Sagrario en nuestra Iglesia Catedral
y con la entronización de la imagen réplica de nuestra Madre de
Lujan el sábado 4 a las 18 hs.
María nos educa en
la oración, en la contemplación y en la adoración de Cristo realmente
presente en medio de su pueblo. Con mucho amor vivamos esta Eucaristía
y santa Procesión
¡DIOS
ES AMOR!
Mons. Baldomero Carlos Martini, obispo de San Justo |