¿ESTERILIZACIÓN Ó
TRABAJO PRODUCTIVO? (IV)
Mensaje dominical del Arzobispo de Resistencia
24 de noviembre de
2002
I. ¿POR QUÉ PRETENDER QUE LA IGLESIA ESTÉ A FAVOR?
1.
Después de aprobar el Senado de la Nación la ley “Programa Nacional de
Salud Sexual y Procreación Responsable”, se hizo público que, con fecha 1
de octubre, la Conferencia Episcopal Argentina envió una carta a cada
senador en la que desmentía un supuesto aval al proyecto de Ley. ¿Cómo se
originó en el Senado la voz desmentida? Los senadores están sometidos a
Dios y a su conciencia. ¿Qué necesidad tienen de mostrar que los Obispos
están a favor de ellos? La treta no es nueva. Se da también en el resto de
la Argentina y de América Latina. Así, en Costa Rica, en 1999, los Obispos
tuvieron que salir al cruce del Ministro de Salud que, en un decreto
autorizando la esterilización indiscriminada, argumentaba así: “Está
motivado en la necesidad de un nuevo enfoque de Salud Reproductiva, acorde
con los conceptos aprobados en foros nacionales e internacionales, en cuya
elaboración participó activamente 1a Santa Sede”. A raíz de ello, muchos
costarricenses se dirigieron a los Obispos para que les aclarasen si eso
significaba que la Santa Sede había cambiado su posición de firme
oposición a tal tipo de esterilización. Si nos atenemos a la letra de la
resolución, el ministro no mentía. Sólo decía que la Santa Sede había
participado en la elaboración de las conclusiones (lo cual era cierto), y
no que las hubiese aprobado en todos sus puntos. Pero la mentira estaba en
la redacción tramposa de la frase. Mientras afirmaba la presencia de la
Santa Sede, omitía la salvedad puesta expresamente por ella en la
conferencia de El Cairo: “Nada que la Santa Sede haya hecho en este
proceso de consenso debe entenderse o interpretarse como respaldo a
conceptos que no puede apoyar por motivos morales”.
II. EVOLUCIÓN DE LA DOCTRINA CATÓLICA SOBRE LA ESTERILIZACIÓN
2.
Jesucristo, al fundar la Iglesia, no la dotó con una biblioteca en la que
se encontrasen preparadas las respuestas para todos los problemas morales
que se le presentarían en la historia. Prefirió dotarla con su presencia
hasta el final de los tiempos y con sus otros dones: la luz del Espíritu
Santo, los Santos Evangelios, la oración, la reflexión teológica, el
diálogo. Con este equipaje, la Iglesia en cada época procura comprender el
plan de Dios sobre el hombre; si surge algún problema, se esfuerza por
precisar sus términos; entonces, formula su doctrina al respecto para
iluminar el caminar humano; y la trasmite con la conciencia de hacerlo con
la autoridad de Jesucristo. Todo lo cual no impide que la formulación sea
a veces dificultosa.
3.
La primera vez que la Iglesia habló oficialmente sobre la esterilización
fue en el primer Concilio Ecuménico de Nicea, en el año 325, pero sólo
indirectamente al pronunciarse contra la castración voluntaria: “Si alguno
ha sido mutilado por los médicos a causa de una enfermedad o ha sido
maltratado por los bárbaros, puede permanecer en el clero. Pero si uno,
siendo sano, se ha castrado a si mismo, éste, si pertenece al clero,
conviene que sea excluido, y que en el futuro ninguno que haya obrado así
sea ordenado”. En esta norma está implícita la doctrina que la auto
castración, aun por fines ascéticos, es moralmente mala.
¿Contradice esta
enseñanza conciliar a la de Jesucristo en el Evangelio de San Mateo? De
hecho él alabó a los “eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el
Reino de los Cielos” (19,12). Incluso en otro pasaje pareciera ordenar la
auto mutilación “Si tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y
arrójalo de ti…” (Mt 5,29-30). Lo que hizo el Concilio de Nicea fue
enfrentar el error del literalismo bíblico, e interpretó auténticamente la
enseñanza de Jesús. Y así afirmó que la práctica de algunos de castrarse,
aunque pareciera conforme a su enseñanza, era contraria a ella.
4.
Sin embargo, hemos de reconocer que esta enseñanza se oscureció durante
los siglos del barroco ante las exigencias de la ópera y de los coros,
incluso de las mismas iglesias, de castrar a niños para mantener así sus
voces inmunes al cambio de la edad. Y esto hasta que el Papa Clemente XIV
(1769-1774) condenó de nuevo la castración humana.
III. LA EUGENESIA PRETEXTO PARA LA ESTERILIZACIÓN
5.
La esterilización, como cuestión médica y moral, es moderna. Aparece a
fines del siglo XIX vinculada a la teoría y a la práctica de la eugenesia.
Ésta, según la definió Francis Galton (1883), es “la ciencia para mejorar
la especie humana, dando a las razas y cepas mejores una mayor
probabilidad de prevalecer rápidamente sobre los menos dotados”. De allí
que ya en 1907 se contó con la primera ley eugenésica en los Estados
Unidos en el estado de Indiana. Siguieron campañas eugenésicas en Suecia
(1922), Noruega (1923), Suiza (1928) y Dinamarca (1929). En la década del
treinta el nazismo hizo de ella una de sus banderas favoritas. De allí que
la Iglesia se viese necesitada a profundizar su doctrina sobre una doble
cuestión: a) la sexualidad humana; b) la competencia que la autoridad
pública puede tener sobre ella. Ante estas dos cuestiones el Papa Pio XI
se expidió en la encíclica Casti Connubii (1931): “Es necesario condenar
la perniciosa práctica que afecta de manera inmediata al derecho natural
del hombre a contraer matrimonio, y que también toca a la prole. Hay
algunos, demasiado solícitos de los fines eugenésicos, que no sólo dan
consejos idóneos para procurar con mayor seguridad la salud y vigor de la
prole futura - lo cual no es contrario a la recta razón -, sino que
anteponen el fin eugenésico a cual quiera otro, incluso de orden más alto,
y pretenden que la autoridad prohíba el matrimonio a todos aquellos que,
según las normas y conjeturas de su teoría, estiman que habrán de dar una
prole defectuosa y enferma por transmisión hereditaria, aun cuando
aquellos sean de por sí aptos para el matrimonio. Más aun: aspiran a que,
incluso contrariando su voluntad, y conforme al informe del médico, se les
prive por ley de dicha facultad natural. Y esto, contra toda 1ey y
derecho, con una facultad que se arrogan los magistrados civiles, la cual
jamás tuvieron ni pueden tener legítimamente” (nº 68). (Continuará).
Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo
de Resistencia
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